El actor ante el fin

Sergio Abbate es uno de los tres actores que le presta el cuerpo a Valente.

La extraordinaria vida de Jorge Valente, los sábados en La 3068.

Una puesta que junta los planos del sueño y la vigilia, la ópera prima de Javier Bonatti, tiene lugar todos los sábados de junio en La treinta sesenta y ocho. Se trata de la autobiografía de un famosísimo artista santafesino que podría estar dando su última función en cualquier momento.

—Hola Jorge –saludó el primero.

—Cómo estás, Jorge –contestó el otro.

—¡Jorge! –gritaron los dos, viendo al tercero bajar del taxi.

Tres puchos se prendieron en la vereda, mientras Nina estaba adentro, preparándose.

El regreso

“Tenía muchas, pero muchas ganas de actuar, así que me decidí a escribir una obra para poder actuarla y sacarme las ganas. Pero intenté solamente en un ensayo, que duré 30 segundos y me salí porque quería ver qué pasaba”, cuenta Javier Bonatti, que durante el último ensayo previo al estreno de La extraordinaria vida de Jorge Valente casi que se contiene de dar indicaciones, con tal de no interrumpir lo que estaba viendo. Después de haber sobresalido como actor (Japón, Ricardo, una farsa), Bonatti confiesa que su faceta de director fue totalmente inesperada: “un día iba caminando y, de repente, el espectro de Valente me poseyó. Apareció y ya. No es que yo elegí su nombre ni nada, él simplemente se surgió para contar su historia, antes de que fuese tarde”.

Varios días antes de la función inaugural, Valente ya andaba a las vueltas por su Santa Fe natal, de la que huyó hace muchos años para triunfar como actor, músico y hasta como científico. A pesar de su éxito, hasta el presente lo aquejan algunos dramas de su niñez y juventud, como haber dejado a su primer amor atrás para seguir sus sueños. Aunque no logró ser profeta en su tierra, se terminó volviendo difícil ignorar su fama, sus versiones de Elvis, las reacciones que provoca su actividad en redes sociales (“él no quería abrirse perfiles en Facebook o Instagram, pero le explicamos que era necesario para difusión y al final accedió”). Jorge Valente tiene hasta su propia marca de whisky.

Unas cortinas rojizas rompen la oscuridad de la escena y unas voces violan al silencio. Surca un rayo de luz blanca. La sinopsis de esta historia consta de la autobiografía de esta celebridad cuya personalidad va saltando de cuerpo en cuerpo, invadiendo a tres actores bien preparados y sincronizados: se trata de Lautaro Ruatta, Sergio Abbate y Camilo Céspedes, que cuando no personifican al extraordinario, van consiguiendo otras identidades a los fines narrativos. Durante un poco más de una hora, esta meta ficción reflexiona sobre su propia naturaleza, sobre “el” destino, sobre amor. Prácticamente durante todo el rato hay una cámara prendida. En forma y en contenido, la puesta bien podría pasar por lyncheana.  

—Es el actor el que sale a recibir los aplausos, cuando el personaje ya…

Un tic, tac…

A todo esto, Valente corre con el apuro de una maldición familiar: sus antepasados murieron a los días de haber cumplido 59 años. Él los cumplió el 2 de junio. Como su última gran obra, pretende legar un dispositivo que ayuda a revivir sensaciones  y recuerdos del pasado, los deseados y los que no: “Es algo que ni Jorge ni yo podemos controlar”, cuenta Bonatti. Sus dos grandes amores –que se encarnan en la actriz Sofía Kreig– y su invención más importante (esta máquina de los recuerdos) comparten un nombre: Nina. Alrededor de estas últimas tres es que van disparándose la mayoría de las cosas que vive y revive Jorge, aunque no son las únicas: un Daniel Tinayre francés que le enseña que no tiene que mirar a cámara, los padres adoptivos que no se soportan ni entre ellos, un tío hinchabolas diciendo que hay olor a podrido en medio de un velorio.

Lautaro Ruatta y Camilo Céspedes le ponen el cuerpo a Jorge Valente. Sofía Kreig, a sus dos amadas.

Muy pocas cosas fueron premeditadas, las cosas van pasando, como nos pasa en los sueños cuando pensamos que podemos manipular ese ámbito mágico, y no.

Aunque cuando estamos despiertos, ¿hasta qué punto podemos dirigir a nuestro gusto lo que pasa alrededor?

Para conocer a Valente

Todavía restan tres sábados para poder ver la última gran obra del gran Jorge Valente: se puede ver en La treinta sesenta y ocho (San Martín 3068), siempre desde las 22. Las entradas se consiguen en la misma sala.

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