Héctor Bonetti: “Para bajar la pobreza hay que inyectar dinero en los sectores más humildes”

Aumento de la pobreza: entrevista a Héctor Bonetti, dirigente gremial, vecino de San Agustín e integrante del Centro Cultural Jorge Delconte.

—¿Cómo llegamos a esta situación?

—Tiene que ver con muchos factores que se han vivido a lo largo de la historia, pero en los últimos tiempos, en democracia, nunca se ha logrado lo que se pretende, lo que los políticos dicen que quieren lograr con el tema económico. Lamentablemente ganan los que ganan siempre, los que tienen mucho capital, mucha guita, siempre terminan siendo los más beneficiados. Lo de Macri fue realmente nefasto para los sectores populares. Se suspendieron un montón de becas, se suspendieron subsidios para personas con discapacidad, eso generó todo un agujero negro muy importante, que luego se intentó resolver en los primeros meses del gobierno de Alberto Fernández. Pero aún sigue ese problema. Y, evidentemente, si no nos transformamos en un país que genere las industrias para que podamos transformar nuestras materias primas, nunca vamos a encontrar el nivel económico que pretendemos. Pasa por reactivar la industria y los pequeños productores, eso es lo básico. Incluso uno, que tiene un trabajo relativamente estable, le cuesta, después de tantos años de vivir en el barrio. Cuesta sobrevivir.

—¿Cómo afectó la pandemia?

—El tema de la pandemia lo sorprende a este gobierno como a mucha gente. Al principio, cuando largaron el IFE fue muy importante, porque puso dinero en circulación, en el bolsillo de la gente, que realmente lo ocupó. Se hicieron pequeñas obras en las casas, refacciones. El único rubro que creció en esos momentos fue la construcción y los corralones, que les fue muy bien. Eso se fue aplacando. Pensamos que la pandemia iba a durar un año, pero no todo este tiempo, en donde se sintió en los pequeños comerciantes, que cerraron sus puertas. En la Avenida 12 de Octubre hay aproximadamente unos 50 locales comerciales, hoy hay funcionando unos 20 y son los viejos locales comerciales, los que tienen espalda para sostenerse. La otra cuestión en la pandemia es que en los barrios, realmente, la gente salió igual. Será karma, bendición, no sé como llamarlo, no hubo una pandemia tan fuerte en nuestra zona aunque la gente no se cuidó. Es un error, si querés, falta de compromiso o concientización, pero no hubo tantos muertos.

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—¿Qué faltó hacer?

—El IFE, que por eso lo están volviendo a activar. La gente humilde, cuando tiene dinero, lo gasta. No compra dólares: come, se compra ropa o refacciona algo de la casa. El IFE va a ser algo bueno para este tiempo. Que después tiene que venir con políticas a largo plazo. Hay que inyectar dinero a los sectores más humildes. Por otro lado algo que nos llama la atención, es un termómetro, son los trueques. En el momento más duro, cuando estuvimos confinados dos o tres veces, se reactivaron como en el 2001. La gente necesita comer, por ahí lleva al trueque ropa que no usa y la cambia por leche, fideos, azúcar. Tristemente, gente que son albañiles y no trabajan terminan llevando las herramientas al trueque, porque no las usan. Por suerte acá hay una gran fuente de trabajo que es el Mercado de Abasto, que permite que la gente busque su changa. Pero hablando con Carlos Otrino, que es el gerente del Mercado, dijo que han reducido hasta un 30% el nivel de trabajo previo a la pandemia. Pero los vecinos al menos han podido ir a bagayear, así se le dice, que es ir a buscar el tomate que se tira, el pimiento, la cebolla, y así la gente puede comer. Yo a veces soy muy reacio a decir que la gente no tiene para comer. Aquí la gente lo puede hacer activándose un poquito. Hay merenderos, los compañeros de Los Sin Techo cuentan que siempre hay más chicos yendo, que se llevan la botella de leche para los más pequeños. Pero la gente si quiere, puede armarse de unas cositas para cocinar. Otro rubro es el de los ladrilleros. En San Agustín hay muchos, no han parado el ritmo de trabajo. Tienen la tierra para hacer adobe y ladrillos. Pero en estos tiempos las grandes constructoras vienen y compran directamente toda la horneada. Dicen “¿Cuántos ladrillos vas a quemar?”. El ladrillo ahora está a 17 mil pesos los mil. Y estos tipos vienen y te compran toda una horneada completa, serán 15 mil ladrillos, pero a 10 mil pesos los mil. El ladrillero cobra 150 lucas de una y se capitaliza. Pero el ajuste, ¿dónde está? En que se le paga menos al cortador del ladrillo, el tipo que se levanta a las cinco de la mañana y va y corta. En algún momento le pagaban 1200 para cortar mil ladrillos y ahora están pagando entre 700 y 800. Los muchachos se quejan, dicen que es poco, pero si no tienen para hacer otra cosa terminan haciéndolo. Es la explotación del pobre contra el pobre y siguen ganando los del principio. No viene el gerente de Pilay, pero viene el tipo que le vende. Compran ladrillos por dos monedas. Esa es la historia de nuestro país y nosotros como barrio periférico lo vivimos. Y todo eso redunda en inseguridad, en violencia, en violencia con los vecinos, en violencia de género. Todo eso pasa ahí.

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