Reeditado por Azogue Libros y con prólogo de Dora Barrancos, "Líbranos del mal", de la periodista entrerriana Sandra Miguez, reconstruye las denuncias de abuso en el Convento de Carmelitas Descalzas de Nogoyá y expone las tramas de poder, violencia y silenciamiento sostenidas por la Iglesia Católica. Esta tarde se presenta en Paraná, en la Facultad de Ciencias de la Educación.
"Líbranos del mal", escrito por la periodista feminista paranaense Sandra Miguez, es una obra que expone el poder de la iglesia en nuestras latitudes, a través de la reconstrucción narrativa de las denuncias de abuso en el Convento de Carmelitas Descalzas de Nogoyá, provincia de Entre Ríos.
El libro trasluce las paradojas que se cuelan entre la devoción, la violencia y los abusos de poder. Narra una historia asentada en el sadismo, el placer de la vigilancia, el goce ante el castigo corporal de las subalternas, el dogma entrelazado a la fantasía de acercarse a su dios mediante la flagelación, el sometimiento, la negación de sí, la humillación y la tortura.
Editada por segunda vez por Azogue libros y prologado por ni más ni menos que Dora Barrancos, la publicación relata un caso minado de irresponsabilidades e impunidades, con nombres conocidos como el juez Carlos Rossi -acusado de mal desempeño por haber concedido libertad condicional a Sebastián Wagner, femicida de Micaela García en 2017-, el monseñor Juan Alberto Puiggari, quien fue arzobispo de Paraná hasta su renuncia el año pasado, y por supuesto la protagonista de esta saga: Luisa Ester Toledo, autora de los abusos, vejámenes y torturas hacia las monjas del Carmelo de Nogoyá.
Sandra Miguez recompone la historia de Luisa, contextualiza sus prácticas de violencia en el marco de un orden social, un orden de clase, de género y de tutela de la iglesia. Enmarca su propensión a la vigilancia y el castigo en la paranoia propia de su posición de poder.
En un reinado de secretismo y hermetismo tras las paredes del convento, una arquitectura de encierro y aislamiento incorporaba, bajo el mando de Luisa, modernas cámaras de vigilancia para controlar los comportamientos de las monjas. Sin redes de wifi ni comunicación alguna con la sociedad y la cultura contemporánea, lo que se presentaba para algunas monjas como un refugio donde cultivar la virtud y la santidad, constituía en cambio una prisión donde la humanidad se reducía a la servidumbre. Mediante la repetición banal y forzosa de tareas domésticas, cada mínimo resquicio de voluntad, agencia y comunicación de las monjas era castigada por la priora.
Parece una distopía contemporánea que en el país donde el neoliberalismo y la racionalidad instrumental -así como sus iglesias pentecostales- se presentan como ganadores de la batalla cultural, pervivan instituciones de encierro asentadas en la privación de libertad y los tormentos propios de la Iglesia Católica del medioevo. Con reglas, códigos y convenciones sostenidas por fuera de cualquier constitución nacional de las democracias modernas y los derechos humanos, un convento emplazado en una pequeña ciudad de provincia depende del Papa, por el verticalismo abismal de la Iglesia Católica. Y en medio de la enorme distancia (geográfica, patrimonial, política) entre Nogoyá y el Vaticano, que habilitaban el desconocimiento de Papa Francisco (Jorge Bergoglio), el libro pone de manifiesto la ignorancia y ajenidad por parte de los propios vecinos del pueblo ante lo que sucedía en el Carmelo.
Pero entonces, ante tanto hermetismo, Sandra destaca el papel fundamental de la prensa regional en la denuncia y el caso: la posición del semanario Análisis de la actualidad de Paraná y un periodismo con agallas que devela lo irrevelable. Asimismo, narra las acciones de la red de colaboradores (familiares, curas locales) para visibilizar los abusos y conseguir la salida de las monjas denunciantes del Convento. Líbranos del mal
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La obra narra a la vez la dificultad de escapar de la prisión del alma, de la vigilancia y la creencia en la vigía, en este caso, la priora del convento. Los testimonios que Sandra recoge del juicio mantienen un aura de temor, cuidado, silencio y secretismo ante las prácticas llevadas a cabo en el convento, donde los discursos de denuncia se asemejan más a la confesión que a la declaración judicial. Presenta la postura acrítica, negadora y servil de otras monjas que fueron testigos de los abusos: un comportamiento sectario, unido al despotismo y sadismo de la priora, sostenido por un séquito que la acompañaba y sostenía, quizás por una mistura de miedo, ignorancia, masoquismo, dependencia y goce. El choque entre el mundo administrativo estatal (el poder policial y judicial) con el del convento implica una escena surreal de monjas cantando salmos a viva voz mientras la policía allanaba el sitio. La narración de Sandra demuestra que las monjas podían reconocer la violencia policial, por ajenidad y distancia, pero no así el abuso eclesial, por formar parte ya de su subjetividad colectiva.
Pero entonces, cabe preguntarnos: después de años de sometimiento, clausura, incomunicación, servidumbre, ¿adónde van las monjas cuando salen de la Iglesia? Son mujeres maduras, sin ningún capital económico ni patrimonial. Sandra expone el tipo de violencia propia del caso: la violencia espiritual, basada en la manipulación, el temor, el sometimiento, la tutela mediante el uso de discursos y prácticas religiosas. Y nos obliga a interrogarnos sobre el género. Frente a la premisa patriarcal de dos tipos de mujeres: las buenas (santas y domésticas) y las malas (mundanas, públicas, de la calle), "Líbranos del mal" muestra cómo las mujeres supuestamente santas encargadas de cultivar la bondad de otras pueden ser violentas, abusivas y sádicas. Narra una historia de tortura contemporánea que se relaciona no sólo con la autora de estas violencias, Luisa Toledo, sino con posiciones, ideas y prácticas reiteradas en un contexto propicio para ello, donde la repetición de abusos se actualiza de generación en generación.
Mientras las mujeres malas ganan protagonismo en la prensa porque se salen de la norma de lo esperable y vehiculizan un halo de morbo, en la Iglesia Católica el silenciamiento continúa ganando frente a la opinión pública. Mediante una condena casi irrisoria de tres años de prisión para Luisa Toledo (y la reducción final de ésta a poco más de un año) el caso se cerró y no dio más que hablar. Por eso es tan importante presentar la nueva edición de este libro. Líbranos del mal
En "Líbranos del mal", la autora entreteje una narración de este caso y sus testimonios con teorías del lenguaje e historia cultural, a través de conceptos y citas donde resuena su paso por la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencias de la Educación, de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Incorpora obligadamente lecturas feministas que hablan de sus estudios por fuera de lo ofrecido por una academia que hasta el día de hoy considera a los estudios de género apenas como optativos.
*Investigadora Adjunta en CONICET y Profesora de las Tecnicaturas en Gestión Cultural y Producción Editorial de la Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Entre Ríos. Doctora en Comunicación Social por la UNR y Licenciada en Comunicación Social por la UNER. Directora del Grupo de Investigación Feminismo e Interseccionalidades de la Comunicación y la Cultura y de la Diplomatura en Estudios de Género, Comunicación y Cultura en UNER.










