Qué piensa Nicolás Dujovne y por qué vas a extrañar a Prat Gay

Nicolas Dujovne. Foto Mariano Fuchila / El Economista.

La renuncia de Alfonso Prat Gay y la división de su ministerio, que ahora quedará en manos de Luis Caputo y Nicolás Dujovne, es una derrota del ala blanda de Cambiemos y el ascenso de su ala dura. Sí: todavía se puede ajustar más fuerte.

Si bien Luis Caputo ya formaba parte de la gestión de Ministerio de Hacienda y Finanzas, es de esperar que ahora, como ministro de Finanzas, el proceso de endeudamiento externo se acelere. Caputo fue el negociador principal con los Fondos Buitre y es visto por Wall Street como un hombre propio. Caputo además es el primo de Nicolás Caputo, el constructor estrella del macrismo, amigo personal del presidente y financista del PRO.

Pero Caputo no es el tema, sino la nueva figura del staff gubernamental, Nicolás Dujovne. Dujovne tiene casi nula actuación en el Estado, poco significa esa experiencia a la hora de integrar funciones en Cambiemos. Punto importantísimo a favor de su futuro: fue uno de los directivos de Papel Prensa, haga lo que haga y pase lo pase, será públicamente bien visto y resguardado. Ademas, ya es muy conocido por acompañar al columnista Carlos Pagni en su programa Odisea Argentina.

Un Estado al que le sobra un millón de trabajadores, una economía a la que le es conveniente volver al FMI, el sueño de un plan de congelamiento del gasto público a largo plazo –la locura que Michel Temer impuso en Brasil– que incluya menores erogaciones y baja de impuestos, aperturismo mayor al existente y acuerdos de libre comercio con lo que venga, amor incondicional a Federico Sturzenegger y su plan congeladora de tasas por las nubes para bajar la inflación y odio a las leyes de protección a los trabajadores: como periodista de TN y La Nación, Nicolás Dujovne destiló toda su dureza en sus comentarios económicos y políticos, dejando a Alfonso Prat Gay como una tierna palomita. De sus columnas en La Nación se pueden extraer ciertas líneas básicas de pensamiento. Claro está, no es lo mismo el Ministerio de Hacienda que una tribuna periodística.

En una somera síntesis, Dujovne tiene una obsesión por congelar el gasto público o, mejor aún, reducirlo lo antes posible, bajando impuestos al mismo tiempo. Su único escenario de reactivación tiene como reglas la liberalización de condiciones para el ingreso de capitales en una economía super enfriada a fuerza de medidas anti inflacionarias. Habrá que ver qué hace ahora que tiene el mando. Por lo pronto, el FMI está bien dispuesto a inyectar nafta para que Cambiemos llegue orondo a las elecciones de 2017 y para que luego practique, según lo que el mismo Dujovne analiza, el plan de ajuste para 2018, que ya está trazado.

Porque a todo esto lo dice explícitamente en sus columnas:

20 de diciembre: defensa del congelamiento del gasto público en la nación y en las provincias –con una ley de responsabilidad fiscal– y aperturismo externo duro.

“Si el Gobierno lograra mantener el gasto congelado en términos reales por los próximos cinco años y la economía creciera 3% por año, el gasto en relación con el PBI bajaría de 45% a 39% en 2021. Y si esa estabilidad del gasto permaneciera por diez años, caería hasta 34% del PBI en 2026”.

“Una ley de responsabilidad que establezca parámetros para el gasto en el mediano plazo (incluyendo el de las provincias) y que fije cómo se repartirá la mejora fiscal que provocaría la contención de las erogaciones (entre la reducción del déficit y la eliminación de impuestos) podría ser negociada con la oposición y despejaría en buena medida la duda de los inversores acerca de la solvencia fiscal de la Argentina”.

En comercio internacional, el Gobierno tiene un plan. Consiste en ir eliminando gradualmente la protección que hoy genera que los argentinos enfrenten sobreprecios insoportables cuando consumen electrónicos, prendas de vestir, juguetes y otros bienes. Ese sobrecosto será removido gradualmente junto con la disminución de la protección en esos sectores. Y la forma de institucionalizarlo vendrá de la mano de la firma de acuerdos de libre comercio (como el del Mercosur y la UE), donde el sendero de convergencia hacia la apertura, de 10 o 15 años, quedará establecido».

29 de noviembre: aceleración del ciclo de endeudamiento para sostener el déficit fiscal, ajuste a las provincias, vuelta al FMI,

«En la visión del Gobierno, llevar adelante esos cambios requiere gobernabilidad y tiempo, y ello se consigue en parte cediendo recursos fiscales, los que constituyen el precio a pagar por un gobierno en minoría parlamentaria. Pagar ese precio genera la necesidad de un permanente acceso al endeudamiento que permita financiar el rojo de las cuentas públicas durante el período de transición».

«Buena parte del deterioro fiscal observado en los últimos meses es el resultado de una suma de pequeñas concesiones otorgadas a las provincias, a algunos sectores productivos, a los sindicatos y a los movimientos sociales, pero aun así el Gobierno no pudo aprobar en el Senado ni la reforma política ni la modificación de la ley de accidentes del trabajo. El intercambio entre déficit y gobernabilidad comienza a ser menos rendidor para el oficialismo de lo que lo fue cuando negoció el acuerdo con los holdouts».

«Si la sequía de fondos externos se prolongase, si lo quisiera el Gobierno podría recurrir al FMI. Un programa en el que el fondo desembolsara US$ 25.000 millones sería fácilmente obtenible y las condiciones que impondría el organismo serían pasablemente laxas para el Gobierno».

22 noviembre: flexibilización laboral

«Es inviable para un país, e injusto para quienes lo sufren, que el 35% del empleo sea informal. Ello ocurre porque tenemos impuestos, una justicia laboral y regulaciones laborales inviables. En la Argentina, los impuestos al trabajo generan un costo laboral 40% más elevado que el salario de bolsillo. Esa cifra se compara con menos de 10% de sobrecosto en Chile y Australia y menos de 20% en Canadá, México, Israel, Corea y Estados Unidos. La Argentina agrega además una justicia laboral que parece diseñada para que las empresas cierren sus persianas y sus dueños inviertan en Lebac».

15 de noviembre: adelantamiento del ajuste más duro si es imposible continuar con el endeudamiento, devaluación ante la apreciación ya iniciada del dólar y la devaluación del real

«En la Argentina existen motivos adicionales para la ansiedad [respecto de la gestión de Donald Trump]. Despejar la incógnita es crucial para entender si el núcleo central de la política macroeconómica del presidente Macri, el gradualismo fiscal, podrá seguir encontrando fondos dispuestos a financiarlo en el electoral 2017 o si, escaseando éstos, el Gobierno deberá adelantar un ajuste presupuestario que sólo estaba pensado para ser implementado en 2018«.

«Si las monedas de nuestros socios y vecinos se deprecian, el peso deberá devaluarse también. Sin embargo, habiendo iniciado hace pocos meses el camino de la flotación cambiaria con metas de inflación, el movimiento del tipo de cambio local se traspasa mucho más a la inflación que el impacto inflacionario que sufren Brasil, Chile o Perú cuando sus monedas se mueven. Un eventual cambio de escenario encuentra a la Argentina muy poco preparada para enfrentar el shock. Recién empezábamos».

17 de octubre: apoyo a la política de «metas de inflación», con la que el Banco Central mantiene altas las tasas y enfría la economía.

«El éxito en las emisiones de deuda en pesos a largo plazo es, en buena medida, subsidiario de la credibilidad antiinflacionaria que comienza a generar un Banco Central que muestra que está dispuesto a pagar costos de corto plazo en la búsqueda de beneficios de largo plazo. Así, la visible disidencia entre el Central y Economía genera la dinámica virtuosa que se busca con el diseño institucional que supone contar con un Banco Central independiente».

3 de octubre: ajuste de un millón de empleados públicos en el Estado.

«Hoy la Argentina cuenta con 3,5 millones de empleados públicos, cuando en 2003 tenía solamente 2,2 millones.

Si el empleo estatal hubiera aumentado al ritmo en que lo hacía la población, hoy sumaría 2,6 millones de personas. Los 900.000 empleos «extras» suponen un costo de unos 25.000 millones de dólares al año, que se financian con inflación e impuestos distorsivos, es decir, ahuyentando a las empresas, potenciales creadoras de puestos de trabajo».

12 septiembre: licuamiento del salario real para bajar la inflación a través de la firma de negociaciones paritarias por debajo de la inflación real.

«Una parte del partido de la inflación se jugará a comienzos del año próximo, cuando el propio gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires cierren la primera paritaria de 2017. De 22% para arriba, es difícil que la inflación baje hasta 17%«.

 

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