En una habitación humilde, un hombre persigue un sueño que le permita escapar de una vida frustrante. Un clásico del teatro argentino escrito en dictadura por Carlos Gorostiza vuelve a escena el próximo domingo en El Taller Casa de Arte. Dialogamos con Darío Giles, director de la obra.
“El acompañamiento”, un clásico del teatro argentino y una de las obras más reconocidas de Carlos Gorostiza, volverá a escena el próximo domingo 20 de noviembre a las 20 en El Taller Casa de Arte (1° de Mayo 2924), en la que será la primera de siete funciones en lo que resta del año. La obra, que combina humor, ternura y crítica social, cuenta con la actuación de Eduardo Gringo Fessia y Roberto Francucci, con la dirección de Darío Giles.
Escrita en 1981, “El acompañamiento” es una de las obras cumbre del Teatro Abierto, un movimiento cultural y artístico que desafió la censura y la represión de la última dictadura, mostrando el poder del teatro como ámbito de expresión y resistencia. En una habitación humilde, Tuco, un hombre que ha decidido renunciar a su trabajo en una fábrica para perseguir su sueño de ser cantor de tangos, espera la llegada de un acompañamiento musical que marque el inicio de su nueva vida, mientras su amigo Sebastián intenta hacerlo entrar en razón y devolverlo a la realidad.
Detrás de esta situación aparentemente sencilla y hasta cómica aparece el mensaje más profundo y potente de “El acompañamiento”: el deseo irrefrenable de cumplir los sueños, la necesidad de escapar de una vida frustrante y la lucha por conservar la esperanza cuando la realidad parece negarla. Sin ser explícitamente política, es imposible no leer la obra como una metáfora de una sociedad que busca recuperar la libertad y la posibilidad de imaginar un futuro diferente.
La obra cuenta con la actuación de Eduardo Gringo Fessia y Roberto Francucci. La dirección general está a cargo de Darío Giles, al igual que la operación técnica, la escenografía y la puesta en escena. La asistencia de dirección es de Ignacio Giles, la producción de Rosario Lucero, el diseño de luces de Diego Julián López y el sonido de Juan Candioti. La fotografía está a cargo de José Almeida, el diseño gráfico de Augusto Giles y el vestuario de Ignacio Estigarribia.
Las entradas para la función estreno ya están a la venta y pueden adquirirse comunicándose al 3408573994: las anticipadas tienen un valor de $25.000 -$20.000 para estudiantes y jubilados- y en puerta costarán $30.000. Habrá nuevas funciones el sábado 26 y el domingo 27 de septiembre, y luego habrá una más el 10 de octubre y otras dos en noviembre.
“Lo que tienen los clásicos es que no pierden vigencia”
En diálogo con Pausa, Darío Giles, director de “El acompañamiento” y de El Taller Casa de Arte, dio detalles acerca de la obra y de su importancia en el contexto actual.
—¿Qué me podés contar acerca de la obra?
—”El acompañamiento” es un clásico dentro de la dramaturgia argentina de los últimos tiempos. Se estrenó en 1981 dentro de un ciclo muy importante que se llamó Teatro Abierto en Buenos Aires, en el que muchísimos autores y hacedores del teatro se organizar para poder expresarse, en plena dictadura. El festival tomó una dimensión enorme y se llenó de público. La obra es de Carlos Gorostiza, que es uno de los referentes de esa época, junto con Griselda Gambaro, que lamentablemente nos dejó hace tres días. De alguna manera metafórica siempre estaban hablando y llevando al arte dramático todo lo que estaba ocurriendo en el momento. El acompañamiento tiene algo de esto. Hay solo dos personajes, Tuco y su amigo Sebastián, y habla de los sueños, de los sueños truncos, de la libertad, y de qué es lo que nos lleva a no cumplir un sueño, por determinadas cuestiones que tienen que ver con la opresión de la sociedad.
—¿A qué se debe la elección de esta obra?
—Decidimos hacer esta obra porque a mí siempre me gustó, hace un montón de tiempo, y creo que encontré los actores justos. Nos pusimos a a ensayar hace unos cuantos meses y ahora llegó el momento de presentarlo al público.
—Me imagino que la obra se ve muy atravesada por el contexto en el que se escribió. ¿Qué nuevas lecturas se se posibilitan hoy, en otro contexto? ¿Qué nuevos significados adquiere ese mensaje original?
—Lo que tienen los clásicos es, justamente, que no pierden vigencia. Un clásico siempre está representando todas las épocas. Hoy por hoy, si bien este no es un gobierno militar, estamos bastante oprimidos, sobre todo los que estamos de este lado, los que contamos historias, los que trabajamos en el arte. Estamos un poco limitados en este momento. Y esto tiene que ver con eso, con la búsqueda de la libertad. Cuando está ausente, uno busca formas de expresarse y de acercarse de la forma que sea a la libertad.
—En ese sentido, hay también una disputa del concepto de libertad, porque hoy algunas de las cosas que marcás se hacen, justamente, en nombre de la libertad.
—Exactamente, exactamente. Ahora se usa el nombre de la libertad con cosas que son tremendas. Pero bueno, nosotros este trabajo también lo estamos haciendo en función de reivindicar el valor de la amistad y del compromiso con otra persona. Tuco es un tipo grande que trabaja en una fábrica y un amigo de ahí le hace una broma y le dice que tiene que dejar la fábrica y tiene que ser cantor de tango, porque no puede ser tan egoísta de privarle al universo su arte. Le dice que tiene un amigo en la televisión que lo va a llevar a cantar y lo convence de dejar la fábrica e ir detrás de ese sueño. Él se encierra en un cuarto en su casa, se pelea con toda su familia y se pone a ensayar, porque el amigo le dijo que le iba a mandar el acompañamiento, que son las guitarras, las guitarras que utilizaba Gardel en sus tangos. Ahí llega este amigo de toda la vida, Sebastián, que para Tuco era un triunfador, porque había conseguido tener un kiosco donde vendía cigarrillos y golosinas y era independiente, y ahí se empieza a desencadenar un montón de situaciones que nos muestra que los dos están más o menos en la misma situación, luchando por tener una vida mejor, donde los sueños tengan su espacio y su relevancia.

—Además de ser director de la obra, también sos director de El Taller. Desde ese doble rol te pregunto: ¿cómo vienen las actividades en el espacio y cómo ves la escena del teatro santafesino?
—Tengo la suerte de que artistas de gran nivel teatral y musical elijan el espacio para presentar sus trabajos; por lo tanto no puedo decir que me va mal. Yo sé que este trabajo, este camino que elegí en la vida no es un negocio, y que en ciertos momentos la cosa está un poco mejor a nivel público y otras veces no tanto. Pero hasta en eso puedo decir que venimos funcionando muy bien, porque siempre tenemos público y gente interesada en averiguar qué es lo que se hace. Yo creo que tiene que ver también con el tiempo que hace que venimos trabajando. Ya hace 27 años que estamos en este lugar, y siempre haciendo las mismas cosas, por lo tanto ya hay un público que sabe perfectamente lo que hacemos, y si viene a ver algo sabe que va a ver algo de gran calidad. Así que acá en El Taller andamos muy bien, y hemos armado con otros referentes de espacios independientes de la ciudad una especie de agrupación donde estamos conectados en forma de red. Hay espacios que les están pasando muy mal, otros que andan más o menos. No es el mejor momento, eso está clarísimo, pero seguimos trabajando, porque lo nuestro tiene que ver con la resistencia desde nuestros lugares, que son nuestros espacios de militancia.
—¿Por qué la gente tiene que acercarse a ver El acompañamiento?
—Porque van a pasar un lindo momento y van a poder ver en qué estadio están sus sueños y qué tienen que revisar para poder estar mejor.
—Ahora las obras son más baratas que una sesión de terapia, así que si lo pensás de ese lado, también cierra.
—Sí —ríe Darío—, no no lo podemos negar, el teatro tiene un poco de eso. Yo siempre digo que no sé qué sería de mi vida si no hubiese encontrado el teatro en el camino, porque son los espacios donde nos podemos expresar. Y en estos momentos más todavía. Por ahí uno se siente un poco perdido o aturdido por la cantidad de información de las redes sociales, hoy también por la inteligencia artificial...Hay tantas cosas que nos alejan del ser humano, que cuando nos encontramos en una función o en una clase donde nos tenemos que mirar, tocar, hablar y escuchar, vemos que esto no va a morir jamás.






