En un nuevo aniversario del crimen hídrico que marcó para siempre a la ciudad, el documento completo del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y la resignificación del día en este contexto de aislamiento. 

«Cuando se adormezca la tarde, en este nuevo 29 de abril de 2020, nos encontraremos esta vez como nunca antes, cada cual desde sus casas y con nuestra imaginación estaremos caminando codo a codo hasta la plaza 25 de mayo.

Cuando la luz se vaya yendo, repiqueteará en nuestros oídos nuevamente, lo que tantas veces dijimos a los santafesinos. Repetiremos como en un solo eco, tan cercano como lejano, con la quietud de una plaza huérfana, la volveremos nuestra, como en un espejismo, con la fuerza de la voluntad empedernida, evocaremos carpas y rondas, carteles y cánticos destemplados, y los nombres de los que se fueron antes, con el presente siempre, reclamándole a la sorda justicia santafesina.

Resonará la frase, hoy, con nuestras ausencias físicas. Resonarán desde el silencio con sus mochilas llenas de fantasmas y nacerán de nuevo como fueron acunadas, con la perseverancia misma de sentirse tanta veces comprobada: “Inundados de ayer, inundados de hoy, inundados por venir…”, y nos llenará el alma calma, con tantos recuerdos vividos y sufridos.

Y por enésima vez, no nos resignaremos a no encontrarnos, no nos resignaremos a no abrazarnos con la dignidad de 17 años peleando contra viento y marea, a seguir luchando cuesta arriba, por hacer saber a decenas de miles de conciudadanos, la obsesión justa de una democracia enflaquecida y hambrienta, de la verdad histórica, de las responsabilidades políticas, económicas, humanas de vida y muerte, del Estado Santafesino provincial y municipal, encarnada en la figura del ex gobernador y hoy acomodado senador nacional Carlos Alberto Reutemann.

Nos levantaremos otra vez sin ningún olvido, para maldecir su frase impúdica «a mí, nade me avisó». Para decirle de frente, sin barbijos ni corona «QUE SIGUE SIENDO UN MENTIROSO E IMPUNE DE SIETE SUELAS».

Carlos Alberto Reutemann seguirá siendo un vestidor de cualquier traje político que lo proteja de los reclamos populares y verdades ocultadas, por una Justicia ciega y empachada de privilegios.

Son esas verdades que cargamos sin ninguna sed de venganza, pero que tienen nombre y apellido de 158 santafesinos muertos y que se toman de la mano con los 9 asesinados antes, por su misma orden, en un diciembre trágico en las calles rosarinas y de nuestra ciudad.

Saldremos nuevamente desde nuestros hogares maltratados y esta vez sí, como si fuéramos los viejos sueños que se ahogaron en las aguas del Salado, desde aquella noche que nos cubrió de sombras por las desidias de los gobernantes, de ministros incapaces, de fieles cortes de alcahuetes y corruptos constructores.

Saldremos otra vez porque no estamos exhaustos, ni menos vencidos, por una causa penal tan larga y una condena tan exigua y que no tiene ni un día mísero de cárcel para los culpables de segunda, mientras los más responsables, se ríen desde lejos.

Nos toca vivir hoy, tiempos que vivimos antes, porque hay una similitud en cómo nos golpean aquellos y estos días con sus flagelos. Porque para aquel que lo perdió todo en el zarpazo del 29 de abril del 2003, y aquel que lo revivió perdiendo de nuevo el 29 de marzo del 2007 con la gestión de Obeid y Balbarrey, con sus 3 muertos bajo las aguas de lluvias intensas y la trampa de tener bombas extractoras del agua que solo estaban para la foto. Nada nos es ajeno a nuestra memoria.

Este sacrificio actual de la pandemia y el covid19 pese a sus diferencias, vuelve con sus coincidencias agravadas. La falta del trabajo que permanece por años, la salud espantada al confinamiento en viviendas tan pobres como antes, la escases del agua potable y de cloacas. Si llega a llover copiosamente el agua volverá a nuestra rodillas, eso sí, rigurosamente alimentados con una inflación que no tiene nunca responsables. Y el autoritarismo de los intocables, donde se concentra el poder y el dinero no paran de volverse cada vez más poderosos. Una provincia líder en la producción de lo que sea, un país rico y endeudado hasta los huesos de sus muertos y sus vivos, camina sin reaccionar a tener la mitad de sus habitantes en la pobreza.

Sin exageraciones, recordemos lo que fuimos antes, salimos de nuestros hogares con lo puesto, y volvimos con míseros subsidios, y también con una botella de lavandina que nos dio el gobierno para borrar la marca que dejó el agua donde no tapó toda la casa. Cuando se vuelve del olvido por la fuerza de nosotros mismos y con la solidaridad de tantos seres que nunca conocimos, de nuestra ciudad, del país y del mundo, sabemos y aprendimos que la fuerza del nosotros es muy superior a la de aquel que en su individualidad se cree decidirlo todo.

Por todo esto, para muchísimos santafesinos será verdad, el día que los culpables de habernos inundado, de haber ejecutado un crimen hídrico evitable, padezcan la corona de su muerte solitaria como si tuvieran el virus de sus mentiras.

El día en que nos volvamos conscientes que podemos hacer juntos desde nuestras pobrezas la riqueza de revivir nuestros sueños, de vivir colectivamente que la Justicia la hacemos entre todos, que las inundaciones y sequías, el hambre y la pandemia de la ignorancia no vienen desde lejos, sino que la crean los que gobiernan a beneficio de sus propios intereses, el sol saldrá para todos, luchado y no exento de sacrificios y trabajos necesarios. Y así será que podamos proclamar el 29 de abril como el día de la solidaridad humanitaria, como el día bautizado por la sabiduría popular: «El día que el pueblo salvó al pueblo».

Los abrazamos a todos a la distancia y agradecidos de que volveremos a estar juntos como la frase de la canción… en la calle coco a codo somos mucho más que dos”.

*Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos – Regional Santa Fe (Patrocinante de la Causa Penal «Inundación de Santa Fe del 29 de abril del 2003»).

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