En su segunda edición, el Festival Afluente celebró al hermoso Fernando Callero en todas sus facetas: escritor, músico, docente, editor, creador e impulsor imprescindible, para quien “vida y poesía eran la misma cosa”.

Sobre la pantalla, Callero se ve tan frágil y hermoso como inalcanzable. Uno quisiera estirar los dedos y tocarlo, atrapar una burbuja del aire que su voz pone a andar; pero él, desde ese otro tiempo ajeno, sigue cantando. Canta Avión en calzoncillos animal print una mañana, canta Ping Pong una noche fría como esta, en una esquina no tan lejana a esta, canta que vivió prendido de la música y que vino a esta ciudad a soñar un gran amor. Canta y la sala del Birri escucha, hipnotizada.

Es la primera jornada del segundo Festival Afluente, que celebra en Santa Fe toda la potencia de la poesía del Litoral, y este año el homenajeado es el eterno Fernando Callero. "Pensamos el homenaje como un momento para reconocer aquellas voces que han hecho eco en la poesía de la región, pero no desde un lugar de consagración propio de la lógica del canon o de la tradición", cuentan María Victoria Rittiner Basaez y Gonzalo R. Vega, dos de los cuatro organizadores del Festival Afluente junto a Pilar Cabré y Ángel Liberatti: "Son más bien esas voces que supieron llevar este mismo espíritu que queremos contagiar. En la primera edición, elegimos a Estela Figueroa y a Juan Manuel Inchauspe porque homenajeamos la amistad entre poetas además de la obra de cada unx. Este año, también elegimos a alguien que propuso espacios de encuentro y circulación desde diferentes vértices. Cada momento del homenaje tuvo un poco de cada cosa: lecturas, canciones, edición, amistad".

Callero
Foto: Lu Callero.

“Prendido de la música” es un documental que recorre la trayectoria musical del Fer desde sus comienzos en Imán hasta sus últimas producciones como solista, con los testimonios de quienes compartieron escenario con él, y hoy se muestra al público por primera vez en una versión 1.0: "Pronto habrá nuevas proyecciones", prometen. Para lxs afluentes, la música era ese lugar "donde el Fer reunía todas las caras del prisma y hacía fluir todo", y el documental "fue una forma de darle lugar a toda esa historia musical que atravesó su obra y que lo hizo prenderse fuego tantas veces". "Charlar con otrxs sobre sus canciones ratificó la importancia de recordar el valor de su paso por este mundo", sostienen.

Un rato después, todavía sábado, Dante Leonel vuelve a evocar sus canciones, al igual que lo hizo en 2018 en el Hermoso Fest, festival a beneficio del Fer en Ochava Roma. En 2014, Callero había caído con su bicicleta, de noche, en un gigantesco pozo sin señalizar. Dos años después, en su casa de Santo Tomé, grabó junto a Dante el segundo y último disco de Salvador Bachiller, su álter ego musical. En el documental, Dante cuenta cómo fue la rutina de grabación: “nos juntábamos a la mañana, fumábamos porro y grabábamos, hasta que él se cansaba y me echaba: ‘Me puse crepuscular’, decía, en esas ocasiones”.

De esa aventura nació “Lorito". “Yo soy un lorito, las alas quebradas, caí en la tormenta”, canta con melancolía Dante en la noche birriana. "Fue necesario ponerle cuerpo y voz a las canciones del Fer, cosa que Dante Leonel hizo de manera casi hipnótica", coinciden Rittiner Basaez y Vega. "Su presentación trascendió todas las expectativas que teníamos al momento de elegirlo para ese rol. Le puso un gran laburo como intérprete y nos hizo vivir desde otro lugar las canciones que cantamos tantas veces casi como mantras".

Calleroscopio

Ya en la tardecita del domingo, el Fer vuelve a sobrevolar la sala del Birri en el conversatorio y mesa homenaje “Calleroscopio”, llevado adelante por Analía Giordanino, Gonzalo Castelo y Cecilia Moscovich. El mismo fue ideado por lxs afluentes como "un juego de palabras para pensar al Fer y a su obra a través de tres vértices inescindibles: su figura como poeta, editor y tallerista". "Al igual que en la base triangular de un caleidoscopio, las reflexiones, anécdotas y situaciones de lo cotidiano rebotan entre los vidrios espejados para traernos su manera de habitar el mundo. Porque si caleidoscopio remite a 'ver formas bellas', el Fer ejercitaba todo el tiempo esa forma bella de mirar: ya sea caminando hacia el kiosco con su madre y su hermano por una vereda de Concordia, en la barranca del Salado o en una eufórica noche rosarina, nunca se resignó a evitar lo bello en las formas cotidianas. ¿Y qué más quisiera él que ser recordado entre brillo, noche y psicodelia?".

El Fer vivió y regaló la poesía en todas sus formas, como un acto cotidiano. “Era una tallereada continua, vida y poesía eran la misma cosa”, resume Analía Giordanino. Esa misma prodigalidad, también, lo impulsó a crear Ediciones Diatriba junto a Javier Giupponi y Santiago Pontoni, desde donde promovieron a nuevas generaciones de escritoras y escritores del Litoral. Giordanino, Castelo y Moscovich publicaron sus primeros textos allí, y aprendieron junto a Callero el fulgor de las palabras. “El Fer me enseñó a ponerle nombre a las plantas, a los pájaros: ¿cómo no le vas a poner nombre a las plantas, como si son todas iguales?”, cuenta Moscovich.

Callero
Foto: Lu Callero.

Cecilia recuerda el día en que lo conoció, en la presentación de una antología de jóvenes poetas en el Foro: “Me acuerdo que estaba muy bien vestido, parecía un dandy. Era muy lindo, muy lindo. Estaba muy prolijo. Tenía esas facetas, por ahí era un linyera y y por ahí era un señor inglés”. Esta dualidad se trasladaba también a su escritura: los tres coinciden en destacar su estilo irrepetible, que combinaba el registro culto y el reo, el intelectual y el callejero.

“Para mí la poesía es un laboratorio de lengua, una disciplina, o juego, [...] orientada a captar las modalidades con que opera la lengua para comprender y afirmar el mundo”, sostuvo alguna vez Callero en un blog: “A mi modo de ver supone un tratamiento crítico, estético, de una materia (el lenguaje) a partir de la cual el hombre y su mundo se hacen posibles”. “La poesía es como hablar sin necesidad”, dijo otra vez, de forma más sintética, en un poema dedicado a su perro Lobito.

Como poeta era ese rulo de vida, esa hélice”, resume Castelo, que cuenta que hace poco encontró un poema inédito suyo en un mail recibido en 2001, mientras el Fer vivía en un barco en Ibiza. Lo lee: “Ahora que mi casa flota en una madeja de algas / Al caprichoso rolar de las olas / Siendo tan mal discípulo / A caballo del aire y del agua / Difícil que sea buen maestro para nadie”. La sala, contenida de asombro, explota de repente en un aplauso.

Alejandra Papini también tuvo que emprender una tarea de rescate para reconstruir “Novela moral”, la última canción del Fer. En el documental “Prendido de la música” evoca esa labor, un trabajo artesanal a partir de audios enviados desde el sanatorio y acordes escritos en una servilleta. Así, juntando pedacitos de su obra, sus amigas y amigos siguen manteniéndolo vivo al Fer, haciendo girar sus poemas y sus canciones en un rulo de vida infinita.

Canciones perfectas

Desperdigada en servilletas, en poemas, en canciones, en videos de Youtube, en mails, en libros, en estados de Facebook, en recuerdos, en días, en noches y en festivales de poesía, la obra del Fer sigue viva, con el Fer ahí metido, en su obra y en el cariño de todas las personas que lo quieren, como lxs afluentes: "Parte del equipo de Afluente fue contemporáneo a él en distintos momentos y formas: tallerear poemas en su casa de Adelina en Santo Tomé, compartir lecturas, participar en los eventos que organizaba o ser oyentes de su música. Es algo a resaltar, dado que no suele suceder el ser contemporáneo a la persona homenajeada. Podríamos decir, a su vez, que el paso por el mundo del Fer y sus enseñanzas o prácticas están hermanados con el espíritu de Afluente en varios puntos, y eso es lo que se trató de reflejar durante el festival".

Eso fue la segunda edición de Afluente: un homenaje al Fer y un homenaje a la vida, que es lo mismo. O como escribió el propio Callero en Pausa en 2014, luego del primer Festival de Literatura Santafesina (FeLiSa): “Reuniones con amigos, lectores, autores muy copados que uno admira y la fiesta que habilita para tomar una copa, contarnos cosas. Los escritores son personas solitarias, se dice, pero doy fe de cómo les gusta encontrarse, joder, ponerse en pedo y salir un rato de la cueva laboratorio a tomar aire”.

Callero
Foto: Lu Callero.

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