Un informe del Centro de Estudios DEMOS pone la lupa sobre la informalidad, los ingresos y la desigualdad de género entre los jóvenes de 18 a 29 años.
El 65% de los jóvenes de entre 18 y 29 años que trabajan en la ciudad de Santa Fe no realizan aportes previsionales, mientras que 6 de cada 10 admitieron que necesitan mejorar su situación laboral y económica. Los datos son alarmantes y dejan a la vista un problema que, lejos de ser individual, afecta a toda una generación.Trabajo
Esas son algunas de las conclusiones del informe “Juventudes y trabajo precario. Radiografía de jóvenes trabajadores en la ciudad de Santa Fe”, elaborado por el Centro de Estudios DEMOS a partir de datos del Observatorio Social de la UNL correspondientes al período 2022-2025.
El documento detecta como principales problemas la informalidad, ingresos bajo la línea de pobreza, desigualdad de género y un acceso al mundo del trabajo condicionado por el nivel educativo, un fenómeno que tiene consecuencias sobre la desigualdad, la cohesión social y el sistema previsional.
“Estamos hablando de toda una generación que no cuenta con las herramientas básicas para desarrollar su vida en plenitud”, evaluó Joaquín Rosas, integrante del Centro de Estudios DEMOS, en diálogo con Pausa.
“Podemos observar ingresos deprimidos, baja protección social y amplia demanda en las horas diarias destinadas al trabajo. Si pensamos y le exigimos a esta generación proyectar un futuro de dignidad en estas condiciones, debemos comprender que lo que estamos haciendo es trampa. Esta generación no se queda en la casa de sus padres por falta de voluntad, sino por falta de recursos”, agregó Rosas.
El trabajo no alcanza para llegar a fin de mes
Para los jóvenes Sub-30, trabajar no garantiza ingresos suficientes para poder independizarse. A valores de 2025, los ingresos promedio de las mujeres se ubicaron en $444.000 y los de los varones en $558.000, muy por debajo de la canasta básica de $1.128.398 necesarios para que una familia tipo de cuatro integrantes no sea considerada pobre.
“Con esto no estamos hablando del sueño de la vivienda propia, estamos hablando de poder alquilar un monoambiente, comer todos los días lo que queramos, garantizar salidas con amigos y amigas para disfrutar el tiempo libre, vestirnos de manera adecuada: de todo eso se está privando a esta generación”, acotó Rosas.

El informe identifica además una fuerte brecha de género: las mujeres perciben en promedio un 25,7% menos que los varones. Ese dato corrobora una de las hipótesis del trabajo: el mercado laboral joven en Santa Fe tiende a conservar y reproducir posiciones laborales masculinizadas.
En paralelo, el 59,8% de los jóvenes encuestados considera “muy necesario” modificar su situación laboral y económica. Esa proporción está integrada por un 33,7% de jóvenes que no trabajan y un 26,1% de quienes sí trabajan.
Esa combinación de bajos ingresos y escasa –o nula– protección previsional constituye uno de los principales problemas del mercado laboral en Santa Fe. Ocurre que, quienes sufren una mayor pérdida frente a la inflación, cuentan al mismo tiempo con menos herramientas institucionales para recuperar sus capacidades económicas.
A esta situación se suma la evolución de la asistencia estatal. El informe señala que la cobertura de planes sociales para las juventudes cayó un tercio entre 2023 y 2025, bajo el gobierno de Javier Milei, en un contexto que se caracteriza por salarios que pierden poder adquisitivo y una protección social que se retrae.
Jóvenes trabajadores sin protección social
El informe señala una relación directa entre educación e inserción laboral. Las interrupciones de las trayectorias educativas, especialmente en los niveles secundario y superior, aparecen asociadas a mayores dificultades para acceder al empleo y a mejores remuneraciones. Esas interrupciones están relacionadas, en gran medida, con la necesidad de generar ingresos para afrontar la subsistencia cotidiana.
La incorporación al mercado laboral tampoco implica superar las situaciones de vulnerabilidad. El informe describe una inserción caracterizada por la informalidad y la desigualdad, incluso entre quienes consiguen acceder a un trabajo: dos de cada tres jóvenes que trabajan no cuentan con obra social, ni aportes jubilatorios, ni otro tipo de protección social.

El mito del “Triple Ni” trabajo
Años atrás se instaló en torno a los jóvenes la idea del Ni-Ni: “Ni estudian ni trabajan”. Ese mito, a la luz de las transformaciones sociales provocadas por el régimen libertario, ahora incorporó un tercer elemento: “Ni estudian, ni trabajan, ni buscan trabajo”.
Al respecto, Joaquín Rosas sostuvo: “Escuchamos hablar a personas que atravesaron su juventud hace muchos años acerca de que esta generación ni estudia, ni trabaja, ni busca trabajo. Lo que interesa preguntarle a aquella generación es si ellos hubiesen trabajado por $500.000, ocho o más horas diarias, cuando el costo de vida supera largamente el doble de ese valor”.
El integrante de DEMOS añadió: “Quizás lo que haya que decir es que ni quieren pagar más, ni quieren que trabajen menos horas diarias, ni quieren otorgarles derechos que otras generaciones tuvieron. Estamos frente a un problema de futuro, ¿quién va a cuidar de esta generación cuando lleguen a la vejez?”.

Desafíos urgentes para las políticas públicas
El informe fue elaborado por Agustín Bagilet, Luciano Litterio, Joaquín Rosas y Sol Pecorari, integrantes del Monitor Político y Social del Centro de Estudios DEMOS.
Los autores consideran necesario tomar los datos como una “radiografía crítica” de la realidad de los trabajadores jóvenes en Santa Fe y plantean que las discusiones sobre políticas públicas para juventudes deberían contemplar la recomposición de los salarios, incentivos para favorecer el acceso al mercado laboral formal y programas de compensación salarial destinados a facilitar la contratación de jóvenes.
El documento también cuestiona las explicaciones que atribuyen las dificultades de los jóvenes a una supuesta falta de interés por estudiar o trabajar. Según el informe, son los bajos salarios, la falta de protección social y las desigualdades existentes los factores que condicionan el acceso al trabajo y la continuidad de los estudios.










