Uff, la fábrica santafesina que le disputa el freezer a lo industrial

Uff
Agustina Vidal, fundadora de Uff.

Agustina Vidal empezó hace ocho años en la cocina de su casa con una bolsa de arroz, una de lentejas y etiquetas fotocopiadas. Hoy Uff tiene fábrica propia en el centro de Santa Fe, da trabajo y llega a las góndolas de cuatro provincias y al menú de la Villa Olímpica. En el medio: el derrumbe del consumo, los desafíos de ser mujer en el mundo de los negocios y la decisión de no olvidarse de lo artesanal para privilegiar la calidad.

Agustina va hacia su infancia para rastrear un poco las huellas de esto que es su presente, su empresa, su forma de vida. “Yo me crié, creo que como todos en ese momento, a milanesa de soja, costeletas y milanesa de carne. Era lo que mi mamá, que laburaba horario de comercio, no estaba en todo el día, nos dejaba para que saquemos del freezer. Y esa milanesa de soja que no tenía gusto a nada”.

Uff es todo lo que esas milanesas de soja no eran: comida rica, saludable, con materia prima de calidad y gustito a casero. Agustina es Agustina Vidal, la creadora de Uff, una empresa santafesina de congelados, que elabora medallones de legumbres y verduras rellenos con queso (mozzarella, ahumado y roquefort), además de empanadas, prepizzas, rollitos primavera y unos paquetitos de masa filo rellenos de espinaca y hongos que llevan cualquier comida diaria a otro nivel.

Ese recuerdo, la necesidad de cambiar de vida y un par de bolsas de arroz y lentejas fueron el inicio de Uff. “Arranque sola en mi casa, hace unos ocho años”, cuenta Agustina en esta charla con Pausa en la fábrica montada en el centro de la ciudad de Santa Fe. “La única inversión que hice en ese momento, con la única plata que tenía, fue una bolsa de 25 kilos de arroz, una de 25 kilos de lenteja y un par de quesos. Un amigo me hizo el logo y yo fotocopiaba las etiquetas para las bolsitas”.

De ese inicio a este presente, Uff pasó de una cocina familiar a una casi industrial; de la distribución a amigos y conocidos a estar en las góndolas de casi todos los supermercados de la ciudad, Rosario, Paraná, Buenos Aires y Córdoba; de 300 medallones a casi 25 mil unidades por mes. También por estos días hay un buen público internacional probando estas burgers santafesinas: Uff es parte del menú de los casi 1400 atletas que están participando de los Juegos Suramericanos y se alojan en la Villa Olímpica de la capital provincial.

La descripción de cocina “casi industrial” es porque Agustina cuenta que, a pesar del enorme crecimiento de la marca, no quiere perder el proceso artesanal de sus productos. “Podría automatizar el envasado quizás, pero el armado de las hamburguesas no, quiero mantener eso lo más artesanal posible porque también creo que ahí hay un diferencial, que es la calidad”, explica. “Mi idea siempre fue apuntar a un consumidor que se fija en lo que come, que sabe lo que come, que le gusta comer bien. Eso implica algunos procesos y algunos costos para mantener esa calidad”.

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Crecer acá, a pesar de todo Uff

De la cocina de su casa a una primera “casa Uff” en Santo Tomé; y de hacer todo el proceso -elaboración, envasado, distribución- sola, a emplear a siete personas -entre cocineras, la propia Agustina, su hermana y dos tíos que se encargan de la distribución-; la marca ya tiene una trayectoria y un nombre propio en la ciudad.

Un nombre propio que Agustina reconoce que lo hizo desde abajo, con esa inversión inicial en un par de bolsas de lentejas y arroz, pero que no hubiera llegado a donde está hoy sin un montón de otros factores que apuntalaron ese crecimiento. “Argentina es un país que te permite esas cosas ¿viste?, arrancar de abajo y que te vaya bien. Es algo que en otros lugares no ocurre. Hablo con amigos y familia en Brasil, en Estados Unidos, y dicen eso, es imposible que empieces en una casa, tenés que hacer una inversión grande de entrada”.

Luego de la pandemia, Agustina cuenta que pudo juntar la plata para pegar el gran salto y, en 2022, poner la fábrica con todos los requerimientos de seguridad alimentaria para poder ampliar la comercialización de los productos a todo el país.

“Usé toda la plata que tenía, le pedí un préstamo a un tío, que era el único de mi familia que tenía alguito, y arrancamos acá. Todo muy a pulmón”, dice, pero también aclara: “No es meritocracia, porque la gente que me rodea a mí tiene para comprar. Si, a mi me fue bien porque me rompí el lomo y me esforcé, como todos, pero además tengo un entorno que me acompaña. Yo no lo pierdo de vista. Por ahí cuando me dicen ‘es porque te esforzaste’, yo digo sí, pero no es solo eso”.

Resistir acá, a pesar de Milei

El consumo masivo en Argentina registra una baja sostenida desde la llegada de Javier Milei al gobierno, en diciembre de 2023. Con ingresos planchados y familias endeudándose para sobrevivir, es un desafío para cualquier emprendimiento mantenerse a flote. De hecho, desde ese diciembre de 2023 a hoy, 30.633 empresas cerraron sus puertas.

Consultada sobre cómo ve esta situación desde su empresa, Agustina comenta: “El consumo bajó mucho, te diría un 40%”, y como la gran mayoría de las y los laburantes argentinos tuvo que redoblar esfuerzos y expandirse para poder seguir. ”Ahí me puse a sumar bocas de venta, porque nosotros no estábamos en los supermercados, estábamos en las dietéticas, entonces empezamos a meter ahí, después el día que suba el consumo veremos”.

Gracias a esa expansión, un poco forzada por la coyuntura, Uff se consigue, además de en dietéticas y por venta directa que llega al hogar (y donde la Comunidad Pausa tiene descuentos), en los supermercados Kilbel, El Túnel, Alvear, Petrelli, Delca, Patricia, y en distribuidoras en toda la provincia, Paraná, Buenos Aires y Córdoba.

“A los lugares donde vamos pudiendo llegar, llegamos. Porque la logística es un problema en este país. Todo sale desde Buenos Aires o desde Rosario, hacerlo desde Santa Fe tiene su complejidad, pero ahí vamos, y sería imposible sin la ayuda de mucha gente”, señala Agustina, y vuelve sobre esto último para dejar en claro que en soledad es imposible: la relación cercana con los proveedores, las primeras distribuciones con precios amigables, el logo gratis que le hizo un amigo diseñador, los consejos de otros laburantes del rubro que te ayudan a crecer, que te pasan un dato de valor, y el Estado, con políticas públicas que acompañen y fortalezcan. “Pude acceder a un crédito de la provincia para equiparme y la verdad están al pendiente, preguntan si necesito algo. También son muy importantes las rondas de negocio que organizan, donde hay distribuidores, supermercadistas, productores. Y capaz de ahí, en el momento, no te vas con algo económico cerrado, pero sí con lo humano: es conocerte, hablar, poder encontrarte, y después quizá con el tiempo puedes cerrar un negocio, pero lo importante es lo humano de ese espacio”.

Y en esto de lo humano, de encontrarnos y tejer redes, Uff es parte de la Comunidad Pausa, ofreciendo descuentos y regalos a nuestros suscriptores. “Para mi estos intercambios son claves. Sin eso lo demás es como que no existe, no me gustaría tener un negocio si no hago estas cosas; me aburro, reducir todo a hacer plata, a la empresa, no tiene sentido”.

 

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Mujer y empresaria

Aunque valora esos espacios de encuentro, Agustina también hace foco en algo importante: “A veces soy la única mujer en esas mesas a las que me invitan”. No es una novedad, en la mayoría de las fotos de las cámaras empresarias, industriales, de encuentros con funcionarios donde se rosquean cosas importantes, son todos tipos. "Me asusta un poco ser mujer sola y empujar sola. Tenés que estar en un montón de cosas y tomar decisiones todo el tiempo", dice.

Pero con el tiempo, cuenta, le fue encontrando también el gustito: "Ser mujer y ocupar estos lugares también es re positivo, porque somos súper organizadas, metódicas, ordenadas. Y creo que eso es el 80% del laburo. Por ahí cuesta más ocupar algunos espacios, pero esta empresa tiene mucho que ver con el lugar histórico de la mujer en la cocina y en la comida".

Sin romantizar la carga mental que para la gran mayoría de las mujeres implica hacerse cargo de esa tarea en el día a día, Agustina siente que ese “tener que pensar qué comemos” es lo que le permitió imaginar Uff: "Me benefició por el lado de que yo pude pensar en algo que resuelva. La mayoría de las que me compran también son madres que resuelven, que tienen ganas de que los pibes coman sano. Es un público muy de mujeres también". Y remata: "Ese rol que tenemos las mujeres con la cocina, que por ahí nos generó enojo, yo lo revaloricé desde este lugar, y me dio sus frutos. Me crié con mi abuela cocinando siempre, con mi vieja ocupándose de eso. Yo ocupé ese lugar haciendo un negocio, que no es poca cosa".

No quiere que suene romántico, aclara, pero lo dice igual: "Es una forma de dar amor. A mí me encanta cocinar, comer bien, y que la gente que me visita coma bien. Me viene de familia, me viene histórico".

"También tiene que ver con que soy mujer, que pude sacar un producto así. Siento que revaloricé ese lugar de la mujer en la cocina, porque somos unas grosas cocinando", dice, y se ríe. "Hay de todo, hay chabones que seguramente también cocinan bien. Pero ese lugar histórico que tenemos me parece que tiene su lado copado".

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