No ven la contradicción

A nadie espero sorprender confesando que donde voy hablo pésimo de Macri. Alguien podrá acusarme de periodista militante. Sí, qué novedad. Todos y todas militamos. El asunto es qué milita cada uno/a. ya le pudrí el cerebro a todo el mundo con Macri. Y lo hago con efusividad. Sí, yo te cago el almuerzo a domicilio si querés. Y no sólo a vos: a las mesas de al lado también. Y no me importa.

¿Saben por qué no me importa? Porque casi siempre la militancia cosecha sus logros. Ya le tocará a nuestro hidalgo Don Saúl de la Santa Fe cosechar los suyos. En mi caso, logrando que no me inviten más a almorzar también he logrado contagiar mi profundo desagrado con las políticas llevadas a cabo por la gestión de Cambiemos. Me han llegado a decir que odian más a Macri que yo y que D’Elía a la oligarquía y a Fernando Peña. Les cambié el voto. Yo hice que Macri perdiera votos. Y aunque usted no lo pueda creer, a veces eso puede salir mal.

No, no los estoy jodiendo. ¿Qué puede salir peor que cuatro años más de Macri? Cuatro de Espert y de Milei, que corren a Macri por derecha. Sí, cambié el voto… y lo empeoré. Soy un crack.

Me di cuenta de esto charlando de política con un amigo que se arroga el título de no entender nada de política. Conste que al tema lo sacó él, no yo. Y acá podría decir pa’ qué me invitan si coso. Votó a Cambiemos y lo volvería a hacer si no fuera por mí. Pero yo no reparé en que mi amigo, además de odiar a Macri, ama a Antonio Laje, y su canal de televisión de cabecera es América porque, según él, “TN es una mierda”. Para mi amigo, Laje, Espert y Milei le dan con un caño a Macri. Y tiene razón: el problema es que lo critican por ser un tibio a la hora de ajustar.

En fin, seguimos la charla y la cosa fue virando hacia el problema del Estado y el famoso “déficit fiscal”. Como siempre, el problema es que el Estado gasta mucho. Hay que achicar. No se puede seguir manteniendo vagos. Sobran empleados públicos. Además, por qué “a vos que sos docente te pagan una miseria y te descuentan ganancias y un juez gana 200 lucas y no paga ganancias”. No alcanza con que yo le diga que los sueldos públicos ocupan una ínfima parte del gasto público. Con que no se puede generalizar con lo de vagos porque yo también soy empleado público y sin embargo decís que son todos vagos. En fin, no hubo modo de convencer a mi amigo de que déficit fiscal no se soluciona bajando salarios. En realidad, espero al menos haberlo convencido de que nunca bajar salarios es una solución.

Traté de explicarle de que la macrisis esa que tanto odia se debe precisamente al achique del Estado; se debe al Estado acorde a los intereses de los poderes financieros que no son productivos a nivel del mercado interno y del consumo. Que la causa es un Estado que recorta lo destinado a subsidiar el consumo, a permitir el ingreso al sistema educativo de calidad a más niños y niñas, a un sistema de salud pública digno, y todo lo que yo pensaba que ya estaba discutido y resuelto, pero parece que pasaron cosas.

Y cuando empezamos a hablar de la influencia que tuvo en toda esta malaria la quita de retenciones a las agroexportaciones, la reducción de la retención a la soja y la eliminación de la obligación de liquidar las divisas por exportaciones, todo producto de la gestión Cambiemos, la respuesta fue que “está bien que el Estado no se meta”. Según mi amigo está mal que el Estado te obligue a vender lo que vos no querés vender. Porque además el precio del dólar no los favorece, así que no tienen por qué vender. Ok, pero con esa misma lógica, vos no podés exigirle a nadie que venda si no le conviene, aunque se te esté cagando la ciudadanía de hambre. O sea, es preferible respetar el libre comercio de mega multi millonarios que combatir la pobreza. Peor aún: la solución es dejar que los multi mega millonarios decidan qué hacer con la pobreza. Pero mi amigo no ve la contradicción. Tampoco ve la que sigue.

Mi mismo amigo dice que el presidente debería ser un economista. Preferentemente un empresario que sepa de números. Pero no cualquiera, porque Macri es un empresario malo. Uno con buenas intenciones. Empresario y buenas intenciones no pueden ir juntas en una misma frase, por definición. Es una contradicción lógica. Pero él no la ve. Ahí no hay conflicto.

En conclusión, la solución a la macrisis es achicar el Estado: reducir el gasto público, dejar de ejercer control sobre el sector productivo y empresarial, es decir, desregular las leyes del trabajo dejando que el mercado se regule a gusto y placer de los que más tienen en perjuicio de los más chicos, justificándose en una filosofía libertaria y meritocrática, cuando sabemos que hoy tener más significa ser más libre. Achicarlo tanto, que solo sirva para satisfacer  los privilegios de los privilegiados de siempre, dejando desamparada a la mayoría que sí necesita el amparo del Estado. En otras palabras, la solución a la macrisis, para mi amigo, es hacer todo lo que hizo Macri y profundizarlo. Pero él sigue sin ver la contradicción.

Pero eso no significa que haya que subestimar a mi amigo. Todo lo contrario. Hay que seguir militandola. Porque ellos, evidentemente, lo siguen haciendo y van ganando.

Un solo comentario

  1. No es así como vos decís. Macri no está achicando el estado estructuralmente, como debería hacer, sino sólo superficialmente.
    Explicame, por otro lado, por qué todos los países donde predomina el mercado son tan prósperas, y todas aquellas donde predomina el estado son tan estancas.
    El intervencionismo estatal en economía es pan para hoy pero hambre para mañana, porque distorsiona el funcionamiento “natural” de la propia economía, estropea sus mecanismos intrínsecos, y no permite que ésta se desarrolle verdaderamente.

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