José Testoni va por la renovación de cargo como Secretario General de la CTA, una central que desde 2019 se enfocó fuertemente en el desarrollo territorial y de cooperativas, poniendo la experiencia de la organización sindical al servicio de los trabajadores que quedaron fuera de la formalidad.
La oficina de José Testoni en el nuevo local de la CTA, en San Luis y Crespo, da al salón central, donde siempre algo está pasando: una reunión de cooperativistas, materiales para una elección, el almuerzo de los viernes al mediodía. Es decir, lo interrumpen cada cinco minutos con alguna pregunta que requiere una decisión.
Dirigente sindical nacido en AMSAFE, donde fue secretario adjunto de Sonia Alesso, Testoni se volcó a la CTA con un objetivo claro: la organización de los trabajadores que son trabajadores, pero que quedaron fuera de la representación sindical al haberse caído de la formalidad. Así la CTA hoy ha crecido en volumen y se ha enriquecido con la experiencia de apoyar en su gestión a decenas de cooperativas, de todos los rubros.
—¿Construir relación con trabajadores que no están en blanco es un cambio de enfoque del trabajo sindical?
—Totalmente. Es un cambio de enfoque y de cultura sindical. Si venís seguido a la CTA, lo vas a ver. Hay un Testoni antes de 2019 y otro después, y fui secretario general en las dos etapas. De 2010 a 2019 mi trabajo era de coordinación sindical. Cada tanto había una reunión de la mesa provincial y venían los compañeros aeronáuticos, los actores, los estatales, los docentes, los de prensa y algunos que venían de los comedores. Coordinábamos la acción sindical. Para mí la acción sindical es nivelar la cancha en un mundo dividido entre los que tienen el capital y los que ponemos la fuerza de trabajo. Si la quiero resumir en dos palabras: equilibrar la cancha. Hasta 2019, eso lo hacíamos coordinando sindicatos. Desde 2019 empezamos a sumar pequeñas organizaciones autogestionadas, cooperativas y territoriales. También algunos sindicatos muy chicos que vieron en la CTA un camino para recorrer: el nuevo sindicato municipal, los sindicatos de la seguridad, el de cadetes, nuevas expresiones de remiseros. Eso nos obligó a tener una política no solo de coordinación, sino también de gestión. Seguimos con la coordinación político-sindical entre dirigentes y también con la CGT, con la que conformamos el MOS. Esa es nuestra historia. Pero sin dejar esa tarea empezamos a decir: necesitamos compañeros que atiendan a las cooperativas y lo territorial, que gestionen ante el Estado los programas existentes. Necesitamos abogados para los problemas de las organizaciones, contadores para los balances, equipos de comunicación y administrativos. Y acá están: venís a la CTA cualquier día, de 8 de la mañana a las 6 de la tarde, y los encontrás. También desarrollamos un equipo de formación con convenios con universidades para capacitar a los compañeros. Todo eso implicó robustecer la organización para la gestión. No podíamos ser solo un grupo de dirigentes sin local, sin materialidad, sin territorialidad. En el territorio hay muchísimos dirigentes valiosísimos, con empatía social, liderazgo, capacidades y voluntad de lucha, pero necesitan armar una organización. Ahí está la CTA, acompañando todo lo que implica un proceso organizativo.
—Los que integran las cooperativas de la CTA, ¿qué tipo de compromiso desarrollan con la organización? ¿Lo toman como un servicio o hay también una construcción política?
—Voy a empezar por lo que para mí es una clave de lo que buscamos: el concepto de reciprocidad, que fuimos aprendiendo con el tiempo. Uno viene de ciertas prácticas. Yo soy maestro de escuela, ¿viste?, y el maestro da y da y da. Tenemos esa práctica a veces paternalista, y no está bueno, porque el capitalismo es una selva y hay que preparar a nuestras organizaciones para esa selva. A los dirigentes con capacidad de construcción colectiva hay que permitirles que esa construcción se pueda defender en un país tan difícil como la Argentina. Asumo que soy el secretario general, que tengo que llegar primero, irme último, escuchar a todos, abrazar a todos y hablar con todos, y que tengo algunas responsabilidades mayores. Pero siempre planteamos mecanismos de reciprocidad. La CTA recibe, pero también espera que la construyamos entre todos, sea con la movilización o con aportes solidarios. ¿Por qué? Porque queremos romper con una lógica paternalista en la que, el día que algunos dirigentes nos corramos, el proceso se trunca. Para que no se trunque, nuestras organizaciones tienen que tener un criterio de reciprocidad. A la organización, sea cooperativa, sindicato o territorial, le tiene que servir la CTA, y a la CTA le tiene que servir que esas organizaciones estén.
“Somos autónomos, pero no neutrales”
—Pero además de la reciprocidad como fundamento de la organización, ¿hay una línea política?
—En lo político quiero ser muy claro. Somos heterogéneos. El que entra a una central como la nuestra conoce a sus dirigentes y nuestro perfil, pero no le pedimos análisis de sangre, ni de orina, ni nada parecido para levantarle una barrera. Se abrazan los principios de la CTA, la libertad sindical, la autonomía política y la democracia sindical, y la organización puede entrar. Somos una central de trabajadores con autonomía. Pero, como dice siempre Hugo Yasky, somos autónomos, no neutrales. Tenemos claro con qué gobiernos tenemos afinidades, más allá de ciertas disidencias, y con cuáles estamos de punta. Con casi todos los gobiernos de la democracia tuvimos alguna afinidad. Habría que hacer una excepción con el de Macri. Con el menemismo estuvimos más lejos, aunque había algún vaso comunicante. Con los otros teníamos vínculo directo: con el gobierno de Alfonsín, ni hablar con Néstor y Cristina, con Alberto Fernández. Pero con el gobierno actual ya no es una cuestión de adversarios con diferencias o con pocas coincidencias. El gobierno actual es enemigo de los intereses de la clase trabajadora. No hablo de las personas: no tengo personas enemigas. Hablo de lo que representa ese modelo político. Nuestro modelo de país está en las antípodas en lo económico, en lo internacional, en lo productivo. Defendemos el trabajo con derechos, la producción, la soberanía nacional, la independencia económica, la unidad latinoamericana. Este gobierno está en las antípodas de todo eso. Por lo tanto, es un gobierno enemigo de los intereses que defendemos. Y tampoco podemos bancar posiciones políticas que fracturan el campo popular. Para tener una etapa de recuperación de derechos en la Argentina vamos a necesitar una gran coalición político-ideológica que pueda competir contra las opciones de derecha. Es lo que está haciendo Lula en Brasil y lo que hicieron otros países que lograron gobiernos populares gracias a la concertación entre distintas fuerzas políticas.
—Es un posicionamiento fuerte: a favor de una coalición amplia más que de la pureza doctrinaria. Y no es la única voz dentro de la oposición al gobierno.
—Exactamente. Vuelvo a decirlo: no nacimos como furgón de cola de ningún partido. Está claro que hay un partido con una responsabilidad muy grande en la Argentina, el Partido Justicialista, porque es el que tiene más volumen político para conducir una salida electoral. Pero de ninguna manera los compañeros de la CTA están obligados a ser parte del peronismo, y la CTA no es una agrupación interna del peronismo. Defendemos el interés de los trabajadores. Si se genera una coalición, chica, mediana o grande, que confluya con nuestros intereses y pueda ser alternativa de poder en lo local, lo provincial o lo nacional, la vamos a acompañar con autonomía. No nos van a dar órdenes, pero sabemos que ese horizonte político es favorable a nuestros objetivos. Ellos generarán sus instrumentos para ese triunfo y nosotros los nuestros. Pero si coincidís en los objetivos, los instrumentos tienen que ser concurrentes. Hay partidos políticos que, como las centrales sindicales, creen en el pleno empleo, el trabajo decente, la soberanía nacional y la producción nacional, y hay otros que no. Tengo objetivos comunes con los primeros: ellos arman un partido, yo una central. No me dan órdenes, pero sé que en un momento la salida política viene de la mano de una cajita de cartón donde hay que poner un papelito, y los que pueden armar esa alternativa son ellos, no nosotros. Ahí no hay neutralidad posible. Si desde los partidos alguien genera una alternativa para salir de este infierno y es competitiva, vamos a tener que acompañarla. Esa definición la vamos a tomar en su momento. Hoy seguimos demandando y construyendo instrumentos sindicales concurrentes con esos grandes objetivos. Vos dijiste "pureza": perfecto. No buscamos la pureza ideológica. No nos pasamos el día encerrados estudiando tendencias ideológicas ni señalamos a los compañeros por eso. Nos interesan las prácticas: un proceso colectivo, multisectorial, con mucha territorialidad, que dé respuestas santafesinas, o argentinas, a los problemas argentinos.
Del comedor a la cooperativa
—¿Cómo es el proceso de desarrollo de las organizaciones cooperativas de base?
—El desarrollo, en primera instancia, siempre es un comedor: la asistencia, y el abrazo y la escucha que vienen con el alimento, que es lo que hacen nuestras compañeras en los barrios. Pero si ese grupo funciona y se articula, rápidamente se puede convertir en una unidad productiva cooperativa. Además de abrazo, escucha y alimentación, empieza a generar actividad laboral. Lo logramos en más de 30 rubros cooperativos en distintos territorios de la provincia. Las cooperativas son autosustentables, pero hoy tienen dificultades que dependen del sector: hay sectores que andan muy bien, otros que andan regular, de subsistencia, y otros que andan mal.
—¿Cuáles andan bien?
—Las cuidadoras de personas. La cooperativa Buen Vivir supera las 100 asociadas, en un 90% mujeres, y trabajan muy bien porque hay demanda vinculada a los adultos mayores. En las grandes ciudades hay un fenómeno muy importante: la familia se desmembra, los hijos se van del país o tienen un nivel de actividad que les impide cuidar a sus padres, y hace falta alguien que los cuide. Eso genera una cantidad de puestos de trabajo impresionante, y nosotros lo estamos cooperativizando. En algunos casos las obras sociales financian o subsidian el servicio; en otros lo paga solo la familia. Con la cooperativa organizamos el servicio, lo cobramos y pagamos, y les garantizamos el monotributo a las compañeras para que tengan jubilación y obra social. Además las vinculamos con la mutual propia de la CTA, que les da asistencia económica y de salud, y provisión de alimentos o de electrodomésticos: un teléfono, un lavarropas. Ahí se genera un circuito positivo en un sector que tiene actividad.
"El 0% de la obra pública de Santa Fe termina en cooperativas"
—¿Y cuáles están en dificultades?
—En el otro extremo está la construcción. Me parece bien que la provincia tenga una política contracíclica frente a una Nación que abandonó la obra pública. Pero la poca obra que se hace está orientada a determinadas cuestiones: cárceles, un puente muy importante, algo de infraestructura vial. Y en ningún caso se contrata a cooperativas, ni el 1%. Nosotros quisiéramos ser el 10%, el 20%. El 0% de la obra pública de Santa Fe termina en cooperativas, y podríamos hacer un montón de cosas. La obra pública en manos de cooperativas tendría mayor impacto en términos de política laboral. Hoy hay cinco o seis empresas grandes haciendo todas las obras: la cárcel de Recreo, la de Piñero, el puente, los ensanches de la autopista, las rotondas en muchos lugares de la provincia. Está muy bien, no estamos en contra. Pero hay tareas complementarias que podrían hacer las cooperativas, y eso aumentaría la captación de empleo.
—¿Y a escala municipal?
—Ni hablar. Las municipalidades están quebradas, entonces precarizan el empleo. Cuando un compañero pasa a trabajar para una Municipalidad, difícilmente alcance el salario de un trabajador municipal. La política es nefasta: darle 200.000 pesos mensuales a una cooperativa para cortar el pasto en una plaza, con contratos de servicio en los que terminan trabajando diez compañeros. Hacen como que pagan y la gente hace como que trabaja. Así no funciona nada. El trabajo cooperativo tiene que ser de la misma calidad que el del sector privado. En la obra pública provincial o nacional, eso lo habíamos logrado en otro gobierno. Hicimos obras de infraestructura urbana en ocho barrios populares de nuestra región, como La Guardia, Alto Verde, Los Espinillos y Rincón: veredas, baños, pozos negros, electrificación intradomiciliaria, plazas. Todas cosas que las cooperativas podemos hacer. Dábamos vuelta el barrio como una media con las cooperativas de la CTA: quedaba hermoso y tenía un impacto laboral altísimo. Eso se dejó de hacer por completo.
Tres años de ajuste
—¿Qué impacto tuvieron para la CTA estos últimos tres años de ajuste inédito?
—La demanda en los comedores creció muchísimo. Veníamos desacelerando la asistencia alimentaria y en estos tres años volvió a aumentar. Tenemos que estar encima de compañeros para asistirlos, incluso de compañeros con un sueldo estable. Si cobrás menos de un millón de pesos y tu familia es de cuatro integrantes, no llegás ni a la mitad de la canasta familiar. A ese compañero hay que asistirlo con un bolsón de mercadería, y lo hacemos. Son compañeros con empleo registrado, golpeados por la baja del salario y la precarización laboral.
—¿Hablás de docentes?
—Hasta ese nivel estamos llegando. Estatales y municipales que cobran muy poco, menos de un millón de pesos. Es un impacto directo, tremendo, triste. Y lo que más nos duele es la caída de actividad en las cooperativas, sobre todo en las de producción y de construcción. Tenemos cooperativas de producción muy interesantes: metalmecánica, carpintería, compost, alimentos. Todo lo que se vende cayó; algunos servicios se mantuvieron. Ahí es muy difícil sostenerse.










