El debate, lejos de la experiencia

“Es una paradoja que, tanto para prohibir como para legalizar el aborto, se apele a los derechos humanos”, sostiene la filósofa Laura Klein.

En la reedición de «Fornicar y matar», bajo el título «Entre el crimen y el derecho», Laura Klein objeta las trampas de los argumentos prohibicionistas del aborto y de los más progresistas.

En 2005 la filósofa, poeta y ensayista Laura Klein publicaba Fornicar y matar, un texto que se reedita ahora, y que fue presentado en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNL, con el título Entre el crimen y el derecho. El problema del aborto. Al momento de explicar el cambio, la autora cuenta un par de anécdotas: “Se leían fragmentos del libro en diversos contextos, se utilizaba como una herramienta de lucha, pero al momento de decir el nombre, no podían, no lo citaban. Entonces me dije: lamentablemente no ha llegado el momento poético-político para que el libro tenga este título, que es realmente exacto, y por eso lo cambié. Creo que ahora lo lamento un poco”.

El cambio del título no resulta anecdótico a medida que la autora se adentra en los debates que el texto analiza. La forma en que llamamos a las cosas, lo decible y lo que no lo es, no es gratuito ni inocente. “Fornicar” y “matar” pueden ser palabras fuertes para los sectores más conservadores del espectro antiabortista, pero también resultaron palabras difíciles, innombrables, para los argumentadores más progresistas que batallan por la legalización. El problema del aborto guarda en sí todo lo que se dice y no se dice sobre el aborto. Y deja afuera, según la autora, lo central: la experiencia real y concreta de las mujeres que abortan.

[quote_box_right]Según su autora, todavía “no ha llegado el momento poético-político para que el libro tenga este título, que es realmente exacto”.[/quote_box_right]

“Cuando comencé a escribir el libro, leyendo tanto los argumentos a favor como en contra, me sentí perpleja. Yo había abortado y no podía sostener ese argumento de que al abortar había sido una mujer libre. Fue una conmoción”, recuerda Klein. “Me vi imposibilitada de pronunciar letra por letra esas consignas de elección libre, autonomía, derecho al propio cuerpo. Entonces tuve que pensar, pensar lo que cotidianamente daba por sentado. No podía ya defender aquello que durante años había repetido, todo el bagaje de razonamientos, principios y argumentaciones que solía usar para defender la legalización del aborto, se había vuelto inútil. No podía encarnarlo. Me encontré así en una encrucijada ética: ¿cómo iba a defender lo que quería con argumentos en los que no creía?”.

Klein hace en su libro un recorrido por los diversos discursos que cruzan y estructuran el debate en torno al aborto y explica que tanto quienes están en contra como quienes están a favor de la legalización se basan en la misma fuente: los derechos humanos. “Es más que una paradoja que, tanto para prohibirlo como para legalizarlo, se apele a los derechos humanos. Este fue el motor, la intriga del libro. Y que de ambos lados tengan sus razones convierte al tema en una competencia por quién es más víctima para poder recurrir a los derechos humanos. En la ciencia pasa lo mismo: hay argumentos legítimos a favor y en contra sostenidos con el mismo rigor. El argumento de la viabilidad del feto o del ADN desde la concepción. En ambos casos es una huida de la ética porque cae en el instrumentalismo del debate, el no poder defender algo si no se ampara en una verdad universal, la ciencia o los derechos humanos. Se trata de dos éticas en conflicto y no una ética y una hipocresía: es una guerra entre dos mundos con valores opuestos”.

La experiencia no se debate

Esa perplejidad de la autora ante los argumentos encontrados, la sienten también miles de mujeres que al momento de tomar la decisión sobre si seguir o no con un embarazo no deseado no se detienen en las discusiones de la bioética o el derecho.

[quote_box_left]“Para defender la legalización se habla de elección libre, pero la mujer que aborta está entre la espada y la pared”, señala Laura Klein.[/quote_box_left]

“Tanto para legalizarlo como para prohibirlo, los razonamientos son ajenos a la experiencia de las mujeres abortantes. De un lado se habla de homicidio, sin embargo ni siquiera para quienes lo condenan el aborto se equipara al homicidio. Los códigos penales que lo prohíben sin excepción no lo incluyen dentro de la figura de homicidio. Si yo digo que aborté, puede sonar hasta banal, pero si digo que maté a mi hijo de 10 años les va a correr un escalofrío, como mínimo. Pero los argumentos del otro lado también suenan ajenos a la experiencia de abortar. Para defender la legalización se habla de elección libre, autonomía y control del propio cuerpo.  Sin embargo todos sabemos que la mujer que aborta está entre la espada y la pared, se quedó embarazada contra su voluntad y ahora ni quiere abortar ni quiere tener un hijo. Como en muchas otras cosas, decide hacer algo que no quiere. Signifique para ella una experiencia traumática o solamente desagradable, su situación tiene un sesgo trágico. Está en una encrucijada donde se juegan la vida y la muerte, todos llevan parte de razón y todos pierden algo. Más que elegir libremente esta mujer decide voluntariamente, y la voluntad no es libre”.

Un problema irresoluble

El libro no intenta defender la legalización del aborto sino entender por qué está prohibido. Por qué la Iglesia, los Estados, la medicina, la democracia, tienen posturas tan encarnizadas en torno a este tema. Klein, luego de una investigación rigurosa que le llevó más de 10 años, concluye en que el problema del aborto no es resoluble, ni siquiera con su despenalización, aunque ésta es necesaria, posible y urgente para terminar las muertes provocadas por la clandestinidad de las prácticas. “Es una calamidad confiar en que el derecho puede resolver las tragedias de la vida. Y suponer que no debe haber dolor y que si lo hay alguien es culpable. El poder es doloroso; los derechos que no provienen de él, impotentes. Hay una distancia irreductible entre el discurso del derecho y el de la experiencia. Y la experiencia del aborto dice que el cuerpo no cabe en el derecho, que hay poderes no legítimos y derechos impotentes”.

Publicada en Pausa #171, edición de 28 de abril de 2016

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