A 23 años de la inundación, este sábado 25 hicimos memoria proyectando las imágenes más icónicas de la peor catástrofe sufrida por Santa Fe en toda su historia, en una nueva presentación de “Sin defensa. Reportaje fotográfico de la inundación de Santa Fe de 2003”, de José Almeida.

“Estaban solos. Abandonados por el Estado. Vecinos con vecinos. La sensación de haber perdido todo era muy fuerte. Las fotos, los recuerdos, los vestidos de casamiento. Los cuadernos de los chicos, sus primeros documentos, sus primeros guardapolvos. Décadas de historias tiradas a la calle”. Estas son algunas de las palabras con las que José Almeida prologa su libro “Sin defensa. Reportaje fotográfico de la inundación de Santa Fe de 2003”, editado por Pausa y Ediciones UNL en 2023, y cuyas imágenes se proyectaron en una presentación que tuvo lugar este 25 de abril en el Espacio de Memoria Ex Comisaría 4ª, sito en Dr. Zavalla 2498 de la capital provincial; presentación encabezada por su autor y coordinada por el director de nuestro periódico, Ezequiel Nieva.

Fue una jornada para recordar, o más bien para no olvidar(se). A 23 años de la peor catástrofe sufrida por Santa Fe, el ejercicio de la memoria es algo que no podemos darnos el lujo de dejar de hacer. Las imágenes pasaban por el proyector, a cuál más dolorosa y contundente. Algunas generaban en el público un silencio angustioso. Otras, un murmullo de indignación. Porque “estaban solos”. Los protagonistas de esas fotos, de esos recuerdos imborrables, de esa demostración brutal de la desidia del Estado, estaban solos. Y así se los veía en cada píxel que mostraba la pantalla.

Sin defensa
Foto: Esteban Alfaro.

"Sin defensa" y la memoria

José Almeida es un tipo tímido, de pocas palabras. Probablemente sienta que estos eventos no se le dan bien. Pero también es un tipo que entiende de empatía. Que pone el ojo y el corazón donde tienen que estar, y allí decide pertrecharlos. Él sabía, en ese mismo momento, que estaba viviendo un momento histórico. Y más de dos décadas después —lo dijo él mismo— reconoce que nunca vio nada igual. “José es un periodista que trabaja con la cámara de fotos, un reportero gráfico de vasta experiencia y recorrido en medios de Santa Fe, de la región y nacionales. En el momento en que ocurrió la inundación de 2003, él trabajaba como corresponsal para los diarios Clarín y Olé”, comenzó su presentación Ezequiel Nieva. Y completó: “Pero además de ser un gran fotógrafo y un gran reportero, es una persona muy generosa y muy comprometida con su comunidad, con la ciudad, con las cosas que estaban pasando en ese momento y que él sintió la necesidad de retratar. Y comprometido y generoso también con colegas un poco más jóvenes. Cuando arrancamos la edición del Periódico Pausa en el año 2008, él nos acercó y nos dio buena parte de este material que fue exhumando con el paso de los años. Muchísimo de lo que vamos a ver ahora es material que era inédito hasta que se empezó a publicar en el periódico Pausa, en la página web también y luego en este formato de libro que editamos junto a la UNL”.

Con seguridad, uno de los instantes que más golpeó la memoria colectiva, a flor de piel durante el evento, fue aquel en el que se mostraron las imágenes del Hospital del Niños Dr. Orlando Alassia, ese orgullo que tenía Santa Fe y que en pocas horas, nuevamente por desidia estatal, quedó tapado del líquido barroso y maloliente del Salado, para nunca más volver a ser el mismo. “Es una locura absoluta porque se sabía que si eso pasaba el terraplén de la vía de atrás, se iba a tapar de agua, y [el nosocomio] se vació recién a las 3 de la tarde”, relató Almeida, mientras en el proyector se deslizaban imágenes de cientos de vecinos comprometidos (ya inundados ellos mismos) tratando infructuosamente de salvar el efector con bolsas de arena, y chiquitos internados siendo sacados por personal médico en ambulancias con agua hasta arriba de las ruedas.

Sin defensa
Foto: Esteban Alfaro.

En ese mismo momento de la presentación aparecieron las fotos de quien el pueblo inundado y el no indolente apuntan como el responsable máximo de la inundación de 2003: Carlos Alberto Reutemann. De elegante y seco imperbeable, el por entonces gobernador mira con ojos perdidos a la cámara, con las rejas del hospital, y el río ya metido en el barrio, como fondo. En otra de las imágenes, el protegido eterno de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe aparece con un celular (privilegio que pocos en esa época analógica detentaban), siendo increpado por una vecina sobre las personas que están en peligro ahí cerca, “criaturitas” algunas de ellas con riesgo de muerte.

La jornada finalizó con la participación del público. Porque afortunadamente, son muchos los ojos y corazones aún pertrechados. “A 23 años, las imágenes nos siguen conmoviendo”, expresó una mujer de la audiencia. “Y quisiera que al menos los santafesinos pudiéramos comprender, primero, que siempre es el pobre el que está expuesto a cualquier tragedia. Y los de la clase media baja, la clase trabajadora, podríamos decir. Y otra cosa que también deberíamos tener claro fue la complicidad del poder. Del gobernante de ese momento, [Reutemann], que fue elegido senador, con la Justicia”.

Y son muchos los que acompañan, y se comprometen. Y así, en el ejercicio de la memoria, muchos otros ya no están solos. Lo dijo Milagros Demiryi, querellante de la causa Inundación, ya terminando el evento. “Uno va comprendiendo que la memoria se construye y que son muchas las memorias que hay que ir hilvanando. Yo reivindico personalmente que acá hubo lucha. Que acá no nos quedamos llorando adentro de nuestras casas. Que salimos y que salió mucha gente que nunca había luchado por algo. Y esto es un salto importante”.

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