Más de 300 organismos, organizaciones, expertos e instituciones presentaron una carta al Congreso Nacional para exigir una Ley Integral de Protección en Entornos Digitales, en un mundo en el que cada vez más marcos regulatorios avanzan en dicha dirección.

Más de 300 organismos, organizaciones, expertos e instituciones presentaron una carta al Congreso Nacional para exigir una Ley Integral de Protección en Entornos Digitales, en un mundo en el que cada vez más marcos regulatorios avanzan en dicha dirección. "La protección de niñas, niños y adolescentes en entornos digitales no puede seguir postergándose", afirmaron.

El comunicado está firmado por más de 300 instituciones, entre los que destacan organismos públicos como la Asociación de Defensorías del Pueblo de la Argentina, la Defensoría Nacional de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y el Consejo Federal de Defensores y Defensoras de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y organizaciones civiles, como Amnistía Internacional Argentina, Protección Digital, el Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de Políticas Públicas, la Mesa de Articulación de Niñeces y Adolescencias de Argentina, la Fundación Aula Abierta y Grow Género y Trabajo.

Las organizaciones piden "el tratamiento prioritario de una regulación integral para la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales, con obligaciones claras, preventivas y exigibles para plataformas, redes sociales, servicios de mensajería, videojuegos en línea y demás servicios digitales accesibles en nuestro país".
En esa línea, destacaron que "diversos países del mundo y de la región han regulado o están avanzando a paso firme" en dicha protección, tales como la Unión Europa, el Reino Unido, España en breve o Brasil.

"Argentina no puede seguir abordando este tema mediante respuestas fragmentadas, tardías o basadas casi exclusivamente en la autorregulación empresarial empresaria", explica el comunicado: "Los daños que hoy atraviesan niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales no son hechos aislados ni meros efectos colaterales del avance tecnológico: son, en gran medida, el resultado de entornos diseñados bajo lógicas de captación de atención, dependencia, perfilamiento y monetización de datos. Por eso, el problema no puede reducirse de manera simplista al 'uso de pantallas', ni confundirse con los usos pedagógicos o mediados de la tecnología. El foco principal debe ponerse en las plataformas algorítmicas, en sus diseños, en sus incentivos económicos y en los riesgos que producen o amplifican".

"Hoy niñas, niños y adolescentes enfrentan múltiples riesgos en línea: violencia digital, grooming, discursos de odio, difusión no consentida de contenidos, desinformación, acceso temprano a pornografía, apuestas, consumos problemáticos, dificultades para la desconexión y afectaciones al bienestar, la autoestima y la salud mental", enumera la carta. "Estos riesgos se intensifican en un contexto de desigualdad, sobrecarga de cuidados, debilitamiento de políticas públicas y profundas diferencias en las posibilidades reales de acompañamiento familiar y comunitario", agrega.

Desde el campo de la salud, las organizaciones plantean preocupaciones vinculadas a "la exposición temprana y su impacto negativo en las etapas críticas del desarrollo del niño, el impacto del uso inapropiado en la salud psicofísica de niños y adolescentes, el desplazamiento del tiempo de juego, los vínculos interpersonales y la actividad física y la incidencia en la salud del sedentarismo y la obesidad", entre otras.

"No se trata de excluir a niñas, niños y adolescentes del entorno digital, sino de garantizar condiciones compatibles con su dignidad, su desarrollo, su privacidad, su salud, su autonomía progresiva y su interés superior", resume la carta: "La respuesta no puede ser la inacción ni la prohibición como única herramienta, sino una regulación que reorganice el ecosistema digital desde el deber de cuidado, la prevención del daño y la responsabilidad empresarial".

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Algunos consensos básicos

Desde un aspecto propositivo, las organizaciones expresan algunos puntos clave que debería incorporar la nueva regulación: "Exigir que las plataformas y servicios digitales identifiquen, evalúen y mitiguen de manera integral todos los riesgos relevantes para niñas, niños y adolescentes; incorporar un principio claro de protección y seguridad desde el diseño y por defecto; y asegurar una protección reforzada para niñas y niños más pequeños, garantizando experiencias apropiadas para la edad y evitando que puedan acceder libremente a servicios o contenidos claramente inadecuados".

"Las familias, las escuelas, el sistema de salud y la sociedad civil cumplen un papel relevante, pero no puede seguir depositándose en ellas la carga principal de resolver un problema que nace, en gran medida, en el diseño mismo de los servicios digitales", remarca la carta. "La responsabilidad principal surge de las empresas de plataformas, y el Estado debe asumir un rol activo de regulación, control, monitoreo y sanción", continúa, añadiendo que "resulta imprescindible complementar la regulación con políticas públicas integrales".

Para las organizaciones, la nueva legislación debería basarse en nueve ejes: deber de mitigación integral de riesgos; seguridad desde el diseño y diseño apropiado para la edad; verificación de edad efectiva con protección de datos; límites al perfilamiento, a la publicidad dirigida y al uso intensivo de datos de menores de edad; transparencia y rendición de cuentas sobre algoritmos y sistemas de recomendación; evaluaciones de impacto y supervisión estatal efectiva; políticas públicas integrales en educación, salud y cuidado; participación de niñas, niños y adolescentes; y organismos de control y régimen claro de sanciones y mecanismos de cumplimiento.

"Regular no es censurar ni clausurar el acceso de niñas, niños y adolescentes al mundo digital: regular es poner límites al abuso, distribuir responsabilidades de manera justa y garantizar que la innovación tecnológica sea compatible con los derechos humanos", concluye la carta.

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