Juntos y de noche

“El solo que hago en ‘El arte del buen comer’ es uno de los que más me gusta”, le contó Sergio Dawi a Pausa. Foto: Leandro Olivo.

La kermesse de ex integrantes de los Redondos revivió al espíritu de Patricio Rey y hubo misa en Santa Fe.

Después de la casi reunión de la banda para una nueva canción solista del Indio, Sergio Dawi y Semilla Bucciarelli entendieron que necesitaban tocar de nuevo sus canciones y, además, retomar la prédica de Patricio Rey. El antimacrismo fue explícito en la noche del 4 de octubre con coros y arengas. A la banda se le suman otros dos ex redondos: el guitarrista Tito Fargo (tocó en Gulp! y Oktubre) y el batero Hernán Aramberri (que hasta 2016 tocó en la banda del Indio). Y se agregaron músicos invitados para ir supliendo funciones en voces y otros puestos.

“¡Tics de la revolución, implacable rocanrol!”, cantaban a los gritos en el baño de Tribus. Si conectás con Los Redondos, cuando suena un tema de ellos no podés solo tararear, enseguida la garganta y el estómago se te aprietan para empezar a parir ese canto. Cualquier juntada se transforma en una ceremonia cuando el mix de YouTube se embala con Redondos Subtitulados, ese canal no oficial que va para los 700 mil suscriptores y que tiene playlists con hasta con el último inédito que se tocó una sola vez en el patio de Skay.

En la pista, flacos con los tatuajes de siempre saltaban sin remera con los brazos lubricados de transpiración, uno para cuando una chica con flequillo recto le alcanza un vaso de fernet. Un cincuentón le cuenta a un periodista que no puede creer que Semilla (ya despojado de su bigote icónico) esté tan cerca tocando “Esa estrella era mi lujo”, pero frenó el relato de sus caravanas ricoteras de los 90 porque se le quebró un poco la voz. Fue el bajista y también artista plástico, justamente, el que diseñó la ilustración tatuada en el flaco, el Cordero Atado del disco doble de Los Redondos.

Sobre las ausencias pesadas del cantante y el guitarrista originales, hay que decir que el saxo, el bajo y la batería las reponen con éxito y logran sonar tan bien como en sus mejores momentos, por sus interpretaciones (a pesar de algún que otro fuera de tiempo mínimo) pero además por la energía fresca que todavía les imprimen a la canciones: “Queremos hacer una reivindicación de estas canciones, tanto desde la lírica como de lo instrumental. Parece que el tiempo nos vuelve a colocar en nuestro sitio con estas letras que apuntan contra el neoliberalismo y realmente sentimos que están haciendo una lectura muy fiel al presente”, le había contado Sergio Dawi a Pausa antes del show.

En junio, Los Decoradores actuaron en una movida en beneficio de una cooperativa gráfica, acompañan causas como la legalización del aborto y con el riff de “Nuestro amo juega al esclavo” hicieron despegar del suelo a los “redonditos”, como les dice Dawi. Con este mismo tema arrancó Indio en Tandil 2016, su primer show con Macri como presidente: adormilados durante algunos años como joyas en exhibición en bares y pubs, estos cantos parecen haber vuelto a su condición de manifiesto, porque rozan nuestras emociones de hoy y por eso suenan hasta en las presentaciones del libro de CFK.

Mayormente, el show se va en recorrer los primeros discos, publicados en la segunda mitad de lo 80, en los que se presenta un presente post apocalíptico (“Preso en mi ciudad”, “Fusilados por la cruz roja”, “Todo un palo”), con protagonismo fuerte de los golpes de Aramberri y del saxo, encargado de remarcar el trazo y, a veces, hasta asumiendo la “voz” de la guitarra. La decisión de enfocarse en esa época, y en parte en la de los 90 tempranos, se corresponde con su deseo de fogonear la mística que supieron concebir. Sampleos e injertos digitales, afuera.

Mientras tanto, el agite se canaliza en las gargantas de veinteañeras y cincuentones, la sangre les sube a la cabeza y las caras se les ponen rojas, alguien se prende un pucho para bajar y el láser verde del personal de seguridad te da en la cara sostenidamente incluso hasta un rato después de que lo apagaste. ¿De dónde viene el olor a flores? Para fumar porro se está más pillo. O estará todo bien.

Encima de cuidar lo musical para hacerle justicia a los himnos y de pronunciarse políticamente, toda misa ricotera también debe –por lo menos– un momento de comunión, así pasaron “Vamos las bandas” y “Un ángel para tu soledad”. Aquella famosa “condición artística” que tenían Los Redondos de tocar “solos y de noche” fue bajada a fuerza de caravanas y procesiones: las bandas nunca los van a dejar solos.

Celulares arriba, besos, abrazos, gente del staff del bar emocionada y hasta un nene de 4 o 5 años vestido de ricotero subió a hacer pogo entre los músicos: “Estas canciones remueven la emoción tanto de los que están abajo del escenario como de los que estamos arriba. De alguna forma, esto que emprendimos con Semilla busca ser un homenaje a todos los redonditos que están desperdigados por el país y que de alguna manera quedaron huérfanos, consolándose entre los discos y los tributos. Pero también lo hacemos para nosotros, que sentimos que nos quedamos medio cortos con esta despedida sin adiós”, le comentó Dawi a Pausa pensando en la no despedida de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Su ausencia ya es mayor de edad.

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