Neil Harbisson, el primer cyborg del mundo

Neil Harbisson

Hace más de 20 años tiene una antena implantada en el cráneo a través de la cual puede percibir colores infrarrojos y ultravioletas, conectarse a Internet y recibir mensajes e imágenes: "No siento que uso ni que llevo tecnología, siento que soy tecnología".

El término cyborg se utiliza para designar a las criaturas compuestas por una combinación de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos. Para estos seres, las tecnologías no son un mero artefacto que utilizan para potenciar sus capacidades, sino que se encuentran integradas a su ser. En general se entiende como una categoría perteneciente a la ciencia ficción, aunque hay quienes afirman que las tecnologías se han imbricado tanto en nuestra humanidad que ya somos un sistema hombre-máquina, y se preguntan si, lentamente, o estaremos ya estamos convirtiéndonos todos en cyborgs.

Todos estos debates filosóficos quedan desterrados con Neil Harbisson, que reclama el título indubitable de ser el primer cyborg del mundo. Harbisson es un artista y activista irlandés que nació con monocromatismo, una extraña enfermedad de la vista que provoca que solo se puedan percibir los colores blanco, negro y gris. En 2004, a los 19 años, Harbisson se implantó una antena en el cráneo que transforma las frecuencias del color en vibraciones audibles, permitiéndole así ver/escuchar el resto de los colores, incluyendo infrarrojos e ultravioletas.

Pero Harbisson no se conformó con eso: la antena también le permite conectarse a Internet, dispositivos externos o satélites, recibir mensajes, señales e imágenes de fuentes externas y hasta frecuencias procedentes de fuera del planeta. Una vez, incluso, contó que hackearon su antena luego de que se conectara a un wi-fi público y le enviaron una imagen a la cabeza, aunque la solución es bastante simple: si bien no puede apagar la antena, puede desconectarse de Internet.

Luego de una larga lucha legal, Harbisson logró aparecer con la antena en la foto de su pasaporte, y ser reconocido en la práctica como un cyborg. Su argumento es que la antena no es una mera herramienta, sino una parte integral e indivisible de su persona, un nuevo sentido: un verdadero órgano sensorial que le permite ampliar la percepción. "No siento que uso tecnología, ni siento que llevo tecnología, siento que soy tecnología", afirmó.

A partir de allí, desarrolló una extensa labor como artista y activista, centrando su obra en la defensa de los derechos cyborg, la ampliación de la percepción y el desarrollo de sentidos artificiales. En 2010 cofundó la Cyborg Foundation, y en 2017 la Transpecies Society, que defiende el autodiseño y el reconocimiento de personas con identidades o sistemas sensoriales no humanos.

Su obra

En sus "Retratos sonoros", Harbisson compone obras a partir de escuchar los colores de las caras de las personas. "Cada rostro es una combinación de colores única", declaró: "Son acordes musicales únicos que se relacionan con una persona, por lo que es una experiencia profunda. Cuando escucho los acordes de mi madre, tienen un profundo significado para mí".

Además, Harbisson explicó que, según su percepción, "no hay pieles blancas ni pieles negras, todos somos naranja". "Ahora siempre que miro a alguien le puedo decir que su cara me suena", agregó, jocosamente.

En 2007, Harbisson hizo dedo a través de más de 50 países y escaneó todas las capitales hasta poder representarlas cromáticamente. También experimentó con la música, llegando a dirigir "conciertos de color", convirtiendo los colores en sonido a través de su antena.

Neil Harbisson

Otro de los proyectos desarrollados por Harbisson es el Diente Bluetooth, un sistema de dos dientes equipados con botones y un pequeño vibrador. Al pulsar uno de los botones, se envía una vibración al diente de la otra persona, lo que permite la comunicación por código morse. El otro diente fue instalado en la boca de su amiga Moon Ribas, artista y activista cyborg española que también tiene lo suyo: se instaló detectores de movimiento y velocidad en su cuerpo que amplían su percepción espacial a 360 grados y sensores sísmicos en los pies que le permiten percibir todos los terremotos del mundo en tiempo real mediante vibraciones, y que luego transforma en espectáculos de danza.

Una vez, en una entrevista, le preguntaron a Harbisson cómo hacía para bañarse. "He tenido más problemas para entrar a iglesias que para entrar a la ducha", respondió.

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