Nature: “Definir el género por los genitales con los que se nace no tiene sustento científico”

Foto: Mauricio Centurión.

La definición es parte de una editorial de la revista británica, una de las publicaciones científicas más prestigiosas a nivel mundial.

La editorial de Nature, que se puede leer en su página web, se da en respuesta al borrador de un memorando del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de Estados Unidos que fue filtrado a The New York Times.

Según ese borrador, la administración Trump propondría establecer una definición legal de si una persona es hombre o mujer basándose única e inmutable en los genitales con los que nace. Las pruebas genéticas, dice, podrían usarse para resolver cualquier ambigüedad sobre la apariencia externa. La medida facilitaría que las instituciones que reciben fondos federales, como universidades y programas de salud, discriminen a las personas por su identidad de género.

El memo afirma que los procesos para decidir el sexo en un certificado de nacimiento serán «claros, basados ​​en la ciencia, objetivos y administrables».

Ante esto, Nature es categórica: «La propuesta, sobre la cual los funcionarios de HHS se han negado a comentar, es una idea terrible que debe ser eliminada. No tiene fundamento en la ciencia y desharía décadas de progreso en la comprensión del sexo, una clasificación basada en las características corporales internas y externas, y el género, una construcción social relacionada con las diferencias biológicas, pero también enraizada en la cultura, las normas sociales y el comportamiento individual. Peor aún, socavaría los esfuerzos para reducir la discriminación contra las personas transgénero y aquellos que no entran en las categorías binarias de hombres o mujeres».

La respuesta de Nature parece ser oportura no sólo para la situación de Estados Unidos bajo el gobierno de Trump, sino también para el movimiento latinoamericano denominado «Con mis hijos no te metas», que pugna contra una supuesta «ideología de género» que busca promover ideas «anti naturales» en los niños y niñas mediante la Educación Sexual Integral, entre esas, que sexo y género no son lo mismo. De hecho uno de los reclamos que más resonaron en las manifestaciones que realizaron en diversas ciudades del país fue el de la derogación de la ley de identidad de género.

Ante la consigna «Biología si, ideología no», las reflexiones en base a investigaciones que presenta Nature, pueden ser una respuesta. Acá, el resto del artículo en español:

«La biología no es tan sencilla como sugiere la propuesta. Según algunas estimaciones, una de cada 100 personas tiene diferencias o trastornos del desarrollo sexual, como condiciones hormonales, cambios genéticos o ambigüedades anatómicas, algunas de las cuales significa que sus genitales no pueden clasificarse claramente como hombres o mujeres. Durante la mayor parte del siglo XX, los médicos a menudo alteraban quirúrgicamente los genitales ambiguos de un bebé para que coincidieran con el sexo que fuera más fácil y esperaban que el niño se adaptara. Con frecuencia, estaban equivocados. Un estudio de 2004 rastreó a 14 niños genéticamente masculinos que recibieron genitales femeninos; 8 terminaron identificándose como hombres, y la intervención quirúrgica les causó una gran angustia (W. G. Reiner y J. P. Gearhart N. Engl. J. Med. 350, 333–341; 2004).

Aún más complejo desde el punto de vista científico es el desajuste entre el género y el sexo en el certificado de nacimiento de una persona. Algunas evidencias sugieren que la identidad transgénero tiene raíces genéticas u hormonales, pero sus correlatos biológicos exactos no están claros. Cualquiera que sea la causa, organizaciones como la Academia Estadounidense de Pediatría aconsejan a los médicos tratar a las personas de acuerdo con su género preferido, independientemente de su apariencia o genética.

La comunidad médica y de investigación ahora considera que el sexo es más complejo que el hombre y la mujer, y el género como un espectro que incluye a las personas transgénero y aquellos que no se identifican como hombres ni mujeres. La propuesta de la administración estadounidense ignoraría el consenso de expertos.

La idea de que la ciencia puede llegar a conclusiones definitivas sobre el sexo o el género de una persona es fundamentalmente defectuosa. Basta con preguntarle esto a organizaciones deportivas como el Comité Olímpico Internacional (COI), que ha luchado con esto durante décadas. En la década de 1960, preocupados porque los hombres competirían en los eventos de mujeres, los funcionarios trataron de clasificar a los atletas a través de exámenes genitales, un proceso intrusivo y humillante. Las pruebas de ADN que verifican la presencia de un cromosoma Y tampoco demostraron ser confiables: las personas con cromosomas XY pueden tener características femeninas debido a condiciones que incluyen la incapacidad de responder a la testosterona.

Hoy en día, el COI clasifica a los atletas midiendo sus niveles de testosterona, pero esto también es defectuoso. Ciertas condiciones médicas pueden elevar los niveles de testosterona de las mujeres al rango masculino típico, y las pruebas las dejan incapaces de competir entre las mujeres.

Si la administración de Trump intenta imponer pruebas genéticas, tendrá muchas sorpresas. Por ejemplo, la recombinación genética puede transferir los genes del cromosoma Y a los cromosomas X, lo que da como resultado que las personas con cromosomas XX tengan características masculinas.

Los intentos políticos de encasillar a las personas no tienen nada que ver con la ciencia y con el despojo de los derechos y el reconocimiento de aquellos cuya identidad no se corresponde con ideas obsoletas de sexo y género. Es una forma fácil para que la administración de Trump reúna a sus partidarios, muchos de los cuales se oponen a la igualdad para las personas de minorías sexuales y de género. No es sorprendente que apareciera pocas semanas antes de las elecciones de medio término.

Esta no es la primera vez que la administración ha atacado las protecciones legales para personas transgénero y no binarias. El año pasado, Trump declaró que a las personas transgénero ya no se les permitiría servir en el ejército de los EE. UU., y anularon las pautas que sugieren que las escuelas deberían permitir que los alumnos usen el baño de su elección. Una nota de octubre de 2017 del Departamento de Justicia de los Estados Unidos declaró que las leyes que prohíben la discriminación laboral no deberían aplicarse a la identidad de género.

Instituir una política con una definición estrecha de sexo o género y sin fundamento en la ciencia sería un gran paso hacia atrás para los Estados Unidos en temas de identidad de género. Lamentablemente, el movimiento es solo el último de una serie de propuestas que hacen un mal uso e ignoran la ciencia y dañan a los grupos marginados como parte de una búsqueda para obtener puntos políticos baratos».

Un solo comentario

  1. Según dicen, la ley de Ideología de Género (IG) no será votada este año. ¿Cuál es el verdadero problema? El problema es que, el gobierno sabe que si la ley es aprobada este año, entonces, la iglesia (evangélica y católica) no votará a Macri para un segundo mandato presidencial el próximo año. Por eso es que las las autoridades han pensado que, lo mejor es suspender todo, esperar a que el año próximo vuelva a ser elegido Macri; y entonces, continuar con lo pactado con el FMI; es decir, tratar de que la ley de IG sea aprobada. Pero los cristianos no estamos dispuestos a vender nuestros hijos, a cambio de conseguir dólares. Por eso, si nuestros gobernantes no dejan de promover la IG, entonces, los cristianos votaremos a Alfredo Olmedo para presidente. Con IG no votaremos a Macri.

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