En su visita al país laico y frente a más de 40.000 personas, León XIV advirtió sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo y pidió poner a las personas en el centro.
El Papa León XIV puso el trabajo y los desafíos de la inteligencia artificial en el centro de su primer discurso en Uruguay, durante el inicio de su gira por América Latina. Ante autoridades, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático, el pontífice defendió el empleo como una herramienta para el desarrollo de las capacidades humanas y advirtió sobre los riesgos de un avance tecnológico que no contemple la dignidad de quienes trabajan.
“El trabajo es uno de los cauces que permiten a cada persona desarrollar sus capacidades y contribuir al bien de los demás. Está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”, afirmó el Papa durante su intervención en la Plaza Independencia de Montevideo.
La reflexión estuvo vinculada con los cambios acelerados que atraviesa el mundo laboral a partir de la incorporación de nuevas tecnologías. León XIV sostuvo que la inteligencia artificial puede facilitar tareas, ampliar las capacidades humanas y generar nuevas oportunidades, pero remarcó que su desarrollo no debe desplazar a las personas ni reducirlas a una función dentro de los procesos productivos.
“El desarrollo de esas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”, señaló.
La dignidad humana frente a la productividad
En su discurso, el Papa también cuestionó que el valor de las personas sea medido exclusivamente por su capacidad de producir, trabajar o desenvolverse de manera autónoma.
Para desarrollar esa idea, recuperó una referencia al monumento a José Gervasio Artigas, en el que aparecen figuras que representan a distintos integrantes de la sociedad, entre ellas una mujer mayor que necesita ayuda para avanzar.
León XIV destacó que la pertenencia a una comunidad no puede depender de la fuerza física, la autosuficiencia o la capacidad de contribuir económicamente. En ese sentido, sostuvo que la dignidad humana es inherente a cada persona y no debe justificarse a partir de su productividad.
La reflexión adquiere especial relevancia en un escenario en el que la automatización y la inteligencia artificial plantean interrogantes sobre el futuro del empleo, las condiciones laborales y la distribución de los beneficios del desarrollo tecnológico.
Educación, autonomía y oportunidades laborales
La educación también ocupó un lugar central en el mensaje del pontífice. León XIV sostuvo que la formación debe ofrecer oportunidades concretas para acceder al mundo del trabajo, poner en práctica los conocimientos adquiridos y alcanzar autonomía.
En su intervención, vinculó el acceso a la educación con la posibilidad de desarrollar capacidades y participar de manera libre y responsable en la sociedad.
El discurso se inscribe en una preocupación más amplia del Papa por los efectos sociales de la transformación tecnológica. En su primera encíclica, Magnifica Humanitas, dedicada a la protección de la persona en la era de la inteligencia artificial, León XIV ya había planteado la necesidad de garantizar que las nuevas herramientas estén sometidas a criterios de responsabilidad, transparencia y respeto por los derechos humanos.
En Uruguay, el pontífice volvió a insistir en que el desarrollo económico y tecnológico debe tener como horizonte el bien común y no puede avanzar a costa de la dignidad de las personas.










