La brecha, según la calidad de vida

Del verde al rojo, la calidad de vida en el Gran Santa Fe según datos del Censo 2010: el mapa está dividido de acuerdo a las vecinales y corresponde al trabajo de Velázquez y Gómez. (Click para ampliar)

Un estudio revela las dos caras de Santa Fe: desde el casco histórico hacia los márgenes crecen los índices desfavorables. Comienza a verse un proceso de deterioro en el centro.

 

¿Cómo medir la calidad de vida de una región? ¿Se puede crear un índice de las condiciones de vida de una ciudad para poder compararla con otras ciudades? ¿Qué diferencia hay entre pobreza y calidad de vida?

El índice de la calidad de vida va cambiando según las épocas y varía según la sociedad en la cual una persona o un hogar están insertos. “Una de las características del índice de la calidad de vida es que no se mide con respecto a un piso. El índice de la calidad de vida tiene que ver con las expectativas, que son siempre crecientes”, afirma Guillermo Velázquez, docente de la Universidad Nacional del Centro de Buenos Aires (Tandil), especialista en la temática, que junto a Néstor Javier Gómez publicó el estudio Calidad de vida y crecimiento demográfico en el Gran Santa Fe.

Al referirse a los cambios de la calidad de vida en cada época, agrega: “Por ejemplo, con la pobreza se puede decir ‘el que gana tanto dinero ya no es pobre’. Pero la calidad de vida se mide con respecto a un techo y ese techo siempre está ascendiendo. Hace 20 años uno podía decir que vivía bien si tenía trabajo, casa y auto. En cambio, hoy Internet es importante, ya que si te cortan Internet sentís que se te acabó el mundo. Y dentro de 20 años tendremos otras nuevas necesidades”.

Por su parte, el docente de la Licenciatura en Geografía de la UNL Gustavo Peretti sostiene: “El índice de pobreza es una medida mínima, a la cual tienen que llegar las personas o los hogares. En cambio, la calidad de vida es una medida de logro, entendida como la situación óptima a la cual podría llegar una persona o un hogar”.

Qué tan bien o tan mal vive una persona se mide con indicadores socioeconómicos y ambientales. Para su análisis se puede diferenciar una dimensión privada y una pública.

[quote_box_right]”Hace 20 años uno podía decir que vivía bien si tenía trabajo, casa y auto. En cambio, hoy Internet es importante, ya que si te cortan Internet sentís que se te acabó el mundo. Y dentro de 20 años tendremos otras nuevas necesidades”.[/quote_box_right]

La dimensión privada comprende los niveles educativos, acceso a obra social y las condiciones de la vivienda (inodoro con desagüe, cantidad de cuartos para las personas que viven allí, por ejemplo). Es decir, aspectos que dependen de los integrantes del hogar.

La dimensión pública está vinculada con cuestiones ambientales y del entorno de los hogares. Se considera los servicios de infraestructura: pavimento y conectividad a cloacas, gas natural y red de agua.

Los estudios se hacen tomando los datos de los censos nacionales. “Lo que buscamos es hacer una radiografía de todo el territorio para ver la situación relativa de cada lugar”, revela Velásquez.

 

Ciudad intermedia

Santa Fe puede considerarse una ciudad intermedia, al igual que Paraná, Bahía Blanca, Mendoza, Salta, Mar del Plata o Tandil. Según Velázquez, esta condición resulta ser beneficiosa: “En las ciudades intermedias, que van de 50 mil a un millón de habitantes, está la mejor calidad de vida. No significa que la gente viva muy mal en ciudades de un millón de habitantes para arriba, pero los indicadores bajan un poco por temas como los residuos, la sensación de inseguridad, costo inmobiliario, costo de transporte, etc. Lo mismo pasa con las ciudades o pueblos pequeños, porque no hay universidad, no hay un alto servicio sanitario, etc.”.

Asimismo, agrega que “el departamento La Capital está ubicado claramente dentro del 25% de los departamentos que tiene mejor situación relativa en todo el país”.

 

Rasgos latinoamericanos

El investigador de Conicet y docente de la UNL Néstor Javier Gómez hace varios años que viene estudiando la calidad de vida en la región. Gómez toma como referencia los indicadores mencionados y les agrega el riesgo hídrico, es decir la posibilidad de sufrir inundaciones por la localización geográfica.

Según sus estudios, teniendo en cuenta el último censo nacional del 2010, el índice de calidad de vida del Gran Santa Fe es en promedio del 6,63, quedando situado en desfavorable, aunque cercana a la categoría favorable.

El aglomerado Gran Santa Fe tiene una estructura urbana similar  a algunas características típicas de las ciudades latinoamericanas:

• Las áreas de calidad de vida se organizan del centro a la periferia: las áreas se disponen en formas de anillos concéntricos que van desde la zona entre bulevares hacia la periferia. Los peores índices se encuentran en el noroeste. “Desde lo espacial hay un degradé centro-periferia”, explica Gómez.

• La mayor calidad de vida está en las zonas centrales, mientras que la población con menor calidad de vida se ubica en la periferia del aglomerado. En el centro se concentran las mayores proporciones de población con estudios universitarios completos y con obra social, altas proporciones de hogares conectados a redes de cloacas y de gas y casi totalidad de las calles asfaltadas. En la periferia están los mayores índices de población hacinada, sin cloacas, con estudios primarios incompletos y baja cobertura de servicios.

• En una visión de conjunto las dimensiones pública y privada de la calidad de vida se corresponden. Los suburbios acumulan la mayor cantidad de deficiencias en obras de infraestructura. A su vez, a la carencia de servicios públicos se suman las bajas cotas de los terrenos, lo que significa un riesgo mayor de inundaciones. En algunos casos, estos barrios fueron construidos a principios de la década de 1950, en otros, son barrios aparecidos en las tres últimas décadas e incluso varios de ellos están en proceso de formación.

• Las situaciones de mejor estatus no son exclusivas del macrocentro, sino que también se observan zonas de categoría “más favorable” que conviven con zonas muy desfavorables. El caso más notorio es el barrio de Guadalupe que tiene una gran disparidad entre las dos zonas divididas por la vía.

 

Indicadores disímiles

Una de las características de las ciudades latinoamericanas es que las dimensiones pública y privada coincidan: los grupos sociales más desfavorecidos viven en un lugar con pocos servicios y equipamiento. Sin embargo, en Santa Fe hay zonas donde esto no sucede, sectores en los que los índices de la infraestructura pública superan a los indicadores privados. Sucede en el microcentro de la ciudad: “Muchas veces el encarecimiento del suelo hace que haya baja ocupación de los locales comerciales y que por las noches sean áreas inseguras. Esto genera que los sectores medios salgan de allí y que las viviendas sean ocupadas por sectores medios y bajos. Se puede observar en la zona de la terminal de ómnibus, un área donde se ven signos de deterioro. Lo que puede existir es un proceso de deterioro del centro. Es algo que sucede en muchas ciudades”, explica Gómez.

[quote_box_right]Una de las características de las ciudades latinoamericanas es que las dimensiones pública y privada coincidan: los grupos sociales más desfavorecidos viven en un lugar con pocos servicios y equipamiento.[/quote_box_right]

Hay casos donde la dimensión privada es mejor que la pública. “Por ejemplo, algunos sectores en el área de countries a la salida de la autopista Santa Fe-Rosario. Allí los desempeños privados son muy buenos, sin embargo en ciertos countries hay problemas para el acceso a servicios básicos. Otro caso es Colastiné Norte, que tiene grandes déficits en agua potable, cloacas, gas natural y problemas de inundación”.

En contraposición, existe una zona intermedia de la ciudad con indicadores de servicios muy buenos, pero con un cierto rezago en la dimensión privada: María Selva, Mariano Comas, Sargento Cabral, Fomento 9 de Julio. Goméz sostiene: “Esas zonas de la ciudad tienen un alto potencial para el crecimiento inmobiliario porque tienen gran cobertura de servicios”. Esta zona intermedia presenta un gran potencial, sobre todo en una ciudad donde ya casi no hay suelo urbanizable.

 

Publicada en Pausa #163, miércoles 14 de octubre de 2015

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