Europa está viviendo una serie de letales de olas de calor y para Sudamérica se prevén lluvias como las que provocaron las inundaciones de 1983 y 1998 ¿Cuánto tiene que ver El Niño? ¿Cómo se potencia en el marco de la crisis climática?
El Niño está en desarrollo y Europa atraviesa uno de los veranos más extremos de su historia reciente. En apenas seis semanas, el continente sufrió tres olas de calor sucesivas –la primera a fines de mayo, la segunda desde el 21 de junio y una tercera que comenzó la primera semana de julio de 2026– con temperaturas que en algunos puntos superaron los 40°C y noches “tropicales” que no bajaron de los 20°C.
La segunda ola de calor de junio dejó una estela de marcas históricas. En Hungría se registraron 42°C en la localidad de Szécsény, el valor más alto en la historia del país; Polonia y República Checa reportaron máximas absolutas provisionales de 40,5°C; Viena llegó a los 40°C bajo alerta roja; los Países Bajos tuvieron un nuevo récord nacional de 39,4°C con ocho provincias en alerta roja del servicio meteorológico KNMI; Dinamarca marcó 37,0°C en dos localidades; Suiza batió su récord de junio con 39°C en Basilea, y Eslovaquia llegó a los 41°C en Turna nad Bodvou, según informó el Instituto Hidrometeorológico Eslovaco. El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que se registraron más de 1300 muertes en exceso desde el 21 de junio vinculadas a las altas temperaturas en Europa, y que unos 150 millones de personas llegaron a vivir bajo condiciones de calor extremo, con escuelas cerradas y redes eléctricas bajo tensión.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) subrayó que Europa es el continente que se calienta más rápido del planeta, con un incremento promedio de dos grados en los últimos cincuenta años. “Las olas de calor como ésta son lo que esperamos ver en un clima que cambia”, advirtió John Kennedy, jefe de información climática de la OMM. En la misma línea, el organismo Copernicus –el servicio de vigilancia climática de la Unión Europea– calculó que el continente ya acumula 2,5 °C de calentamiento desde 1900, el doble de la media global.
A la ola de calor atmosférica se sumó una marina: las aguas del Mediterráneo y del Atlántico próximas a las costas europeas registraron anomalías térmicas de hasta 8°C por encima de lo normal, según datos de Copernicus. Ese “domo de calor” oceánico retroalimenta el que se forma en tierra, añade humedad nocturna y agrava la sensación térmica, mientras la sequedad acumulada del suelo potencia el riesgo de incendios forestales, en particular en España y Francia.
El grupo científico World Weather Attribution, que analiza en tiempo casi real el peso del cambio climático en eventos extremos puntuales, concluyó que la ola de calor de junio de 2026 habría sido “imposible” sin el calentamiento global de origen humano. Sus investigadores recordaron que en el verano de 2022 más de 60.000 personas murieron en Europa por causas vinculadas al calor extremo, y que incluso el verano siguiente, más templado, dejó más de 47.000 muertes asociadas.
Para la primera semana completa de julio (del 6 al 12), el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) proyectó una tercera ola de calor, con Francia como el país más golpeado y máximas de entre 40 y 44°C en amplias zonas. España, por su parte, recibió advertencias de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) sobre una nueva masa de aire cálido con mínimas que no bajarían de los 20°C. El fenómeno también golpeó al sistema energético: la ola de calor presionó sobre las centrales nucleares francesas refrigeradas por los ríos Ródano y Garona, con riesgo de restricciones en la generación eléctrica en un continente donde, según datos de la Unión Europea, el calor extremo ya provoca unas 60.000 muertes anuales.
¿Qué tiene que ver El Niño?
En paralelo a este verano abrasador el Pacífico ecuatorial viene de un proceso de calentamiento sostenido. Según el Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA, El Niño ya está presente, con temperaturas superficiales del mar por encima del promedio en el Pacífico central y oriental, y se espera que el fenómeno se fortalezca hacia el invierno del hemisferio norte 2026-2027. De acuerdo con el resumen climático del Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia, la fase más intensa del evento se dará entre septiembre y noviembre de 2026, cuando más de la mitad de los modelos anticipan un El Niño de intensidad “muy fuerte”.
Las olas de calor europeas se desarrollan sobre un océano global que ya viene de temperaturas récord, lo que potencialmente amplifica sus efectos. La OMM estimó una probabilidad superior al 90% de que el fenómeno de El Niño se consolide en la segunda mitad de 2026, lo que eleva el riesgo de eventos climáticos extremos –sequías, inundaciones, olas de calor– en distintas regiones del planeta durante los próximos meses.
Lo que se espera para Sudamérica y Argentina
Con El Niño ya en desarrollo, la mirada regional cambia de escala. La secretaria general de la OMM, la científica argentina Celeste Saulo, proveniente del desguazado Servicio Meteorológico Nacional, señaló en Infobae que los países de América Latina y el Caribe deben “extremar las precauciones” y apoyarse en la inteligencia climática para anticipar los efectos más adversos del fenómeno. Según el organismo, mientras Centroamérica, el norte de Sudamérica y el Caribe enfrentarán condiciones más secas y cálidas –con mayor riesgo de sequías, pérdidas agrícolas y escasez de agua–, el sudeste de Sudamérica, es decir el sur de Brasil, Paraguay y el norte y noreste de Argentina junto con Uruguay, podría recibir lluvias por encima de lo habitual, con el consiguiente riesgo de inundaciones, tormentas severas y deslizamientos de tierra.
Ese patrón es consistente con lo que históricamente sucede en el país: la investigadora del Conicet y profesora emérita de la UBA Marta Rusticucci explicó que El Niño suele impactar con fuerza en el noreste argentino, con niveles extremos de precipitación concentrados en primavera y verano, lo que eleva la probabilidad de crecidas en los ríos Paraná y Uruguay y de inundaciones en la región mesopotámica. Los antecedentes que más preocupan a los especialistas son los eventos de 1982-1983 y 1997-1998, que generaron inundaciones severas en el Litoral, aunque todos coinciden en que todavía es prematuro determinar si el episodio de 2026 alcanzará esa magnitud.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) fue actualizando sus estimaciones a medida que avanzó el año. En mayo, el organismo ubicaba al fenómeno en condiciones neutrales, con un 60% de probabilidad de que El Niño se activara en los meses siguientes. Para el trimestre junio-julio-agosto, esa probabilidad trepó a valores cercanos al 90%, en línea con lo informado por la NOAA y el IRI. El pronóstico climático trimestral del SMN, difundido a fines de mayo, dividió al país en dos escenarios bien diferenciados para el invierno: por un lado, el Noroeste Argentino (NOA) y el norte de Cuyo atravesarán una estación seca, con precipitaciones históricamente escasas; por el otro, Buenos Aires, La Pampa, el sur de Cuyo y el centro-norte de la Patagonia tienen mayores probabilidades de recibir lluvias por encima de lo normal. El sur del Litoral y el extremo sur patagónico, en tanto, se mantendrían dentro de los rangos normales de precipitación.
De cara a la primavera y el verano –el período en el que, según los antecedentes históricos, El Niño despliega su mayor impacto sobre la Argentina–, los organismos oficiales insisten en que la región del Litoral, el centro-este bonaerense y el noreste del país son las zonas que deben monitorear con mayor atención la evolución de las lluvias y el nivel de los ríos Paraná y Uruguay. El meteorólogo y oceanógrafo argentino Pedro Di Nezio advirtió que los impactos concretos del fenómeno dependerán de que se consolide un evento fuerte o muy fuerte, algo que los modelos aún no permiten pronosticar con precisión: mientras algunos escenarios ubican una probabilidad cercana al 25% de que el episodio alcance la magnitud de un “Súper Niño” –con un calentamiento superior a los 2 °C sobre el promedio, similar al de 2015-2016–, otros llaman a la prudencia y remarcan que se trata todavía de un fenómeno en desarrollo.









