Con 22 años, la santotomesina es una de las joyas de la movida independiente. Cantante del grupo de metalgaze Pasaje Boedo y con una flamante banda propia que ya recorre los escenarios, dialoga con Pausa sobre sus inicios en la música, su presente y su mirada sobre la escena.

Por María Victoria Gómez.

La nueva escena independiente de Santa Fe goza de buena salud, gracias a una fecunda camada de jóvenes músicas y músicos que escriben canciones, arman bandas, gestionan fechas y se ocupan de que el fuego nunca deje de arder. Una de ellas es Marti Picallo, cantante de Pasaje Boedo, que combina hardcore, metalcore y shoegaze y que se presentará el 16 de octubre en la Bienal de Arte Joven de la UNL, y que recientemente lanzó su banda personal, que explora los universos del indie, el emo y el punk con una fuerte impronta lúdica, y con el que tiene una agenda cargada en lo que resta del mes: tocará el 17 de octubre en la Bienal, el 24 en Santo Tomé y el 30 en formato acústico en Córdoba.

Nacida hace 22 años en Santo Tomé, Marti estudia el Profesorado de Música en el Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional de Litoral, es docente y también una artista comprometida. Con una presencia afable y risueña, y una verborragia que se asemeja por momentos a la de una persona añeja, reflexiona sobre la influencia familiar, su carrera, la docencia y la creatividad, cuenta cuáles son sus referentes y le narra a Pausa su mirada sobre la escena santafesina.

—¿Cómo fueron tus comienzos en la música? ¿Cuál fue el rol de tu papá?

—Él (Damián Picallo) toda la vida tuvo bandas, hizo reggae, y yo arranqué con el ukelele en 2019, creo. Tenía catorce años, y mi viejo me dijo en una fecha: “subí al escenario y tocá esta canción vos sola”. Ese fue mi inicio en los escenarios. Me dio ese espacio para que yo básicamente haga lo que quiera con el ukelele. La banda era Kamalote, siguen existiendo, pero él ya no toca más.

—¿Aprendiste en casa?

—Aprendí sola y con mi familia, de escucharlos. Mi viejo siempre me enseñó mucho sobre la actitud más que de la técnica. Y mi abuela, que es la mamá de mi papá, también es cantante, una supercantante. Ella nunca me enseñó nada, pero de escucharla también saqué mucho. El hermano de mi papá también es músico, mi abuelo también. De hecho, tengo muchas cosas de la voz de mi tío que yo lo escucho y digo “uy, yo hablo en el mismo idioma”. Creo que aprendí mucho de eso: de escuchar a mi familia. Después me metí a estudiar música.

—Actualmente estudiás en el Instituto Superior de Música. ¿Qué transformaciones viviste en tu vínculo con la música en un espacio de formación académica?

—Sé de muchos músicos que te dicen que el Instituto no les sirvió de mucho, más que nada los que se tiran para el rock, porque el Instituto tiene una formación más folclórica, o te enseñan a enseñar, ¿viste? Todo lo que es teoría musical, historia de la música, a los productores o a la gente que hace trap capaz no les importa, entonces dicen que no sirve. Pero a mí sí me sirvió un montón y creo que a los chicos de Pasaje también; Jordi, el baterista, y Facu, el guitarrista, van al Instituto, y la verdad es que toda la parte de teoría uno no se da cuenta, pero te queda en la cabeza, y te termina ayudando un montón a la hora de componer. Tanto mi música como la de Pasaje está súper atravesada por los conocimientos del Instituto. No digo que sin el Instituto no hubiese existido Pasaje, pero sí nos dio una base muy sólida. Porque además te enseña a convivir con ciertos músicos, te enseña a ensamblar, un montón de cosas. Yo me peleo con todos cuando dicen que el Instituto no sirve. Además conocés a otros músicos, terminás armando bandas. El Instituto me hizo descubrir un montón de música muy linda, un montón de gente, ir a tocar a fechas, llegar a ciertos lugares. Atravesó bastante mi música.

—Además de estudiar y hacer música, sos docente. ¿Qué has aprendido con la docencia?

—Yo le doy clases a chicos muy chiquitos, de cuatro años, y también a adultos. Me gusta mucho trabajar con niños, el mundo de los niños es muy especial. Capaz alguno de nosotros te va a decir "no, la música es sentimientos, es representación, es arte", ¿viste? Los chicos ven todo como si fuese un juego. Absolutamente todo. No piensan tanto en el significado, te tiran preguntas que vos decís "¿cómo se te ocurrió preguntarme esto?” y te abren la cabeza. Mi experiencia con los niños es jugar. Ellos me enseñaron mucho a jugar, y ahora me armé la banda aparte, que lleva mi nombre, más que nada porque quería plasmar en la música todo esto que estaba aprendiendo de las infancias, y en Pasaje no podía suceder porque era una banda ya consolidada. Cuando conocés a los niños, decís "uy, mirá, esta nena vino vestida de princesa, está buenísimo, a mí me re gustaría”, y ellas te miran y te dicen "¿y por qué no te vestís de princesa si te gusta?”. Entonces dije: "Bueno, me armo una banda aparte y veo qué hago con todo esto que llevo”. Mis primeros flyers intenté que los dibujen las primitas de Facu, Evita y Frida que tienen cinco y ocho. Dibujaron los flyers y yo decía "wow, increíble, no se entiende nada”, pero no importa. Empecé a intentar imitar ese dibujo libre de los chicos, intenté dibujar con la mano izquierda. No me sale, yo soy muy adulta para hacer esas cosas. Pero bueno, intento que todo sea muy desprolijo. Los adultos somos más lógicos, tenemos mucha menos autoestima, y a veces, también, esperanza. Los chicos te miran y es como que sienten que tienen tiempo de aprender. Y los adultos, no, es como “no me salió, ya está, soy viejo”. Yo siento que soy una mediadora entre los niños y los adultos, agarro cosas que hago con los chicos y les digo "bueno, vamos a probar de esta forma, jugando”. Y los adultos dicen "no, qué ridículo”. Y no, no es ridículo porque terminan aprendiendo, ¿viste?

Marti Picallo
Evita, prima política y fan de Marti.

Los escenarios

—¿Cómo comenzó Pasaje Boedo?

—Pasaje Boedo es un metal que para los metaleros no es metal y para los que no escuchan metal es metal. Le decimos post metal shoegaze. Arrancó en 2021 y yo me metí. No sabía cantar bien, no sabía tocar ningún instrumento, Jordi era amigo mío y me dijo "tengo una banda con dos chicos, vení y cantá". Caí y eran todos tipos, y yo ahí metida súper insegura, porque decía "no, se me van a cagar de risa”. Y no, los chicos siempre fueron muy agradables. Después me fui de la banda porque sentí que yo no funcionaba, aunque no me habían dicho nada de eso, y después Jordi me volvió a decir " volvé a meterte, la puta madre”. Ahí fue cuando empezamos a tocar más seguido. Después incluimos a alguien más para que toque el bajo, para tener dos guitarras, y nos empezamos a formar más como la banda que tenemos ahora.

Me acuerdo de la primera fecha, sonábamos muy mal. Por suerte, la gente no es tan mala y no te lo dice. Pero con el tiempo fuimos aprendiendo. Además, Octa (Octavio Sobrero), que es el guitarrista de Mayday, nos ayudó un montón en la composición y en el proceso de meterse en la escena. Los Mayday también me enseñaron un montón en presencia de escenario, porque invitaron a una fecha a tocar y Juan (Suárez), el ex vocalista, me dejó el micrófono y me dijo "tomá, arreglatelá, hace lo que quieras con esta canción”. Era una canción de metal ¿me entendés? muy pesada, y yo ahí parada, como “¿qué hago?”. Me ayudaron mucho porque me di cuenta de que podía pararme en una banda de metal y que la gente diga “ah, sí, mirá, está cantando una mujer”.

Pasaje arranca así. Sacamos el primer EP el año pasado y ahora estamos grabando el otro. En el medio de todo esto, hace unos meses me empecé a sentir un poco desconectada de Pasaje porque siento que estoy en otra etapa. Intentamos fusionar eso que todos sentimos, porque no soy solamente yo, somos cinco personas, entonces intentamos hacer cosas nuevas. Nos funcionó súper bien, pero yo igual siento que hay cosas que tengo que sacar por otro lado, porque Pasaje no es el canal para sacarlo. Entonces armé otra banda y le puse mi nombre, pero podría haber tenido otro nombre tranquilamente. Y ahí es donde empiezo a romper las bolas con todo lo de las infancias, meto mis canciones de dos acordes, meto la idea de tocar desprolijo porque sí, porque tenemos ganas de tocar desprolijas ciertas cosas.

—¿Cómo definirías tu banda?

—Se podría decir que es un rock indie. Tenemos algunas canciones que son medio emo, una que es medio punk con una flauta, que lo saqué de de las infancias porque dije "me pongo a jugar con una flauta en el medio, que suena toda fea”. Las chicas de la banda son Magui y Dela, y Blacky que es de Colón, Entre Ríos. Ellos entienden muy bien ese concepto. Capaz no hay que saber todo lo que vamos a hacer, porque hay algo en el vivo de improvisación. A mí me sorprende que ellos entiendan eso y que no les haga ruido, porque los Pasaje somos superperfectos. Y bueno, con mi banda puedo ser un poco más relajada, un poco más yo y después ponerme seria para Pasaje Boedo. Son mis dos proyectos súper importantes para mí, pero el mío ahora me está representando mucho más porque es mío, digamos, una obviedad. Y ahora se sumó mi viejo también en la percusión.

Marti Picallo

—¿Quiénes son tus referentes a la hora de crear o pensar en la música?

—Me gusta mucho mucho Placebo, me gustan mucho sus guitarras y siempre quiero llegar a ese tono de guitarra que es muy feo. Y lo intento. Me gustan mucho los Smashing Pumpkins, hay algo de ellos también. Las portadas de los Smashing son mi mayor referencia. Nina Suárez es mi última referencia, creo. La conocí el año pasado y dije "wow, esta música es increíble." Y así como está Nina, está Bestia Bebé, ¿cierto? Y de cantantes tengo a Robert Smith, algo de Thom Yorke; me gusta mucho cómo usa la voz Mitski, que a veces quiebra la voz o que hace cosas superraras. Björk, también, a veces se pone a cantar haciendo sonidos de pájaro, y sus looks, ella juega un montón. Y bueno, mis amigos de acá de Santa Fe, en su momento fueron los Porfa (Por Favor), pero no tanto musicalmente sino más por la actitud, ¿viste? Toda esa energía fue una gran inspiración para mí.

La movida

—Sobre la escena independiente actual y el lugar de la mujer. ¿Qué cosas creés que aún no cambiaron y deberían cambiar? ¿Cuál es tu experiencia al respecto?

—Bueno, yo soy muy joven en la escena. Tengo amigos que están desde 2010, y yo arranqué hace cinco años. Mi mamá siempre me cuenta cómo era la escena antes, no había mujeres, las basureaban un montón. Yo no quiero nombrar bandas, ya sabemos qué bandas de Santa Fe son. Me han contado cosas muy chotas. No con respecto a las mujeres, sino con respecto a todos los músicos: ir a tocar y basurear al que te está teloneando. Ahora no se ve de esa forma, ahora se ve como una fecha compartida. Antes las otras bandas o tenían más plata o habían salido en la radio. Ahora no funciona así, ahora somos todos capos totales. Hay más visibilización, menos odio entre bandas, menos basureada.

La ciudad subterránea

Y con respecto a las mujeres, está bueno porque hay muchas bandas de mujeres, y hay muchas bandas de tipos que incluyen a mujeres porque tocan bien y no porque son mujeres; porque también tenés las bandas que incluyen a mujeres porque son mujeres. Termina siendo súper contradictorio porque, al final, nos estás buscando porque somos mujeres, no porque tocamos mejor que un tipo, ¿me entendés? Nos buscas porque somos la cara de la mujer y vos sos un capo porque tocás con mujeres y les das la oportunidad de tocar con vos. Si vos vas a llamar una piba a tu banda, que sea porque la respetás musicalmente.

Algo que pasa ahora y pasó siempre, nada más que ahora hay redes sociales y se puede hablar un poco más, es el caso de los abusadores. Está lleno de abusadores, y no solo sexuales: físicos, psicológicos. Son violentos en la forma de tratar tanto a mujeres como a sus propios compañeros, o sea, gente de mierda. Se los está perdonando un montón, y  muchos amigos me dicen "hay que reinsertarlos en la sociedad, no hay que dejarlos solos porque son más peligrosos”. Y como dice mi amiga, "sí, vos lo reinsertás en la sociedad, pero la víctima que se lo cruza la calle o en un recital capaz lo ve y le dan ganas de vomitar”. El tipo no entiende esas situaciones, porque a la mayoría nunca les pasó de ser abusados, o ser una mina en el colectivo y que te toquen el culo, entonces minimizan un montón la idea de que el tipo abusó a una mina, ¿me entendés? ¿Por qué lo vas a reinsertar? Que se vaya a la mierda, no tienen que tocar.

Quiero cerrar con algo bueno, porque tampoco es todo malo: la escena de Santa Fe es la mejor que hay en el universo entero. A la hora de salir a tocar con tu banda nueva, a la hora de ser parte del público o lo que sea, la gente de Santa Fe tiene algo, algo en el cuerpo: saltan, gritan, capaz estás en un acústico y la gente está haciendo pogo, ¿me entendés?, y es algo supersantafesino. Los que vienen de Buenos Aires o los que vienen de Córdoba dicen “en Santa Fe se mueven”. Creo que eso está muy bueno.

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