Un paseo por los dos primeros libros de Bruno Grossi: “Vértigo Index Veri” y “Por un mañana voluptuoso”, en diálogo con Robbe-Grillet. Soluciones basadas en la literatura para las formas contemporáneas de la represión.
Usted está aquí. Como en los mapas, la leyenda que orienta. Lo que sigue es amateur, en el más fiel, tajante y estricto sentido de la palabra. El perfil de un docente, investigador y doctorado en literatura redactado por su ex compañera de banco cumpliendo la tarea.
Un avatar, un perfil de Instagram, co-fundador de revista Prause, un profesor de literatura francesa, un investigador que va hasta el cajón de las bombachas de Catherine, la mujer de Alain Robbe-Grillet, su semidiós y objeto de estudio. Un doctor en perversión. Un hallazgo, pienso. Los hombres no son perfectos y decido ignorar, aunque quiero dejar asentado, que es de Unión.
Bruno es también alguien que puede decirme que NO sin que yo me enoje, y sabe sortear mis ansiedades dejándome siempre con algo que me alimente. Como cuando respondió “la obra entera de Annie Ernaux” porque yo había tuiteado que quería leer sobre migraciones en el campo sociológico. Es un buen profesor. Si seguimos siendo amigos es porque él está acostumbrado a lidiar con adolescentes en primer año de la facultad y yo puedo ser una por momentos.
Lo seguí molestando: le pedía un taller, clases particulares, algo. “¿No te alcanza con terapia?”, me pregunta un día ya al borde del hartazgo y él sabe que no, no alcanza. Porque en su definición de literatura está la respuesta: “Para mí es una experiencia. Es, en el sentido en que la estudio y la enseño, un objeto de conocimiento; pero es algo más. Es placentera, perturbadora; es toda una serie de cosas que no me da la vida”.
Dos años de conversación y nos vemos frente a frente, pantalla mediante, por primera vez en 24 años. Tomo notas y él sigue pero ahora en plural: “Nos gusta la literatura no porque sea un objeto prestigioso, o porque nos genera un conocimiento que nos podría generar la historia; es porque nos genera un placer y nos ofrece un mundo desconocido que no es este, que es feo, injusto y horrible; y en Argentina está eso potenciado”.
Cuando iniciamos la charla, en 2024, él publica Vértigo Index Veri en Borde Perdido Editora. En ese primer libro, uno tras otro los textos cortos presentan su sistema de creencia, como si estuviese respondiendo a la pregunta “¿en qué creen lo que no creen?”; Bruno Grossi nos dice de qué está hecho. Un costado programático que celebro; donde las bases del pacto se construyen alrededor de Bataille, Barthes, Adorno y Sontag, entre otros.
"El crítico se pretende un asceta; el objetivo ahora es volverlo un voluptuoso", dice en “El conocimiento como represión”, uno de los fragmentos del libro/sistema. Pasa por la ficción del diletante pero vuelve sobre Bataille porque “es la ciencia que desdeña la que, paradójicamente, puede ayudarlo a salir de lo fortuito y lo arbitrario de la individualidad”.
Me inquieta e incomoda porque me reconozco incapaz de volver sobre lo incorporado, revisarlo, y hoy prefiero decir que, para mí, el índice es una pequeña obra en sí misma.
Sí, Bruno es también, a su manera, un inadaptado. Si fuésemos dos ratas de laboratorio podría decirse que a Bruno los dioses de la experimentación lo ubicaron en el box de la academia e investigación y a mí en el laberinto del under, un camino más rizomático. Por momentos siento que esa escuela del hacer me volvió muy exigente con la precisión y me choca encontrar en los datos que Bruno me comparte algunas lagunas, rasgos de cultura oral y construcción de mitos. Nada es enteramente puro, pienso, ¡por suerte!
Si usted conserva el mapa del primer párrafo sepa que aquí llega un posible sendero sugerido: “Yo arranco con Robbe-Grillet al revés: primero por su cine, que en su línea temporal es posterior a las novelas, y finalmente empiezo a leerlo”, dice Bruno. Su intuición le dice que nadie está viendo algo esencial y misterioso; siente en ese momento que hay un aspecto abandonado de su obra, algo perverso que no estaba atendido por la crítica. “Un gap” le digo con mi jerga FODA.
Le aviso que mi intención es diseccionar su recorrido, desgranarlo, hacerlo “for dummies” y cuando le pregunto por qué estudia la literatura francesa, se ríe. “Siempre ensayé esta pregunta. La tengo ya pensada. Un poco en honor al cuento de Dolina sobre el hombre que preparaba sus reportajes”.
La literatura francesa es una deriva. Porque le interesa Robbe-Grillet, asume un compromiso con el campo en el que se sitúa para trabajar, para investigar. Se acerca a ese hombre enigmático, que va apareciendo en la lectura de Barthes y Blanchot, a ese oscuro y hermético escritor que va a prometerle una literatura desconocida con la zanahoria de la sofisticación.
A mí, lo que me interesa son las fallas, la oscuridad y su celebración, y disfruto cuando Bruno exagera todo rasgo narcisista y arrogante de Robbe-Grillet para enaltecerlo con insultos; que es también una dedicación siempre preciosa y mucho más creíble, porque se sabe que ante el halago, se está indefenso.
Una pequeña explosión del azar donde el objeto de mi entrevista cuenta cómo llega a su objeto de investigación: en el prólogo de la edición argentina de “Por una nueva novela” se enfatiza no solo que Saer está influenciado por Robbe-Grillet, sino que además ellos dos eran amigos. “Ese descubrimiento fue un enamoramiento, porque para mí Saer, Borges y Aira son las tres cosas más importantes del mundo. Entonces saber que se conocían, que existía esa relación, fue fascinante y empiezo a estudiarlo con Rafael Arce, como estudiante de grado en la UNL”.
Es recién cuando leo su primer libro, después del segundo, que noto la soltura y el disfrute. Leer Por un mañana voluptuoso es contagioso: es obvio que Bruno disfruta y entonces, quien lo lee también. Publicado dentro del catálogo que marca la unión de Nube Negra y Bulk Editores, arranca súper arriba con una escena de Ómicron y fragmentos de entrevistas donde un tercero habla de Robbe-Grillet diciendo que “ahora de viejo se ha dedicado al erotismo”. Es un despliegue de acercamiento brillante que casi sin darnos cuenta nos tiene sumergidos en un análisis profundo donde Bruno va a demostrar que ese rasgo es constitutivo de su obra.
Avanzo hasta trazar un paralelo porque estoy en territorio desconocido y necesito hacer pie: “Robbe-Grillet presiente que en la escritura de Sade ya está la autoconciencia crítica sobre la amenaza latente que pende por sobre todo escritor verdadero: la academización o el envejecimiento de las formas. Este peligro adquiere, en el caso del pornógrafo, una apariencia más paradójica y espectacular: si bien la pornografía industrial puede prescindir de toda construcción coherente, verosímil o interesante en pos de su utopía de mostrarlo todo (…), no obstante la representación del mayor placer o dolor alcanza rápidamente un límite que enfrenta al pornógrafo con los problemas constructivos propios del intelectual escritor alto-modernista”. Solo escribo en la página, en su idioma original, la frase icónica “es más fácil mostrar el culo que los sentimientos”.
Allí donde los escritores se lucen es también donde se encriptan, pienso. La vanidad del saber es incompatible con el calor de las masas y mi búsqueda tiende al acceso. Por eso decido leer primero los textos de Robbe-Grillet que se ordenan después de “Pornografía abstracta”, el primer capítulo. Sospecho que la madurez hace el camino más corto y voy a buscarlo. Como dicen, más sabe el diablo por viejo que por diablo, ¿no?
En “El orden y su doble”, donde retoma a Sade, subrayo y escribo ORDENADORA, de manera vertical cubriendo cada centímetro de la página que ocupan las palabras: “La pasión más excesiva es siempre ordenadora, metódica, inmediatamente acompañada de reglamentos minuciosos y de una escenificación severa, hasta el punto que es imposible separar estas restricciones del material erótico sobre el que imponen su orden”. No podría estar más de acuerdo como alguien que pedía a gritos participar de la escritura de Reglamentos Operativos de Procesos. Va a aclarar que el psicoanálisis no se asombra porque vincula “el gusto por los suplicios con meticulosidad”. “El erotismo no engendra niños” leo y sonrío.
La estoy pasando cada vez mejor y lo que sigue es un pico que ojalá suban conmigo a riesgo de tener que bajar solos: estoy por abandonarlos, la que avisa no traiciona, decía mi abuela. En “Historia de ratas” nuestro viejo perverso estrella recorre las librerías pornográficas de la calle 42 en Nueva York y yo empiezo a agradecer sus excursiones a Estados Unidos: va a ser lo que me permita terminar de anclarlo. No me detengo en la descripción de la imagen; Bruno se ocupa de eso. Nos hace saber que odia la virtud “no por principio sino por haberla encontrado demasiadas veces y porque sé históricamente a lo que nos conduce: no olvidemos nunca que Hitler y Stalin eran sobre todo virtuosos y que hicieron con la virtud”.
Es una foto perfecta de la intuición del futuro del pasado y se preocupa por la sociedad diferente “que soñamos”. Si supiera que hoy nos preocupa la capacidad de imaginar. “…no es desde luego aquella en la que una burocracia velará celosamente por la pureza de la moral y la blancura de las conciencias. Si estamos dispuestos a luchar por un socialismo, no es por el que nos prometen, que hará finalmente reinar la virtud suprimiendo, entre otras cosas, la pornografía, sino por aquel que osará reclamar para todos el derecho a la voluptuosidad”.
Esas excursiones en la gran manzana coquetean con la escena local y en los 80 Robbe-Grillet escribe para Semiotext(e), revista fundada por Sylvère Lotringer. La misma revista que organizaba presentaciones en Danceteria. Los flyers crudos en blanco y negro de la época capturan un momento en el que la teoría posestructuralista francesa se cruzó en el Lower East Side con los íconos incipientes de la cultura pop, incluidas las primeras apariciones de la estrella del mid-west que sudaba para ascender. Nuestros mundos ya no son tan lejanos. Nos convoca una agenda.
Vuelvo sobre el primer capítulo. Grossi sostiene que, al volver pública su fantasía privada, Robbe-Grillet se ve obligado a defenderla sin tener aún las palabras para hacerlo y, en ese esfuerzo, termina monstruificándose. "Es lo que ocasiona que sus ensayos sean tan polémicos en 1967 como lo son en 2026." Los encuentro más bien necesarios. Puede que Robbe-Grillet haya sentido de primera mano la represión, avizorando un totalitarismo distinto, atomizado sobre lo individual, que huele precisamente por ir más lejos.
Estoy cansada, mi dislexia me hizo cambiar ya dos veces el orden de las palabras del libro y para mí desde ahora es un voluptuoso mañana. Tengo que estar contenta porque llegué al nouveau roman por su sendero más oscuro. Celebremos también lo que nos da el tiempo: la ventaja casi necrofílica de una obra acabada para dar vuelta sin derecho a réplica.







