Dialogamos con el sanjavierino Juan Benítez Allassia, director del cortometraje documental "Venían desde el río", que explora la historia de la conquista a través del ensayo, el cruce de temporalidades y la sabiduría ancestral.
Por María Victoria Gómez.
En una de las paredes que dan a la calle del Club Atlético Huracán, uno de los dos clubes que tiene la ciudad de San Javier, rezaba la frase: “No sé qué tienes, San Javier moreno, que la gente se aquerencia. Que aun queriendo, no te olvida; que aunque tarde, siempre vuelve”. Esa suerte de embelesamiento y amor por el terruño están muy presentes en la identidad de los sanjavierinos y de quienes, por algún motivo, forjaron un vínculo con el lugar. Y ese, creo, es el caso de Juan Benítez Allassia.
Juan es de la localidad de Díaz, al sur de la provincia de Santa Fe, y vive hace diez años en Buenos Aires. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Católica de Santa Fe, Magíster en Cine Documental (FUC) y actualmente está terminando el Doctorado en Historia y Teoría Comparada de las Artes (UNTREF). Trabaja el vínculo entre el campo cinematográfico y el campo artístico contemporáneo a partir del audiovisual y las instalaciones; pero, antes de presentar ese vasto currículum, se define como un “sanjavierino por adopción”. No es de extrañar, entonces, que hace tres años investigue sobre la zona, trabaje en sus películas con productores y actores locales y actualmente se encuentre en un proyecto de desmontaje documental de la película “El último malón” (dirigida por el sanjavierino Alcides Greca en 1917).
Juan Benítez Allassia es, además, el director del cortometraje “Venían desde el río”, presentado el pasado 20 de agosto en el Festival Internacional de Cortometrajes de São Paulo. Es el primero del “Tríptico del desembarco”, un proyecto de investigación cinematográfica que busca superar los anacronismos y hacer conversar pasado y presente a lo largo de cinco siglos de historia.
—¿Cómo empezó el proyecto y qué los motivó a iniciarlo?
—Un tema que me interesó mucho es el Puerto Gaboto, un poblado que fue la primera fundación europea en territorio santafesino. Una de las características que tiene mi trabajo es que, si bien me interesa el audiovisual, me interesa también la investigación, y cuando hago un proyecto, ya sea escribir un guión, o lo que sea, detrás hay mucha lectura y documentación. Y bueno, empecé a indagar en un personaje que me llamó mucho la atención que era Francisco del Puerto, un niño de 14 años que, por esas cosas de la vida, se embarca en uno de los navíos que llegaban a esta zona, matan a casi toda la tripulación de Juan Díaz de Solís y él es el único sobreviviente. Fue el primer habitante europeo de nuestra zona. Además, aparece en uno de los libros de Saer, “El Entenado”. Y empecé a escribir una ficción con algo que a mí me llama la atención, que es combinar las temporalidades. Me permitía jugar mucho con escribir una película donde esos dos tiempos —el presente y hace quinientos años— en vez de estar distanciados, están más bien solapados.
—¿Cómo fueron la producción y el proceso de filmación?
—Con Augusto (Augusto Bode Bisio, productor del cortometraje) en 2022 ganamos una convocatoria del Plan Fomento (Ministerio de Cultura de Santa Fe) para seguir escribiendo la ficción y, en 2024, también estuvo el Raymundo Gleyzer (Concurso Federal para el Desarrollo de Proyectos de Largometrajes Raymundo Gleyzer), que es una de las convocatorias más importantes del INCAA para primeras películas. Entonces, con Augusto y con Sergio Hernández (perteneciente a la comunidad mocoví), que para mí es un sabio sanjavierino, dijimos: "Bueno, vamos a armar unas pruebas del proyecto de ficción". Fuimos a filmar con Alberto Sabá, que es un pescador de ahí, la comunidad mocoví de Colonia Francesa, de Colonia Dolores, y un montón de personas más. Las cosas que nos gustan hacer a nosotros tienen esta característica: son pruebas, son ensayos, donde uno va y arma una situación. No era filmar una película, no estaba esa pretensión. Pero bueno, el material nos gustó muchísimo y yo empecé a plantearlo, en una suerte de edición, como una historia de contaminaciones temporales a partir de la figura de Francisco del Puerto y de los colonizadores.
"El ensayo es el lugar donde uno está probando cosas"
—"Venían desde el río" es, de una manera u otra, un relato de la colonización. Qué implica la colonización en términos políticos, culturales y estéticos, se habló mucho; yo quería ficcionalizar cómo podría haber sido esa primera conversación que tenían Gaboto y Francisco del Puerto dentro del barco, viendo lo que estaba del otro lado del río. El proyecto también forma parte de un tríptico. Hay mucha gente que me pregunta por qué tríptico y no trilogía. Yo trato de esquivar la lógica cronológica y me parecía que podíamos armar tres historias que se llamen “Tríptico del desembarco”. Ahora estamos terminando el segundo tríptico con un actor muy conocido que se llama Renato Quattordio, que es el personaje principal. Entonces, armamos este proyecto con lo que teníamos, ¿no? Una de las cosas que nos gusta es que trabajamos con lo que tenemos. Es una película que tiene esa particularidad, ese cariño, porque es una película que nació haciendo pruebas.
El proyecto, entonces, tiene estas características: la prueba, el ensayo, la necesidad de poder desprenderse de los saberes académicos y abrazar los saberes ancestrales, y la suma de voluntades: la producción está integrada por muchas personas que, desde su especialidad, “ponen todo su corazón”. Con la historia de la conquista y temporalidades que no están sujetas a la cronología como eje, el segundo tríptico se encuentra en postproducción, y hay un largometraje de ficción en camino.
—¿Quiénes integran el proyecto?
—Actualmente estamos con la segunda película, “La renovación de un río”, intentando ver si la podemos filmar. Sus productores son Augusto, Pablo Romano y dos productores más: Cláudio Botelho de Brasil y Armando Bolaño de Colombia. Queremos hacer la película en tres lugares porque, de una manera u otra, pone en escena lo que es Latinoamérica y, para mí, hacer esta película es importante para probar qué implica lo latinoamericano. Sergio Hernández es un personaje importantísimo en este proyecto. La Universidad del Cine, donde trabajo hace unos años, es coproductora. También está Trinidad Gattinoni, que es otra de las productoras argentinas. Además, están Jerónimo Prieto, que es fotógrafo de “Venían desde el río”, con el que estamos trabajando ahora, y Julia Krause. La imagen del cinematógrafo hoy es como una cosa muy poco expresiva; estos chicos tienen una sensibilidad maravillosa.

—Al trabajar con las comunidades originarias, ¿hubo un equipo antropológico, lingüístico, entre otros?
—No, porque en mi cine trato de escapar de esa lógica de la ciencia social. Para mí es más interesante hablar con Sergio, que conoce más a las comunidades mocoys, que hablar con un antropólogo que está estudiando a la comunidad mocoy. Hay una visión muy eurocéntrica de acceder al otro a partir de ese rodeo de la legitimación académica. Para mí, el acercamiento al objeto, que en este caso es la Historia, es con las comunidades; ahí está el saber. Insisto en esto: hay una sabiduría ancestral. Y bueno, el objeto de saber son ellos.
—Los denominaron “cortometrajes ensayísticos”. ¿Por qué?
—El ensayo es un género de la cinematografía que está entre la ficción y el documental y tiene, también, un espíritu investigacional sobre la situación. A mí me gusta la palabra ensayo, no tanto del campo de las letras, sino que el ensayo es la situación previa para que algo se conciba y es el lugar en donde uno está probando cosas. El ensayo entra en una zona de trabajo que transparenta mucho cómo se está haciendo, y parece que cuando lo estás viendo también se está haciendo, porque la parte que lo completa es del espectador. Lo ensayístico tiene eso, que cuando lo estás viendo parece un lugar donde justamente se están confeccionando las cosas. También, porque es un trabajo que tiene ficción, mucha experimentación, mucho documental.
—¿Cómo fue el financiamiento? ¿Cómo impactó la situación actual del cine en nuestro país?
—En 2023 ganamos el Fondo de Fomento, que daba algo de 600 mil pesos. Hacer una película requiere muchos más recursos que esos, pero hay una situación muy compleja hoy en día en la cultura. Es muy triste que esté pasando esto porque no hay recursos, vos necesitás una X cantidad de dinero para hacer un proyecto y es casi imposible hacerlo. Entonces solamente terminan haciéndolo quienes tienen esos recursos, y nosotros nos las tenemos que arreglar como podemos. Hoy en día es así: la rueda gira a favor de los que más distribución y difusión tienen. Hay que ver qué pasa con la Ley de Cine en Santa Fe, hay mucha gente que está luchando por eso. Hay que luchar para poder, por lo menos, ir haciendo cosas. Estaría bueno siempre tener más recursos, pero mi filosofía es esa: tengo recursos, hago cosas; no tengo recursos, sigo haciendo cosas.
—¿Cómo sigue el proyecto?
—El segundo tríptico lo filmamos el año pasado, estamos en postproducción, intentando hacer algunas alianzas para ver si podemos terminarlo mejor. Se llama “Todos sabían cómo volver”. El tercero se llama “Hay que pasar las puertas del infierno” y voy a trabajar con la idea de la muerte. Estoy metiéndome en una zona que es muy difícil de registrar. Seguramente va a ser para el año que viene o lo próximo.
“Yo no sé si las cosas sucedieron como creo que sucedieron, es más, estoy seguro de que no”, concluye Juan. “Saer tiene algo maravilloso en El Entenado: en la Historia, lo conocido a medias es un lugar para generar deseo y alucinación. Yo trabajo mucho en esa zona, en el conocido a medias, y juego con el deseo de lo que yo creo que es”.











