Este viernes identificaron a Graciela “Monina” Doldán, cuyos restos estaban en una fosa común de La Perla, uno de los Centros Clandestinos de Detención más importantes de Córdoba. El Ejército la secuestró el 26 de abril de 1976. Era una de las fundadoras de Montoneros en Santa Fe.
Por Lucía Lucero
Graciela “Monina” Doldán fue abogada y fundadora de la organización Montoneros en Santa Fe. Estuvo detenida en el ex Centro Clandestino de Detención “La Perla”, en Córdoba. Permaneció desaparecida hasta el viernes pasado, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) junto al Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial, identificaron sus restos y el de otras 16 personas en la Loma del Torito.
En usted me despido de toda la humanidad
Así le dijo Graciela María de los Milagros Doldán o “Monina” como la llamaban, al milico que la iba a fusilar. Se lo dijo de frente, de cara al sol en plena siesta, en febrero de 1977. También pidió que le quitaran la venda, la mordaza y las esposas mientras se dirigía hacia el pelotón de fusilamiento. Se fumó un cigarrillo, abrazó a su verdugo y le explicó que para ella era algo muy serio, era la última persona que vería con vida.
Ese día, Monina intuyó que la iban a matar. No durmió la siesta como siempre después de comer y manifestó que prefería usar sus últimas horas de vida para pensar. Antes de que se la llevaran vio a su compañera de celda llorando y le encomendó: “te van a venir a ver después de que me maten para regodearse con tu llanto, por favor no llores, no les des el gusto”.
Graciela “Monina” Doldán nació el 19 de agosto de 1941 en Santa Fe. Era abogada y militaba en Montoneros. Estuvo detenida en el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “La Perla”, en Córdoba. Permaneció desaparecida hasta hace unos días, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó que esos fragmentos de restos óseos, diminutos, mezclados junto con el de otras 29 personas en una fosa común, le pertenecían. En marzo ya se había identificado a 12 personas, se suman ahora 17 más.
La historia de Graciela "Monina" Doldán
Monina provenía de una familia católica, era hija de Roberto Raúl Doldán e Irma Lidia Caila y fue la mayor de cinco hermanos. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Nuestra Señora del Calvario. Durante esos años, el Padre Catena fue nombrado capellán del Colegio y Monina se dejó cautivar por el cura tercermundista que encarnó la opción por los pobres en la ciudad. A partir de ese momento comenzó a realizar tareas barriales en Acción Católica.
En 1958 ingresó a la carrera de Abogacía en la Universidad Católica y en cinco años se recibió. Durante ese periodo fue presidenta de la Acción Católica Universitaria (JUC) y trabajó en el Centro de Estudiantes de Derecho. En 1967 fundó la Agrupación de Egresados, en plena efervescencia de la lucha obrero estudiantil. También montó un estudio jurídico y se dedicó al derecho laboral. Fue abogada voluntaria en la CGT e integró la Asociación de Abogados, que se destacó por la defensa de presos políticos y por poner el ejercicio del Derecho al servicio de los sectores más postergados.
En 1968 participó de la huelga de hambre organizada por el Centro de Estudiantes de la Universidad Católica, en apoyo a distintos reclamos estudiantiles. Monina se sumó al ayuno y estuvo con el grupo inicial que luego daría origen a Montoneros en Santa Fe. Según analiza Lucas Lanusse en su libro Montoneros, el mito de sus 12 apóstoles los inicios de la agrupación político militar en la ciudad fue una convergencia entre jóvenes de la agrupación Ateneo Universitario, el Movimiento de Estudiantes de la Universidad Católica y la Acción Sindical Argentina, como así también militantes con trayectorias diversas, pero que en su mayoría estuvieron fuertemente relacionadas con el compromiso de un catolicismo renovador.
Monina en Montoneros
“Monina, la gorda, la petisa, o la gringa, como le decíamos, era un personaje radiante, encendido. La dejabas hablar y no sólo te sonreía, en unos segundos te había enroscado la víbora diez veces, conquistaba a propios y ajenos. Cuando estábamos un poco golpeados nos levantaba el autoestima, era la que sostenía y contenía, donde iba armaba familia. Nos deslumbró con su formación política y organizativa” comentó Antonio “Toni” Riestra, en diálogo con Pausa.
El ex diputado nacional y ex preso político, junto con su hermana Dora María del Carmen Riestra, fueron compañeros de militancia y amigos de Monina y de su familia.
“Me acuerdo cuando se recibió Monina y montaron un estudio jurídico con su socia, Lilita Martinez, en la intersección de 25 de Mayo y Lisandro de la Torre. Una vez ingresaron dos trabajadores a la oficina y le contaron a la petisa que el dueño del circo en el que laburaban se quería retirar de la ciudad sin pagarles el sueldo. Monina le embargó el león al dueño del circo y el león terminó en la jefatura, los policías no entendían nada, no sabían qué hacer” expresó entre risas.
“Las apodaban Las Amazonas", comentó sonriendo en referencia a la dupla de su hermana Dora y Monina y al rol que ambas tuvieron en la fundación y la dirigencia de Montoneros en la ciudad. Monina fue la primera mujer que no ocupó un lugar de logística dentro de la organización y que fue aceptada como un cuadro militar.
“Toni” intenta trazar un mapa que ayude a reconstruir parte de la militancia de Graciela: fechas, nombres, lugares, discusiones, debates, amores. La vida se concentra en unos pocos años, una sucesión vertiginosa de hechos que dan cuenta de la complejidad de la vida política del país por esas décadas y la dificultad de abordar la historia de un personaje como Monina, de una sola forma, sin claroscuros, en tan poco tiempo y espacio.
En febrero de 1971 la situación no dio para más y Monina pasó a la clandestinidad. Primero rumbeó para Buenos Aires y luego se instaló definitivamente en Córdoba, donde un tiempo atrás había conocido a su pareja, José “el negro” Sabino Navarro.
Después de la caída de su compañero, adhirió a la crítica de la cúpula de la organización. Esto le valió un par de “juicios revolucionarios” y castigos. Estaba en contra del foquismo que los marginaba de la práctica política y del militarismo que impedía cualquier tipo de debate, se cansó de las conducciones estériles alejadas de las bases. Fue entonces cuando lideró la formación Sabino Navarro en tierras cordobesas. A principios de 1975 cuando la facción se auto disolvió, volvió a Montoneros convencida de que era la única opción que le quedaba.
“La crítica a la conducción se sostuvo, lo que no se pudo sostener fue la militancia política. Nos fueron aislando, a medida que aumentaba la represión disminuía nuestra capacidad de militar políticamente. Montoneros fue una opción” explicó Riestra y agregó: “Monina cayó con un arsenal, me niego a presentarla como una pastora, como una criatura que no sabía lo que hacía. Fue un cuadro político militar, perseguido políticamente y que resistió desde y hasta donde pudo los embates de un sistema represivo que inició mucho antes de 1976. No fue sólo una abogada gremial o una defensora de los más humildes, fue un cuadro político militar de la época que asumió todas estas responsabilidades juntas”.
La Perla
El 26 de abril de 1976, miembros del Grupo de Operaciones Especiales la secuestraron en su departamento ubicado en la calle Entre Ríos 85, de la ciudad de Córdoba, junto a su amiga Rosa Dory Maureen Kreiker. Horas antes, los milicos habían montado una “ratonera” para sorprenderla. Luego las trasladaron al Centro Clandestino de Detención “La Perla” . Monina permaneció 10 meses en cautiverio antes de su fusilamiento. Tenía 34 años cuando la mataron.
“La Perla es en extensión lo que son tres veces el Campo San Pedro” declara Toni, para intentar dar cuenta de la inmensidad de los predios del Tercer Cuerpo del Ejército cordobés. Fue uno de los Centros Clandestinos de Detención Tortura y Exterminio más grande del interior del país. Comenzó a funcionar con el Golpe de Estado el 24 de marzo de 1976 hasta fines de 1978. Se estima que en ese período permanecieron en cautiverio entre 2200 y 2500 personas, la gran mayoría continúan desaparecidas.
En estos días, en el marco de las excavaciones realizadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), junto al Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de Córdoba y bajo supervisión del Juzgado Federal N°3, se confirmaron la identificación de 17 nuevas víctimas.
Los restos fueron hallados en una fosa común en la zona conocida como Loma del Torito, dentro de la Guarnición Militar de La Calera. Este martes, el juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja encabezará una conferencia de prensa para informar el listado completo de las identidades recuperadas, que ya suman un total de 29.










