“Cerca, Rosario siempre estuvo cerca
tu vida siempre estuvo cerca
y esto es verdad”
Tema de Piluso (1994), Fito Páez.
Flamea la insignia patria haciendo juego con el cielo de la “Cuna de la bandera”. Rosario es la tercera ciudad de Argentina por población, por historia, por su cultura y por su estratégico puerto. Metrópolis de cara al río Paraná, es un gran escenario náutico. Pintoresca por su trazado costero y por la frondosa naturaleza que balconea, es una urbe cosmopolita que combina el folklore nacional con su proyección internacional.
Una serie de apellidos ilustres le aportan mística a sus calles, donde se desanda el camino de origen de figuras como: Lisandro de la Torre, Antonio Berni, Libertad Lamarque, Alberto Olmedo, César Luis Menotti, Roberto Fontanarrosa, Litto Nebbia, Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Fito Páez, Luciana Aymar y Lionel Messi, entre otros.
Ingresando por el norte de la ciudad divisamos el Puente Rosario-Victoria, imponente obra de ingeniería que se despliega por encima del majestuoso río Paraná —es un Puente del Mercosur que forma parte del Corredor Bioceánico de Sudamérica. Bordeamos este curso de agua rumbo al Sur por un camino sinuoso. Quedan atrás restaurantes y puestos de venta de pescado, el balneario La Florida y sus deportes de arena, y nos sorprenden los buques de ultramar —en su mayoría en tonos rojo y negro— yendo y viniendo.
“Los rosarinos disfrutamos del aire libre en las plazas y parques de cercanía. En el verano la gente se vuelca a la zona de la ribera, donde hay lindas vistas, bares, actividades de recreación y espacios recuperados”, nos contó Ricardo, un abogado de barrio Cinco esquinas. “En un paseo típico de día sábado por las peatonales Córdoba y San Martín se mira vidrieras, se hace compras y se disfruta de la gastronomía. Lo que no me gusta de la ciudad es la inseguridad en algunos barrios, a los que en determinados horarios tomás la precaución de no ir”, concluyó este hincha ‘leproso’ amante de los cafés de la ciudad.
En el paseo costanero se observan deportistas trotando o en bicicleta, ferias de artesanos de fin de semana, clubes náuticos y residencias lujosas montadas sobre las barrancas. Avanzamos dejando atrás el acceso al shopping Portal Rosario y el Parque Alem. Nos detenemos a observar la construcción de la tercera bandeja del estadio del Club Atlético Rosario Central —en una remodelación que cerrará el tercer anillo de tribunas de su estadio de fútbol.
Rosario no fue fundada y sus orígenes son imprecisos para los historiadores. Recién hacia fines del siglo XVIII hay rastros de un poblado que busca establecerse. El puerto fluvial fue decisivo para el cambio de su fisonomía promediando el siglo XIX. También el ferrocarril que conectó a Buenos Aires con Córdoba fue clave para el crecimiento de la ciudad —contribuyó, entre otros hitos, a la creación de los clubes Rosario Central (1889), Newell’s Old Boys (1903), Central Córdoba (1906) y Argentino (1912). Otro mojón en este derrotero fue la política inmigratoria que transformó a la ciudad con emprendimientos y mano de obra extranjera, y moldeó una cultura híbrida y dinámica. Gracias a esos avances, la industria, el comercio, la burocracia estatal y el turismo crecieron, para dar los trazos actuales de una urbe que alberga a 1.300.000 habitantes.
Avanzamos por Bulevar Avellaneda, giramos hacia la izquierda en dirección hacia el centro de la ciudad y apreciamos la recuperación de antiguos terrenos del puerto y del ferrocarril, donde ahora se levantan torres de gran altura y hay estructuras recicladas, también se destacan los silos coloridos que ahora albergan al MACRO —Museo de Arte Contemporáneo de Rosario—, sitio en el que se puede apreciar obras de Antonio Berni, Lucio Fontana, Juan del Prete y Raquel Forner. Allí nos detenemos para apreciar el paisaje ribereño desde un mirador.
El sistema islas se expande frente la mirada de paseantes y visitantes. Embarcaciones de turismo transportan a foráneos hacia las playas que se encuentran frente a Rosario. El verde costero invita a sentarse, tomar mates y ver desde las alturas de la barranca el amplio cielo que alguna vez inspiró al General Manuel Belgrano. Senderos para la caminata se despliegan por la zona, hasta llevarnos a La Isla de los Inventos y el Parque España.
Arribamos al punto neurálgico de la ciudad, espacio de encuentro y de eventos, donde se halla la representación de un barco de mármol de gran porte, que presenta 140 metros de longitud: el Monumento Nacional a la Bandera. La Proa está encabezada con la bandera argentina y una torre con una fuente en su base. La conexión con el Propileo se realiza a través del Patio cívico con escalinatas bajas que son coronadas por 24 columnas, las cuales conforman un templo que sirve de refugio para la Llama Votiva. Avanzando hacia el casco histórico de la ciudad se disfruta de las estatuas de mármol de carrara de Lola Mora y un paseo que conecta a través del Pasaje Juramento a este emblema nacional con la Municipalidad de Rosario y la Iglesia Catedral.

Siguiendo por la peatonal Córdoba se observa el esplendor de una ciudad vibrante, que se expresa a través de la arquitectura de más de tres siglos de historia y muestra los íconos de la bonanza económica, por ser uno de los puntos de salida de la riqueza nacional a través del río. Entre los edificios patrimoniales imperdibles del centro de Rosario se cuenta: el Palacio Minetti, La Agrícola, la Bolsa de Comercio Rosario y latienda La Favorita, entre otros.
Salimos de la zona histórica dejando el intenso tránsito vehicular y llegamos al corazón verde de la ciudad: el Parque de la Independencia. Tesoro inaugurado en el año 1902 y creado por paisajista Carlos Thays, es un amplio espacio de esparcimiento, con un lago con aguas danzantes que permite paseos en botes. Este pulmón verde fue la obra quepreparó la ciudad de Rosario para festejar el primer centenario argentino en 1910. Se extiende por 126 hectáreas delimitadas por la calle Moreno y las avenidas Pellegrini, Ovidio Lagos y Bulevar 27 de febrero. Además, integran el lugar el Jardín Francés, el Rosedal, el Jardín de los Niños, los museos Ciudad de Rosario, Municipal de Bellas Artes Castagnino y el Museo Histórico Provincial Julio Marc, el Hipódromo y las sedes deportivas de los clubes Provincial, Gimnasia y Esgrima y Newell's Old Boys.
Las banderas de las fiestas patrias perduran en postes de luz y en lugares públicos, mezcladas con motivos celestes y blancos característicos de la selección argentina de fútbol. Algunas sendas peatonales en tonos albicelestes se combinan con el transporte público —colectivos y trolebús también son de color celeste. Y para las fiestas populares la ciudad se transforma, porque Rosario es un río en celeste y blanco.












