Poetas, editores y músicos del Litoral se encontraron en Santa Fe en una nueva edición del Festival Afluente, consolidando un espacio de intercambio entre diversas generaciones y territorios que pone en diálogo y renueva la escena cultural de la región.
El diccionario otorga tres acepciones de la palabra “afluente”, aunque si descartamos por tautológica la primera -“que afluye”- nos quedan solo dos. Una es fluvial, y remite a la idea del cruce: “Arroyo o río secundario que desemboca o desagua en otro principal”. La otra, “abundante en palabras o expresiones”, nos habla de dos cosas parecidas: la generosidad y la poesía.
El fin de semana pasado, la librería Del Otro Lado Libros y el Centro Cultural y Social El Birri albergaron la segunda edición de Afluente, un festival independiente y autogestivo que propone un cruce entre poesía, música, edición y encuentro comunitario. Luego de su primera experiencia en 2025, el festival volvió a convocar a poetas, editores y músicos del Litoral, para consolidar un espacio de intercambio entre diversas generaciones y territorios, poniendo en diálogo y renovando la escena cultural de la región.
Afluente es impulsado por un equipo interdisciplinario integrado por Pilar Cabré, Gonzalo R. Vega, María Victoria Rittiner Basaez y Ángel Liberatti. En diálogo con Pausa, Rittiner Basaez explicó el origen del festival.
—¿Cómo nació Afluente? ¿Con qué impulso surgió la idea de hacer un festival de poesía en Santa Fe?
—En enero de 2025 empezamos a hablar sobre la necesidad de armar un espacio para leernos, escucharnos, formarnos y compartir poesía. Veníamos viendo que muchos espacios para el encuentro estaban desmantelados, tanto por cuestiones de infraestructura y presupuesto en políticas públicas como por el desgaste que genera sostener espacios autogestivos. Necesitábamos un lugar donde conversar sobre los textos y las sensibilidades, sobre el oficio y el trabajo. Al principio pensamos en armar un grupo para compartir textos, pero al toque proyectamos algo más grande porque también sabíamos que era un espacio que faltaba, y así como nos faltaba a nosotrxs, también a otrxs. Eso nos dio el impulso para darle forma a algo que ya había tenido antecedentes en la ciudad tanto desde lo autogestivo como lo institucional ─FELISA y Poesía Litoral, por poner dos ejemplos─, con la mirada puesta en otros festivales del país como horizonte. Es una percepción que de hecho también tuvieron otrxs, porque justamente a partir del año pasado se inauguró el Foro de Letras en UNL, entre otras actividades en espacios autogestivos y de la provincia. En particular, pensamos en el Festival Internacional de Poesía de Rosario como una especie de faro porque lleva el mismo espíritu. Aún así, sabemos que Afluente no es la única actividad que hace fluir la poesía en la ciudad. Por eso decidimos quitarle el peso de representatividad con una bajada ─un festival de poesía en Santa Fe─ que también despierte en otrxs el deseo de gestionar nuevos espacios de circulación de la poesía.

Dos días de poesía
La nutrida programación del festival incluyó actividades el sábado 15 y el domingo 16 de agosto. La primera fue el sábado a la mañana en Del Otro Lado Libros: el taller de formación “Escribir el poema”, coordinado por la escritora, fotógrafa, docente y profesora en Letras de la UNL María Belén Sanchez. La última, ya en plena noche de domingo, fue el cierre musical a cargo de la solista Eme de Melissa, con su propuesta de guitarra y voz atravesada por el paisaje, la distorsión y el misterio.
En el medio pasaron muchas cosas. En la primera edición del Afluente habían sido homenajeados Estela Figueroa y Juan Manuel Inchauspe, dos figuras trascendentales de la poesía santafesina. En esta ocasión, el reconocimiento fue para el multifacético Fernando Callero: poeta, músico, editor y docente, para quien, como resumió Analía Giordanino, “vida y poesía eran la misma cosa”. El sábado se proyectó “Prendido de la música”, un documental que recorrió su trayectoria musical, desde sus comienzos en Imán hasta sus últimas canciones como solista; y a la noche, el santotomesino Dante Leonel, que en 2016 grabó junto a Callero “Lorito”, su último disco, presentó un set con sus canciones. El homenaje concluyó el domingo con el conversatorio “Calleroscopio”, en el que Cecilia Moscovich, Analía Giordanino y Gonzalo Castelo dialogaron sobre su figura y su obra desde todos sus vértices: poeta, editor, tallerista y amigo.
Además, los dos días el Birri albergó la Feria Editorial Afluente, que reunió publicaciones y microediciones vinculadas con la poesía de editoriales y proyectos independientes de Santa Fe, Santo Tomé, Sauce Viejo, Rosario y Paraná: desde libros y versos hasta fanzines, ilustraciones y otras propuestas en papel. Participaron Imperfectas Fordistas, Bandida, Rugido Rosa y Eva Sin Culpa (Santa Fe), Danke e Iván Rosado (Rosario), Neutrinos y Nutrias Espaciales (Paraná y Rosario), Azogue (Paraná), La Gota Microediciones (Sauce Viejo) y Valentina Manassero (Santo Tomé).

Finalmente, de tarde y de noche se sucedieron las lecturas, con las voces de lxs santafesinxs Daiana Ávalos Robledo, Gonzalo Castelo, Analía Giordanino, Consuelo Iturraspe, Cecilia Moscovich, Mariano Peralta y María Belén Sanchez, la rafaelina Luisina Valenti, el esperancino Guillermo Voos, la reconquistense Fermina Hernández y el paranaense Julián Bejarano (nacido en Buenos Aires, reside en la capital entrerriana desde los seis años).
A lo largo de dos jornadas, sus voces llenaron la sala del Birri y los oídos del público -compuesto en buena medida por otros poetas, escritores y editores-. Sus textos navegaron diversos temas y estilos: desde el poema breve hasta el extenso monólogo, desde la pulcritud más fina hasta la informalidad más procaz, desde la lectura sobria hasta la interpretación más performática, en Santa Fe hubo y hay poesía de todos los colores posibles.
Su escucha atenta –toda una gimnasia para la atención, en tiempos de sobreestimulación y scrolleo hiperveloz- suscitó un amplio abanico de sentimientos: la admiración, la ternura e incluso el aburrimiento, todos ellos un obsequio maravilloso, porque nos recuerdan que estamos vivos. Hay algo poético -valga la redundancia- en la forma que adquiere un poema al ser absorbido por quien lo escucha. Nunca es el poema entero el que penetra: es una sensación, una imagen, una música que se queda con nosotros.

Una forma de experimentar el mundo
Pero, ¿cuáles son las características distintivas de la poesía del Litoral? ¿Qué la distingue de otras poesías? “Es una pregunta a la que muchos han buscado respuesta, especialmente en el campo académico; pero no nos gusta pensar que existen características rígidas que delimiten qué es o qué no es poesía litoraleña”, responde Gonzalo R. Vega, y cita al poeta Santiago Venturini -que a su vez retoma a Martín Prieto, “cuando señala que hay un ‘vínculo solidario’ entre los poetas y las redes que van construyendo: esos intercambios que se dan en las dedicatorias, las lecturas colectivas y las publicaciones en editoriales independientes, entre otras prácticas”.
—De igual forma, no se puede negar que hay un territorio y elementos en común donde podemos apreciar no un solo Litoral, sino varios, dependiendo de la mirada. Estos Litorales se unen también por el tono y, muchas veces, por el ritmo en el que se desenvuelven, donde existe una fuerte presencia del yo sumada a lo cotidiano, lo intimista y lo narrativo.
En la puerta del Birri converso con Julia Enríquez, directora de Ediciones Danke, que vino a Santa Fe desde Rosario, y que el día anterior estuvo en la Feria del Libro de Paraná. Responde a mi pregunta por las características de la poesía del Litoral: me habla del Fer, de Juan José Saer, de Hugo Gola y de sus viajes por distintas localidades del Litoral, llevando y trayendo textos y palabras, al igual que el río arrastra piedras, camalotes y el agua misma.
El río es río porque se mueve. Pienso que la poesía del Litoral son las poetas y los poetas del Litoral, yendo y viniendo, cargando sus libros y llevándose otros tantos, trayendo sus poemas y llevándose impregnados en el corazón los poemas de otras y otros.
“¿Por qué seguir sosteniendo este espacio año a año?”, se pregunta María Victoria Rittiner Basaez: “Aunque la tarea es bastante ardua, la respuesta es fácil: porque nos gusta, porque nos hace falta, porque queremos seguir encontrándonos y despertar en otrxs esa forma de experimentar el mundo que habilita la poesía”.











