Un canto a la identidad

Pepe Cibrián llega a Santa Fe con su obra “La dama de las rosas”, que habla de la identidad sexual.

Pepe Cibrián Campoy es un clásico del mundo artístico nacional. Pepito, como aún lo llaman algunos a pesar de sus 71 años, sigue marcando tendencia no solo por sus obras, sino por la postura que toma ante la vida sobre temas polémicos para la sociedad. Enérgico, locuaz, persuasivo, un encantador de serpientes que habla ininterrumpidamente. Pausa dialogó con el inventor del teatro musical contemporáneo, con el maestro de actores, cantantes y bailarines hoy consagrados y de muchos otros a los que dándoles una oportunidad, les cambió la existencia.

Ya no tiene reparos para hablar de política como años atrás, luego de la intervención memorable en el Senado de la Nación sobre la ley de matrimonio igualitario. En mayo del año del pasado volvió a expresar públicamente su opinión en Diputados, esta vez apoyando la iniciativa que proponía legalizar la interrupción voluntaria del embarazo. Hoy en el escenario interpreta a dos mujeres antagónicas en La dama de las rosas que visitará el Centro Cultural Provincial el próximo sábado 28 de septiembre. La dama de las rosas, trata sobre dos mujeres, Madame Agatha y Josephine, ambas la misma mujer, en tiempos de posguerra y parece ser una reflexión poética sobre el género y el lenguaje “Ser hombre, ser mujer, tal vez, puede ser. (…) Es exacto que es el mar y al mismo tiempo la mar”, comienza la obra.

 

—¿Qué es honrar el teatro?

—Pertenezco a siete generaciones de artistas. Los padres de mi madre eran actores muy pobres y los padres de papá (José Cibrián) eran muy ricos. Mamá (Ana María Campoy) con su familia iba de pueblo en pueblo, nunca pudo ir al colegio y dormía en una valija. Cierto día la gran Lola Membrives estrenaba una obra en Madrid y les hacía falta una niña. Entonces la llaman porque era la hija del apuntador Ernesto Campoy, mi abuelo, para tomarle una prueba. Mi mamá que estaban pasando muy mal momento económico fue como pudo, con su único saquito de salir y con el pelo seco por los piojos, con hambre pero feliz con la ilusión de no comer agua con corteza de tocino. La Membrives la tuvo esperando 18 horas en un camarín que parecía Versalles y le dice “da una vuelta” y la tuvo 40 minutos, así, dando vueltas. Finalmente le dijo “me gustas” y mi mamá respondió con la nariz bien en alto “Sí, pero usted a mí no”, por dignidad y se fue. Eso es honrar el teatro: la dignidad.

—¿Qué cosas desvirtúan el teatro?

—No ser coherente con lo que uno cree. Yo luché desde los 19 años. Cuando empecé, no podía pretender, ni se me ocurría, ir al teatro Ópera, pero iba a sótanos, con olor a pis de gato y ponía sahumerios y yo me sentía en el Ópera, me iban a ver 10 personas y al otro fin de semana 15 y así. Hay chicos y chicas que pretenden llenar teatros no bien comienzan. Muchos jóvenes se van a lavar copas a Barcelona y acá no, como si ese esfuerzo por llegar a vivir de lo que se ama fuera denigrante.

Vivir del arte localmente

Pepe Cibrián lanza una reflexión por lo menos controversial: “Yo les pido a los trabajadores del arte de las provincias que no acepten el Martín Fierro del interior. El término ‘interior’ me parece una vergüenza. Las provincias están desvalorizadas. Hay que tener la valentía de no ir y generar o mantener los premios a nivel local. ¡Manden a la mierda a los Martín Fierro!”.

—Siempre te caracterizaste por ser un cazador de talentos, ¿que consejo le podrías dar a los jóvenes?

—Que intenten desarrollarse en sus ciudades, Buenos Aires no es la panacea. Dios esta en todos lados y atiende muy mal en Buenos Aires. Y si te gustaría vivir del arte y no tenes la posibilidad, trabajas en una oficina salís y a las cinco de la tarde te vas a tus clases de teatro y luego haces obras en un sótano, en la calle. Ahora si querés ser protagonista de las novelas de Suar andate a Capital y no creo que lo logres, porque hay miles de grandes actores sin trabajo. Después está la cosa “Tinellesca”, que por un lindo culo o una linda carita parece que suben pero nada que ver. Si querés desarraigarte andate a Londres, que al menos es el centro del mundo.

La política y la cultura

—Dijiste públicamente que votaste a este gobierno, ¿cómo ves la gestión socioeconómica y sobre todo la política cultural actual?

—Lo voté y me arrepiento. Igual yo los voté a todos: a Menem, a Cristina, a Macri y todos de alguna manera me desilusionaron. Pero creo que la Argentina está hoy muy mal. Por ejemplo, la reforma de la avenida Corrientes en Buenos Aires fue un despropósito. Gastaron millones ahí, sacaron para la inauguración a la gente que está durmiendo en la calle, en la puerta del teatro Alvear que hace cinco años que lo tienen cerrado. Con respecto al Secretario de Cultura actual, me parece que como mínimo debería ser alguien culto. No hay políticas de fomento, quisieron sacar las escuelas nocturnas, cada vez hay menos talleres para la gente. La política cultural y la general están mal. Los actores no tienen trabajo, y no te hablo de actores jóvenes sino de actores y actrices de 50 años que están espléndidas. Hay solo una ficción en Canal 13, los demás son todos programas de chimentos o tinelleadas.

—¿De cara a las próximas elecciones para presidente tenés alguna preferencia?

—Hoy lo votaría a Fernández: me merece mucha confianza, sé que hay gente que me va a insultar pero me da igual. Desde mi pequeña ilusión quiero tener algo en que creer. Y seguramente lo voy a votar. Pero ojalá tengamos un estadista que piense más allá de lo individual, porque hasta ahora eso no fue posible y que aún haya sectores sin cloacas y sin agua potable lo demuestra. Espero que encontremos un estadista que piense en sus hijos, en el futuro y podamos volver a creer.

Sexualidad, aborto y adopción

En mayo del año pasado Cibrián expuso un efusivo discurso en el Congreso en el marco de los debates sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. En relación con esto, afirma que continúa con su postura desde que comenzó a instalarse el tema en los medios: “Las leyes son políticas y lobbys para algunos. Hay honestos, también, pero ¿qué haremos para salvar una vida humana? Como dije en aquel discurso del Senado: mientras sucede este minuto, este presente hay una joven que se introdujo un perejil, o metales en su cachucha y se está desangrando y no sabe que en segundos se va a morir, mientras que en otro lugar en una clínica hay otra mujer que tuvo la misma práctica que sabe que no se va a morir, así que no seamos hipócritas”

Cibrián cuenta que con su marido, el arquitecto Santiago Zenobi, estuvo 15 años esperando para adoptar cuatro hermanitos que querían separar, pero nunca se los dieron. “Los que están en contra del aborto, vayan por la calle y vean a esos niños de 7 o 12 años que están ya abortados porque no tienen futuro, están abortados del sistema. Yo me pregunto si esos legisladores que están en contra han adoptado un niño de los que están en la calle”, declara enérgico el artista.

—¿Alguna vez sufriste socialmente por tu orientación sexual? ¿Cómo fue tu salida del closet?

—Yo ya a los 18 conocía de mi orientación y vivía triste porque no lo podía compartir. Mi papá era un español duro e introvertido que había estado en la batalla del Ebro, la más sangrienta de la guerra civil española, y se había tenido que exiliar. Un día tomé coraje y me fui a su escritorio de la calle Alvear y le dije “Papá, quiero hablar con vos” y me puse a llorar como un loco y ahí le confesé que era homosexual. Él me miró a los ojos y con total naturalidad me dijo “¿Y qué importa? Se es hombre en la vida y no en la cama”. Y esa libertad, ese apoyo, me dio la tranquilidad y la fuerza para ser yo mismo.

La dama de las rosas

Escrita por Pepe Cibrián, dirigida por Damián Iglesias y con música original de Santiago Rosso, La dama de las rosas es el nuevo espectáculo de este creador inagotable. La gacetilla la define como un “cuento de amor” que transcurre en París, en los años 20, donde Cibrián encarnará la piel de las dos protagonistas, Agatha y Josephine, ambas antagónicas pero la misma mujer. Llegará el próximo sábado 28 de septiembre a las 21.30 en el Centro Cultural Provincial (Junín 2457).

—¿Podrías contar con tus palabras de qué se trata la obra?

—Tengo una muy buena dirección actoral de Damián Iglesias. Hago 14 cambios de ropa. Hay mucho color, y si bien la historia estaría enmarcada en la tragedia, la llevamos adelante desde el humor. Mi personaje es Madame Josephine, un personaje muy enigmático que vivió 35 años prisionera de una madre enferma psiquiátrica y cuando muere su madre, conoce en el banco de una plaza a una refugiada rusa con quien deciden armar un personaje. De este modo aparece Agatha, la dueña de un cabaret de transformistas donde ella se siente en libertad. Pero es tal el mandato de crueldad de su madre que el sexo no existe para ninguno de los dos personajes, ella puede dar placer pero nadie puede llegar a ella. Y se enamora de otra mujer, Clemence (María José Demare) que tampoco se deja tocar, aunque ama. Tiene un sorprendente desarrollo y final inesperado, a su vez que muy conmovedor.

—¿Qué te inspiró para “La dama de las Rosas”?

—Los que me inspiraron fueron mis padres y lo que me enseñaron sobre la identidad. La empecé a escribir cuando empezó mi cáncer. Esta obra es un canto a la identidad y al derecho de modificarla; a alguien hoy pueden gustarle los hombres y mañana enamorarse de una mujer. Y en definitiva, tenemos que hacer lo que nos haga felices.

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