La brutalidad policíaca sobre los negros, el surgimiento de Black Lives Matter y la larga historia de racismo en norteamérica.

Por Petra Hoke, desde Washington DC, Estados Unidos

Muchos estadounidenses creen que, al final del siglo, los Estados Unidos vivían en una sociedad post-racial. Esto no es verdad. El racismo ha sido parte del tejido estadounidense desde que los primeros esclavos fueron traídos a América del Norte en 1619, pero la era digital ha puesto en evidencia la brutalidad policial. Los teléfonos celulares les permiten a las personas registrar las acciones de los agentes de policía en todo el país, y esta exposición ha hecho que muchos estadounidenses vean el alcance de la brutalidad de la policía.

La verdad es que a pesar de que las personas negras solo representan el 12% de la población, tienen tres veces más probabilidad de morir en manos de la policía que los blancos. A pesar de los intentos durante décadas de llamar la atención sobre este problema, ha habido poca justicia para los negros que murieron, y pocas reformas efectivas implementadas para abordar el problema.

En 2013, George Zimmerman fue absuelto del asesinato del adolescente negro Trayvon Martin. Martin estaba desarmado y caminaba por un vecindario cuando George Zimmerman le disparó por «parecer sospechoso».

La absolución de Zimmerman provocó indignación nacional y condujo a la formación del movimiento Black Lives Matter, una organización global que tiene como objetivo combatir y contrarrestar los actos de violencia contra las comunidades negras y las personas de color.

Este movimiento se ha encontrado con la resistencia de muchas personas que dicen «All Lives Matter» en lugar de solo Black Lives Matter. Pero el movimiento Black Lives Matter no trata de disminuir el valor de todas las vidas, como afirman algunos de sus críticos, si no que pretende sacar a la luz que las vidas negras importan tanto como todas las vidas.

Responder a “Black Lives Matter” con “All Lives Matter” implica que todas las personas corren el mismo peligro e ignora cómo el racismo puede influir en la brutalidad policial y las prácticas discriminatorias. Por ejemplo, si una casa en tu calle se incendiara, no se rociaría agua en cada una de las casas de tu barrio porque todos tienen los mismos derechos; si no que se apagarían las llamas de la casa que se está quemando en ese momento porque esa casa importa tanto como el resto de las casas.

El asesinato de George Floyd fue la chispa que encendió un fuego que se ha estado construyendo durante décadas con cada asesinato de una persona negra inocente. El horrible video de George Floyd siendo asfixiado por un oficial de policía mientras gritaba «no puedo respirar» ha encendido el movimiento Black Lives Matter como nunca antes, con personas en todo el mundo exigiendo justicia y reforma. Derek Chauvin, el policía que mato a Floyd ha sido acusado de homicidio doloso, y los otros policías que estaban con el de ser cómplices. Pero el asesinato de Floyd no será el último hasta que el gobierno estadounidense no cambia un sistema en el que la policía sea responsable por sus malas acciones.

El dolor y la angustia que se observan en las protestas en todo el país vuelve a llamar la atención sobre el temor que muchos negros estadounidenses tienen de hacer las cosas cotidianas, sin saber si un movimiento en falso terminará con su vida. Se han celebrado miles de reuniones pacíficas en todo Estados Unidos para protestar por la injusticia que muchos estadounidenses negros han enfrentado a mano de la policía.

Gran parte de los disturbios y la violencia civil que están ocurriendo son paralelos a los disturbios de 1968 cuando el Dr. Martin Luther King Jr. fue asesinado, lo que resultó en seis días de protestas. Pero la respuesta nacional a su muerte llevó al presidente Lyndon B. Johnson a firmar la Ley de Derechos Civiles de 1968, basándose en la legislación anterior que prohibía la discriminación por raza, color, religión, sexo u origen nacional.

Los manifestantes ahora se enfrentan con la fuerza excesiva por parte de los agentes de policía y de un presidente que manda a lanzar gases lacrimógenos a los manifestantes pacíficos para una sesión de fotos. Pero las acciones del presidente no detendrán este movimiento, ya que sus acciones solo alimentan las llamas de la lucha por la igualdad y aumentan la resistencia pública a la brutalidad policíaca.

Soy una argentina estadounidense de raza blanca, y nunca entenderé como sería ser estadounidenses de raza negra, pero traté de educarme continuamente sobre cómo puedo ser una mejor aliada a las personas de color y ayudar a poner fin al racismo sistemático en este país.

Me gustaría incentivar a todos los argentinos a apoyar al movimiento #BlackLivesMatter para mostrar que el racismo y la brutalidad policial no tienen fronteras, y que en todo el mundo la gente está hablando en contra de la injusticia racial en los Estados Unidos y más allá.

Hoy, estamos nombrando a todos los que murieron en manos de la policía, antes y después de que Eric Garner fuera asesinado por un policía de New York City en 2014, uno de los asesinatos que atrajo la atención nacional del movimiento Black Lives Matter.

Sus últimas palabras también fueron «no puedo respirar».

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