El ejercicio de imaginar los "tiempos de revolución" en Santa Fe

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En el marco de la colección "Entre los libros de la buena memoria", "Tiempos de revolución" de Andrea Raina es un estudio de la historia reciente argentina sobre las militancias de los años 70 en Santa Fe, desde una perspectiva que entrelaza historia local, memorias y política.

Tiempos de revolución es mucho más que un libro que reconstruye el surgimiento y las acciones de las organizaciones político-militares en Santa Fe. También es un estudio fascinante sobre las historias de militancias de jóvenes santafesinos y santafesinas que buscaron la transformación radical de la época que les tocó vivir.

A través de un arduo trabajo sobre archivos y testimonios orales, Tiempos de revoluciónde Andrea Raina invita a conocer, reflexionar e imaginar sobre las acciones y la lucha de mujeres y hombres militantes entre 1969 y 1973. Además, nos lleva a seguir pensando sobre aquellas expectativas revolucionarias, mientras nos toca transitar un contexto en el que la capacidad para proponer una visión transformadora de la actualidad parece lejana.

El libro forma parte de una colección de e-books denominada "Entre los libros de la buena memoria", llevada a cabo por las Universidades Nacionales de La Plata, Misiones y General Sarmiento, con el objeto de difundir trabajos de investigación originales e inéditos, producidos en el seno de universidades nacionales y otros ámbitos académicos, centrados en temas de historia y memoria del pasado reciente.

Bajo la modalidad Open Access, la colección da a conocer los valiosos avances historiográficos registrados en dos de los campos de estudio con mayor desarrollo en los últimos años en nuestro país, como lo son los de la historia reciente y los estudios sobre memoria.

Andrea Raina es Doctora en Historia (UNLP), Licenciada en Historia (UNL) y Becaria Posdoctoral (CONICET). Se dedica a investigar temas de historia reciente en Argentina, especialmente, en el campo de las militancias políticas. Actualmente, es docente en la Cátedra Historia Social Argentina (FaHCE/UNLP), es fotógrafa y dialogó con Pausa sobre la publicación de su libro Tiempos de revolución.

—En términos generales, tomaste el caso de la ciudad de Santa Fe, que es una escala local. Lo interesante que vos plasmás en el libro es que no solamente se observan diferencias respecto de otros estudios sobre Montoneros en otras provincias, sino que también el caso de Santa Fe es importante porque fue como un eslabón central en algunas de las actividades político-militares. ¿Por qué elegiste el caso de Santa Fe?

—Lo primero tiene que ver con que soy de Santa Fe. Venía estudiando a Santa Fe desde la tesina de grado. Partir del plano de donde soy y que me interesa. Pero después, cuando realmente empecé a estudiar las fuentes y la bibliografía, además de distintas fuentes que me fui topando de Montoneros en la ciudad y sobre los orígenes, descubrí que la ciudad pasó de ser ese telón de fondo a ser una clave de estudio. Primero, estudio Santa Fe porque quiero saber qué pasó en la ciudad donde nací, crecí, estudié y donde había un contexto del movimiento de derechos humanos, que fue lo primero que estudie de la mano de Luciano Alonso. Cuando yo empecé a estudiar estos temas, ingresé más por el lado del movimiento de derechos humanos. Ahí, al hablar con estos familiares, me daba cuenta que ellos no solamente hablaban de su experiencia, sino que hablaban de los desaparecidos, de quienes habían militado y habían desaparecido. Darme cuenta que había muchas cosas que habían pasado en la ciudad fueron los primeros indicios del interés. Después, al empezar la investigación, al ver las primeras fuentes que fueron tanto las entrevistas orales a los ex militantes como los diarios de la época, pero también los informes de inteligencia que pudimos obtener del Archivo Provincial de la Memoria, empecé a ver la relevancia que había tenido esta organización en particular, Montoneros, en la ciudad. Esa relevancia partía del hecho de los orígenes —dónde se conocieron, quiénes eran, cómo empezaron a militar— hacía de Santa Fe un semillero de militantes. Santa Fe fue por sus instituciones, sus ámbitos de sociabilidad, cómo influenció el catolicismo posconciliar en el ámbito universitario y en la educación secundaria, cómo esos curas, que a la vez eran los mismos que fueron los curas tercermundistas, generaron esta Pastoral Barrial de la que se habla, que fue como esta forma de llevar la conciencia a la clase media de lo que vivían los sectores populares. Todo eso más la movilización social y política, la radicalización política del momento, y en el ámbito sindical también, hizo que la ciudad sea un escenario de mucha activación, que termina en la conformación de esas primeras células armadas que van después a integrarse a la organización, a Montoneros. Siguiendo a otros autores que vieron el estudio de Montoneros de sus inicios como Lucas Lanusse, él hace este recorrido: va uniendo distintos grupos. Primero, une a los grupos de Buenos Aires con el de Córdoba, y como tercero, se une Santa Fe. Pero antes de unirse Santa Fe como grupo, ya Santa Fe desde el lugar de las células y esos grupos "protomontoneros" ya habían tenido participación activa en la segunda acción más importante de Montoneros que fue la toma de La Calera en Córdoba. Entonces, Santa Fe se muestra como un semillero de militantes, y después se muestra como un lugar de refugio y de relocalización de militantes a nivel nacional. Reciben a los militantes de Córdoba y luego los reubican a distintas regionales. Todo eso antes de la acción importante que ocurre en Santa Fe que fue la toma de San Jerónimo Norte en 1971, que también fue un hecho dicho por los medios como "espectacular". Lograron obtener las armas que necesitaban para ese momento. Lograron un accionar muy estratégico y muy rápido, y lograron salir indemnes de eso. Son esos inicios de Santa Fe, que es antes del '68 o '69 hasta el '71 como esos inicios de la organización, porque en Santa Fe, Montoneros firma como Montoneros recién en el '71. Esos inicios mostraban una articulación muy importante, que también se explica desde las familias que estaban participando. Porque directamente había familias que estaban articulando regionales, como los Molinas. También otros militantes que articulaban el norte de la provincia con la ciudad de Santa Fe. También es una ciudad de rango medio, de escala media, donde funciona bastante el "nos conocemos todos" y donde esos ámbitos se entrecruzaban. Las redes se comienzan a tejer sobre las redes afectivas. Eso es parte de las hipótesis que trabajo: de decir que la afectividad, el conocerse, el ser amigos, el ser familia o ser pareja, tener vínculos afectivos, permitió la expansión de esas redes de militancia.

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Andrea Raina, autora de "Tiempos de revolución".

—Es algo que otros estudios, no necesariamente sobre el mismo caso, de escala local suelen mostrar que ese factor incide mucho, que tiene que ver con la cercanía y la proximidad. De cómo influye en la interacción, en los entramados sociales.

—Sí. Si pensamos solamente cómo estaban ubicados en la ciudad el Comedor Universitario, los Colegios Mayores, la FIQ, que fue una de las facultades con más cantidad de militantes de estas primeras épocas, con la Escuela Industrial. Todos esos espacios funcionando cerca, estando entre los bulevares de Santa Fe, donde esa circulación de militantes era constante, hacía un espacio de sociabilidad muy activo. Y también los cruces, no solo por el espacio físico, sino también por, por ejemplo, los estudiantes secundarios haciendo una reunión en el sindicato de Sanidad. Todos los cruces de ámbitos, de intereses y de apoyos de las acciones que hubo en esa época. Esa cuestión, que sea una ciudad en la que un poco se conocen todos, que los espacios quedan cerca, los ámbitos se entrecruzan, hacen que la red de militantes, de alguna manera, se forme, se expanda y que sea un poco más consolidada en ese primer tiempo. La ciudad pasó a ser parte de la explicación de por qué Montoneros en Santa Fe tuvo esas características. No es un telón de fondo, es parte de esa explicación. Es una de las cuestiones por las cuales hacer historia local también tiene sentido. No solo para explicar un estudio de caso, sino decir que hay características de los lugares que explican las formas que tomaron en esos lugares las experiencias. A mí me interesaba hablar de las experiencias militantes en Santa Fe, teniendo en cuenta la expectativas de esos militantes en la época. Por eso, me parecía muy importante tratar de llegar a comprender qué es lo que querían hacer, cómo lo querían hacer. Por eso, las entrevistas orales tienen un peso en el libro y en el estudio, porque tiene que ver con la perspectiva de los actores.

—En el libro planteás una problematización de la violencia política desde lo que llamás como nuevos marcos, ya que te interesa poner en cuestión esta idea de que la violencia política fue el "rasgo crucial" de los 70, como apuntan algunos estudios. ¿En qué sentidos pensás que eso queda constatado en este trabajo?

—El debate con esos trabajos, con esa perspectiva historiográfica, pero también política, de considerar que los 70 son los años de la violencia política, como si fuera un rasgo de la época y no explicarlo, trae aparejado conclusiones que llevan a condenar directamente esa experiencia de los 70. De condenar esa experiencia de la lucha armada como si no tuviera ninguna explicación histórica. Lo que a mí me interesaba de debatir con esas posturas es decir que para hablar de violencia política primero hay que explicarla, hay que entender a qué nos referimos. Yo elijo hablar de organizaciones político-militares (OPM) y no de organizaciones armadas simplemente, porque al definir como OPM estoy reivindicando la cuestión política sobre la militar que estas organizaciones también tenían. La lucha armada fue una elección de un medio para un fin que era el socialismo y un cambio revolucionario. No era un fin en sí mismo. Creo que lo que hacen los estudios que terminan con esta conclusión que fueron épocas de violencia política, primero, engloban al concepto de violencia política tanto la violencia política estatal y paraestatal como la violencia revolucionaria, y eso ya de por sí teóricamente e históricamente hay que diferenciarlo. A mí me interesaba explicar la experiencia de la militancia revolucionaria en esos años. Decir qué hicieron, cómo lo hicieron, por qué lo hicieron. Esos tipos de preguntas me implicaba tratar de meterme de lleno en esa subjetividad y en esa experiencia político-militar y militante, tratar de entender sus motivaciones, entender el contexto. Bueno, ellos actuaron en otra dictadura. Cuando se abrió la posibilidad de la salida democrática, llevó toda una crisis en las organizaciones y de definición de qué hacer frente a esa apertura democrática. Sin embargo, ninguna de las organizaciones de ese momento decidió que había que dejar de actuar con lucha armada. Ninguna decidió que la salida democrática era el fin, porque no habían llegado a ese momento. Fundamentalmente, ese tipo de posturas se debaten con explicaciones históricas. Por eso, para mí era importante hacer un estudio local, porque la historia local lo que te permite es profundizar en preguntas más grandes. Es difícil plantear una explicación panorámica muy general si no profundizo en los actores, en la época, quiénes eran, qué hacían, dónde estaban. En ese sentido, la historia local permite dar respuesta. Como te decía, las claves eran pensar la experiencia militante y pensar en la expectativa de la época. Tratar de no generar los anacronismos que es estudiar una época con los ojos de otra época. Los 70 fueron vistos desde la democracia, desde la perspectiva de la narrativa humanitaria, como dice Crenzel, que tiene que ver con ver a la lucha revolucionaria desde los ojos de la democracia, que en realidad no le hacen justicia. Genera anacronismos.

Tiempos de revolución

—En el estudio presentás como factor crucial el contexto para pensar el marco de acción de la militancia. Un ejemplo que me pareció muy claro es la lucha por el medio boleto, porque a pesar de haber logrado un objetivo sin involucrar una acción militar, muchos de los protagonistas de esa lucha luego se sumaron a las OPM. ¿Cómo se explica eso en ese contexto?

—La lucha del medio boleto fue en 1972, y justamente, en el ciclo que yo estudio que es del '69 al '73. 1972 fue el pico ascendente de la movilización en distintos sectores de un activismo social que superaba las acciones político-militares. Entonces, la lucha del medio boleto que fue llevada adelante por jóvenes de secundarias fue una lucha reivindicativa sectorial, pero enmarcada en un ciclo, en un año cargado de movilizaciones y de acciones. Es contemporáneo casi a la lucha de los municipales, que terminó en el "Manzanazo". Incluso, hay solidaridades entre ellos. El activismo de esa época fue muy grande y, con ese ejemplo que vos me das, ahí es donde se explica el nivel de participación y radicalización política. Algunos lo han dicho en las entrevistas: era un paso, de alguna manera, "natural". De decir "bueno, ¿dónde se sigue militando?". Las personas que estaban interesadas y ya estaban luchando se ven experiencias disímiles, pero muchos pasaron a la militancia político-militar, no solamente en Montoneros o en FAR, también había organizaciones de izquierda marxista, había militantes de la parte secundaria del ERP, había estudiantes del PC. Era parte de ese momento. Ahí parece que la época atravesaba todo y la política atravesaba todos los aspectos de la vida. Justamente, ahí había un pico de movilización de otros sectores sociales y más de baja de las acciones político-militares. Ya para el '72 vienen siendo cada vez menos, porque ya habían abierto sus organizaciones de superficie. También el contexto del Gran Acuerdo Nacional, del "Luche y Vuelve", y del crecimiento de la Tendencia Revolucionaria, ese gran paraguas de identidades peronistas.

—Hablando también de contextos, y tiene que ver con algo que vos manifestás casi en el inicio del libro, que considerás que tuvo un impacto el contexto que estamos atravesando en la producción de este libro. ¿En qué sentido sentís que tuvo un impacto?

—En principio, yo escribí la tesis doctoral en un período largo, donde hice entrevistas entre el 2015 y el 2022. La mayoría las hice entre 2016 y 2017, y siempre muy en contacto con los entrevistados. En el momento de la entrevista les pregunté, porque para mí era importante, escribir sus nombres reales, también como parte de la metodología que usamos de la historia oral. Tenía el acuerdo para usar en la tesis todos los nombres de ellos y poder escribir sin ningún problema. Cuando me entero que el libro va a salir publicado en este contexto, yo les vuelvo a preguntar a todos los entrevistados si ese compromiso continuaba así o querían que use un apodo o que ponga otro nombre cualquiera. Y todos me contestaron que sí. Me contestaron que continúe con el uso del nombre. No solo me contestaron eso, sino que me mandaron unos mensajes de compromiso militante que emocionaban. Diciendo: "Sí, ya estamos acá", "Continuamos en la lucha". Otros diciendo: "Yo sigo siendo montonero" (risas). Para mí eso fue muy importante. En el contexto que estamos viviendo hoy no solamente de negacionismo de lo que fue el terrorismo de Estado y la dictadura, sino también de defensa en algunos casos. No solo por Villarruel, sino por todo el Gabinete o el equipo de gobierno. Para mí, que no gane el miedo y que gane el compromiso militante, aún cuando hay versiones de que pueden suceder cosas con los 70 y el avance de los grupos de "memoria completa". En ese contexto, me pareció muy importante que el compromiso sea seguir contando la historia de la militancia.

—¿De qué modo pensás que este libro es un aporte contra la simplificación que se da en la actualidad sobre la lectura de ese contexto?

—Yo creo que si el libro sirve para poder adentrarse en esas vidas que atravesaron esa época, que también trato de explicarla en el libro, de ponerse en la piel de esos jóvenes que tuvieron esa disposición y ese compromiso militante. Si se puede tratar de comprender la expectativa revolucionaria que había en ese momento. Se llama "Tiempos de revolución". Ese título tiene que ver con acercarnos a la experiencia histórica argentina donde más cerca estuvimos en generar un cambio en la historia reciente. Donde más cerca se estuvo de generar un cambio revolucionario en una época, con un montón de ejemplos latinoamericanos del mismo tenor. Si de alguna manera con el libro se pueden acercar a esas biografías insurgentes, a esas épocas de movilización, y que fueron en contexto totalmente adversos. Si el libro te ayuda a acercarte a esas experiencias de militancia en contexto dictatorial, en el que igual se movilizó y se luchó para cambiar las cosas. En este contexto, donde hay bastante inmovilización, que no estamos a la altura de los golpes que nos están dando como clase trabajadora y en los distintos sectores, puede ser una inspiración pensar en una época donde la gente luchó y puso mucho más por cambiar las cosas, y nosotros estamos viendo represiones muy duras en la calle. Económica y mentalmente nos están destrozando en un montón de sentidos. En este momento donde no tenemos expectativas de futuro, pensar y recuperar de la historia estas expectativas, estos ideales y también esta acción, que hubo una puesta del cuerpo en esas ideas, me parece que puede traernos algo, de un futuro diferente.

—El último capítulo me parece que tiene una discusión de extrema actualidad: lo revolucionario. El desenlace de ese contexto, que generó eso que mencionás en el libro del "paradigma melancólico", y una herida en la subjetividad militante, parece que tiene rastros que exceden a los sobrevivientes de aquella época y continúan estando presentes en formas de vivir las militancias actuales. ¿De qué manera sentís que eso perdura en los modos de hacer política y las militancias de la campo de la izquierda en la actualidad?

—La melancolía de la izquierda, como dice Enzo Traverso, no solamente la podemos rastrear en las y los sobrevivientes de los 70, sino en varias organizaciones y movimientos de izquierda, porque creo que una de las críticas que más se le hacen a la izquierda es qué podés proyectar para adelante, cuáles son los programas. Me cuesta hacer esa crítica, porque pienso que políticamente hoy la izquierda está muy presente en las calles, en el Congreso mismo. Bueno, una parte de la izquierda. Sí hay algo de la melancolía que tiene que ver con un cambio de paradigma general en lo que llamamos régimen de historicidad, que es cómo percibimos el tiempo. Cómo percibe la sociedad el tiempo histórico. En esta época tenemos un régimen de historicidad del presentismo. Lo que se instaló a partir de la caída del Muro del Berlín, donde una de las opciones de la Guerra Fría se cayó y todo lo que quedó es derrota. Todo lo que antes podíamos pensar como un pasado de lucha revolucionaria, se transformó en un pasado de derrota. Ese cambio de paradigma que nos afecta a nivel epocal, de Occidente sobre todo, es lo que afecta nuestro modo de ver, de concebir, de imaginar y proyectar. Ese problema de no poder pensar esos futuros posibles. Entonces, un poco esa idea de rescatar, reconstruir y revisar esa lucha revolucionaria tenía que ver un poco ir en contra del paradigma de la derrota. No solo hablemos de la represión, que sí hay que hablar, y sobre todo hay que seguir hablando en estas épocas que hay un marco de negacionismo, y que seguimos luchando por justicia. Pero esto de poder pensar las luchas es lo que falta, de alguna manera. Falta que sea de manera motivadora. Cómo salir de ese paradigma de melancolía. Que las luchas del pasado nos inspiren para un futuro posible.

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