Me regalaron la entrada para ir a ver a Los Pumas contra Inglaterra en la cancha de Colón. No sé nada de rugby. Siquiera me gusta. Siempre despotriqué contra los “rugbiers” patoteros. Soy el típico que empieza a ver el mundial cuando Argentina llega a semifinales. Cada vez que pierden posteo algo con el hashtag #DerrotaDigna. Así y todo, me invitaron igual. Mi amigo debería considerar muy bien qué entiende por amigo.

Ni lo dudé. No encontré un solo motivo para no aceptar la entrada. Fui, claro. Encima me invitaron a palco. Sí, a mí. Un croto que nunca antes había ido a ver un partido de rugby en su vida. Que no conoce a ningún Puma actual (mentira, ¡¿cómo no lo voy a conocer a Juani Hernández?! Y al pelado ese que nunca sé si es el Yankee Martin o Felipe Contepomi, el hermano del Bebe. Sí, obvio: tuve que googlear cómo se escribe “Contepomi”). Que grita “gol” en vez de “tri”, cada vez que hacen un gol. ¿Y qué me importa? Es un evento deportivo internacional con dos de las mejores selecciones del mundo. En mi ciud… nah, era gratis y pensé que por ir a palco me iban a regalar cerveza. Me aburrí como una ostra.

¿Viste cuando estás en un lugar con muchísima gente y tenés la sensación de que vos y tu amigo son los dos únicos que no votaron a Macri? Bueno, eso se siente cuando vas al palco a ver un test match de Los Pumas. Sojero por acá, sojero por allá. Todos sojeros. No, señora, no soy prejuicioso. Sombrero de paja barnizado y chaleco de polar es de sojero. Y yo el sábado en la cancha todo lo que vi fue paja, polar y mucho sesentón bronceado. So-je-ros. Igual, a mí me vino al pelo.

Mi amigo sabe menos de rugby que yo. Como para que se hagan una idea, por ahí me dice: «Che, sin el relator o comentarista de ESPN para mí esto es 15 tipos chocándose la clavícula contra la clavícula de otros 15. No entiendo una goma.» También se preguntó por qué los nenes iban pintados de yaguareté y no de Puma. Hasta yo lo sabía. Así que menos mal que tenía sentado un sojero al lado con el hijo que comentaban las jugadas y por ahí más o menos algo cachaba.

Pasa que por televisión es diferente. La pelota se ve al menos. Mi amigo tiene razón: ver el partido sin el relato es más o menos como ver una película danesa sin subtítulos. En un momento, había como 13 o 14 tipos amontonados uno arriba del otro. De “la guinda” (sacá del medio, Alejandro Coccia) ni noticias. Yo estaba medio que mirando el partido, medio que pensando qué historia de instagram publicar, cuando de golpe, el sojero tira un “penal”. “¡A la mierda!”, pensé sobresaltado. Espero no haberlo hecho en voz alta. Eso que se veía como a 100 metros tenía menos forma que una milanesa y sin embargo el viejo este tiene razón: el referí cobró penal para Inglaterra. Me puse a comentar el partido con el sojero inmediatamente. “Una cosa de locos, siempre los mismos errores.” “¡Pero cómo puede ser! Ya nos hicieron un gol culpa de rifar así la pelota.” Ahí el hijo del tipo sospechó y me miró como si hubiese votado a Scioli… o a Stolbizer: disimulé y me fui a comprar una cerveza.

Sí, posta. En el entretiempo salimos a la calle, compramos una cerveza cada uno y nos dejaron pasar con las latas. ¿Cacheo? ¿Controles de metal? ¿Silbar el himno de Inglaterra? ¿El que no salta es un qué cosa? Si al de seguridad en vez de mostrarle la entrada para el partido, le mostraba un ticket de supermercado me dejaba pasar igual. A mí una vez en la entrada a la cancha de Unión, una policía me preguntó si no llevaba armas de destrucción masiva. Les juro. Y yo hasta me puse nervioso y dudé. Dicen que tengo cara de talibán, qué quiere que le haga. Mi amigo, antes de que empiece el partido se le puso a hablar a un pirata en inglés. ¡Le deseó suerte! Al menos lo hizo con un choripán en la mano. Yo le hubiese pedido la camiseta. O se la hubiese cambiado por la remera que tenía puesta, con un estampe de una naranja con bombín. ¿Cómo que “qué tiene que ver, qué decís”? La naranja mecánica se filmó en Londres.

¿El partido? ¡Qué sé yo! Perdieron por 10. Me dijeron que estuvo bueno y que el primer tiempo fue emocionante. Eso es verdad: metieron la mayoría de los puntos en esa primera mitad. Entró Juani y aplaudí. Amagaron a pelearse y se agarraron un par de veces de la camiseta pero nunca se pegaron. Como en el fútbol, pero sin los compañeros patoteando a los rivales y haciéndose los cocoritos. No vi a ninguno simular una infracción o revolcarse como si les hubiesen pegado un tiro en el páncreas. Recuerden que estos tipos chocan clavículas, un hueso poroso del grosor de un tenedor. Ni mú. Todo es penal. Como en el fútbol, pero el referí los cobra sin necesidad de que los jugadores protesten a los gritos y pidan tarjeta. La tiran al lateral permanentemente. Como en el fútbol, pero los jugadores no demoran para sacar. Ni hay un policía atrás tapándole la espalda de las escupidas que le llueven desde la tribuna o platea. En definitiva, lo que les quiero decir es que el rugby es como el fútbol pero sin lo que lo hace divertido.

2 Comentarios

  1. El que escribió la nota no tiene la culpa de que el director pueda en algunas ocaciones particulares, como en esta nota, ser un pelotudo (edítese esta palabra de ser necesario). No entiendo que le paso Sr. director, esta dirigiendo el Pausa o la revista Barcelona? Esta nota me parece, a lo sumo y en su máxima aspiración, una perdida de tiempo para el lector.

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