El asesinato de Fernando Baéz Sosa a manos de una patota de rugbiers en Villa Gesell reafirma la necesidad de implementar en forma urgente la educación sexual integral para terminar con un sistema cultural perverso que hace culto del “macho que se la aguanta”.

Durante mi infancia y pre adolescencia practiqué, en distintos clubes, varios deportes. Entre ellos, waterpolo y fútbol. Quiero narrar dos episodios relacionados a eso que, 30 años después, siguen siendo parte ineludible de mi subjetividad.

Cuando yo tenía unos 11 años hice waterpolo en un club destacado de la ciudad por algunos meses. Mis compañeros de equipo eran un par de años mayores que yo. Habrán tenido entre 12 y 14 años. Al poco tiempo de haber empezado a practicar, se iba a dar mi primer viaje a un torneo. Eso debería ser algo emocionante, de lo que yo debería estar expectante. Iba a competir por primera vez en el deporte que yo practicaba. Amén de lo deportivo, me iba a sentir parte de algo. Probablemente, comenzara a ser aceptado por el grupo. Todos valores que el deporte debe inculcar. Pero yo no sentí nada de eso al enterarme del torneo. Lo que sentí fue miedo.

Apenas comencé a entrenar se empezó a hablar de “La chota”. Suena gracioso, claro. Pero, ¿qué es la chota? El significado es lo que transforma lo gracioso en desesperante. Sobre todo para un nene de 11 años como yo. La chota es el rito de iniciación al que se somete a los más chicos en su primer viaje a un torneo. Es el ticket de entrada al grupo. Si no te la bancás, fuiste. ¿En qué consiste? Durante el viaje en el colectivo, tus compañeros ante la atenta mirada de los adultos mayores responsables (entrenadores y algún padre) arman un “pasillo” por el que el “iniciado” tiene que pasar caminando, desnudo o en ropa interior y soportar los golpes, los manoseos, los engrudos, lo que te metan en el culo y, además, que te corten el pelo a tijeretazos improvisados mientras vos pasás por el pasillo. No está permitido correr, llorar, putear, quejarse ni nada que pueda hacerte quedar como un cagón, puto o marica. Y si no te la bancás no sos digno de pertenecer. ¿Saben por qué? Por puto, cagón y marica. Por no ser macho y bancársela. Todos los que ahí estaban se la habían bancado y eso ahora les otorgaba el derecho a humillar.

Desde luego, yo nunca fui a ese viaje. No sé qué excusa le di a mis viejes y, por supuesto, no volví nunca más a waterpolo. Al club, 30 años después, todavía me revuelve las tripas volver. Se suponía que me iba a divertir practicando una actividad saludable. No que me iba a sentir abusado, humillado, avergonzado y temeroso.

No habré tenido más de 12 años cuando con el equipo de fútbol nos fuimos de pretemporada a un pueblo de Córdoba. Creo que nos alojamos en una especie de campamento militar o monasterio. La cosa es que había dos pabellones, en los que dormíamos separados por categoría. Yo era de los pocos que no se pavoneaba desnudo por el pabellón o el baño. Por pudor o lo que fuera, no me sentía cómodo siendo observado por otros sin ropa.

Una noche, cuando salgo de bañarme, me habían sacado la ropa y llevado al pabellón para que tuviera que ponérmela adelante del resto. Recuerdo nítidamente estar sentado en la cama, con la toalla tapándome, y el resto de los dos pabellones posado alrededor esperando a ver de qué tamaño la tenía. No me dejaron salida. Durante los días previos había zafado llevándome la ropa hasta la ducha. Me la robaron, me rodearon y me obligaron (sin decírmelo) a que me desnudara frente a ellos. ¿Para qué? Para saber si era digno de pertenecer o no al grupo de los que la tienen grande. Como si 30 nenes de entre 11 y 12 años supieran lo que es tenerla grande o supieran algo sobre el cuerpo y la sexualidad. Desde luego, quedé afuera. Se me rieron en la cara. En verdad, se me cagaron de risa en la cara. Todos. No hubo excepciones. Quizás algunos lo hicieron por el mismo miedo que estaba teniendo yo en ese momento. Por no ser humillado o tildado de cómplice del que la tiene chiquita. Desde luego, dejé el fútbol al poco tiempo porque me di cuenta de que yo no me “la iba a bancar” en ese ambiente.

En ese pabellón también había compañeros míos de la escuela. Cuando arrancaron las clases, para todo séptimo y sexto grado del colegio yo era el que la tenía más chica de toda la pretemporada. Yo era un nene de 12 años que había ido a sentirse jugador de fútbol (el sueño de mi vida en ese entonces) porque se iba de pretemporada. Se suponía que eso iba a estar buenísimo, no que me iba a traumar la percepción sobre mi propio cuerpo durante mucha parte de mi vida. Se suponía que iba a jugar con amigos, no a hacerme padecer mi sexualidad durante toda la adolescencia.

Yo hasta los 22 años no me desnudé frente a nadie. Yo hasta los 22 años tuve miedo de coger. Y poder verbalizar ese miedo me llevó mucho más tiempo aún. Incluso hasta el día de hoy hay personas muy íntimas que a esto no lo saben. Durante años mentí sobre mi sexualidad porque no quería seguir quedándome afuera. Yo no quería ser un monstruo. Me tomó mucho tiempo también darme cuenta de que los monstruos eran ellos, los que pertenecían. Los normales.

Yo tuve la suerte de poder ir a la Facultad y encontrarme con compañeres, profesores/as, textos, autores/as y amigues que me ayudaron a darme cuenta de qué es de lo que me estaba quedando afuera. Y que me ayudaron a disfrutar de no ser parte de eso. Y tuve la posibilidad de entender el cuerpo y la sexualidad desde otras perspectivas. Yo soy un varón heterosexual que no encaja dentro del estereotipo de masculinidad occidental, cristiana, patriarcal y misógino. Seguro que estoy lleno de machismos y micromachismos que, lamentablemente, todavía no puedo ver. Entonces, yo no me voy a poner en el lugar protagónico como víctima de un sistema machista de poder que humilla en primer lugar a las mujeres y sexualidades disidentes pero que también tiene efectos sobre los varones que no encajan, es decir, sobre los propios victimarios. Y eso no es gratuito. Y es monstruoso. Es una sexualidad y una normalidad monstruosas que estallan y se visualizan en los casos extremos de violencia y abuso carnal seguido de muerte o daños físicos, pero que se extiende “subcutáneamente” por el tejido o piel social desde que nacemos y que contamina todas las relaciones sociales. Porque el patriarcado es eso: un sistema de relaciones sociales desigual y opresor. Y que los varones reproducimos y, en la gran mayoría de los casos, nos hace sentir orgullosos. Y lo hacemos impunemente porque el contexto nos avala.

A mí todo esto no me lo enseñó ni la escuela, ni mi familia, ni catequesis, ni mis amigos de la adolescencia ni la televisión. A mí todo esto me lo enseñaron la facultad y el feminismo. A mí el feminismo, sin arrogarme una lucha que no me pertenece porque yo no la luché, me liberó. Me hizo sentir que yo no estaba equivocado. Que el monstruo no era yo. Tuve que padecer mi cuerpo por más de 20 años hasta que la lucha feminista me hizo percibirme y percibir a otres de una manera más libre y amorosa. A mí el feminismo me hizo saber amar de otras maneras. Y sobre todo amarme a mí mismo y a no tenerme vergüenza.

E insisto con que yo soy varón heterosexual blanco, pertenezco (más o menos) a un estereotipo de belleza hegemónico, y no soy pobre. Yo soy el privilegiado. O sea, yo soy el supuesto dominador, depredador, abusador con derecho a humillar y matar. Sí, yo podría ser un Ted Bundy más. O un patotero que mata a piñas porque sí y dar clases en la facultad al mismo tiempo. Quizás solo necesitaba 0,5 cm. más de pija a los 12 años de edad para serlo.

Si todo lo que narré se lo hicieron a un supuesto aliado, a un supuesto par, imagínense lo que son capaces de hacerle al otre; a lo extraño. Bah, no hace falta que se lo imaginen: por segundo año consecutivo hay un femicidio cada 48 hs. en los primeros 20 días de enero en Argentina.

El problema, como leí en las redes de una amiga, no es el deporte sino el patriarcado y la oligarquía. El problema no es la disciplina deportiva sino los valores y la disciplina que allí se enseñan y difunden. Y esos valores, sin excepción, están manchados de patriarcado. Es decir, de misoginia, homofobia, transfobia, y todas las fobias que se nos ocurran. El coraje, la valentía, el compañerismo de los que se jacta el rugby, por ejemplo, son definidos por el machismo. ¿Qué es un buen compañero para un entrenador de rugby? ¿Qué es la otredad para ese mismo entrenador? ¿Qué es el respeto?

La implementación de la educación sexual integral (ESI) se hace urgente en todas las esferas de la práctica humana. De otro modo, los mismos tipos que se me cagaron de risa en la cara por tenerla chiquita van a seguir criando abusadores y violentos. Y solo lo vemos cuando se nos vuelve en contra: cuando nuestras criaturas abusan, humillan, violan o matan a nuestras propias criaturas que hemos educado con miedo a hablar. Y eso, resentimiento mediante, creo que puede derivar en algo mucho peor: hacer lo mismo pero con mayor violencia.

24 Comentarios

    • Gracias Ramiro! Imprescindible tu testimonio y reflexión que debería incorporarse en las clases de ESI. Abrazos y el más lindo recuerdo de cuando apenas ingresabas a la facultad!!!

  1. Gracias por el coraje de tu reflexión. El poder de «Esculapio» va a tardar en irse lo que tardó en armarse. Tenemos que cultivar CONCIENCIA y EDUCACIÓN!

  2. Hace unos 12 años hice un reemplazo en un colegio que también tiene un club de rugby o algo así, el caso es que ahí van los rugbiers. Tan mala fue la experiencia que lo renuncie ese mismo día, luego de llorar un rato, llamar a un amigo para que me ayude a tomar la desición, porque era arriesgar perder un trabajo seguro y el fantasma absurdo de «que no te vuelvan a llamar» (hay que escribir un ensayo sobre ese mito estúpido que nos hace ir a cualquier carnicería con tal de tener unas horas). Bueno, les chiques de quinto año (son un poco revoltosos, me adviertieron) en los primeros 40 min: me tiraron un cartucherazo mientras escribía en el pizarrón, se pegaron ente ellos con mucho odio durante la clase (tuve que pedir ayuda), me dijeron que mí sueldo de reemplazante valía la mitad de la cuota que pagaba su papá, y amenazaron con palabras y gestos a los compañeros que si estaban trabajando, una pequeña fila de pibes de un costado que como yo, la estaban pasando muy mal, porque claro, eran los nerds. Cuando ingresé al segundo bloque de los 80′ el aula estaba a oscuras, habían cerrado todo y el clima de tensión era el mismo. Pasaron más cosas, la memoria me dejó estás, pero fueron mas. Aclaro que era muy piba, y mí actitud no fue enfrentarlos. Lo mejor fue, una vez repuesta, pedir hablar con la directora y decirle que renunciaba, que la salud estaba antes que que cualquier trabajo, y que lamentaba el suyo, de que en quinto año eses chiques no hayan aprendido ni uno, ni la cuarta parte de lo que la religión les enseña: amar al otro como a uno mismo. Bueno, lo largué acá, disculpeme Lic. Ramiro, fue por su nota y por seguir insistiendo en que el machismo nos mata a todes.

  3. Impresionante descripción de muchas infancias…
    Y Que requieren con urgencia una ESI que las salve

    Que les explique, como en tus ejemplos, que a los 11,12,13 años hay cuerpitos que No tuvieron el salto hormonal…
    Que No todavía es simplemente Diversidad en el crecer

    Que aceptar en silencio la otredad es volvernos mejores Personas🙏🏻

  4. Hace unos años.. pocos–ejercí como profesora de Plástica en un «Colegio privado de City Bell.»
    ¿quien no la pasa bien en una clase de plástica donde la libertad de expresión artística está a la orden del día..pues aqui sólo un pequeño grupo minúsculo y respetuoso trabajaba sacando lo mejor de sí. como un adolescente con sindrome de Asperger disfrutaba de su momento creativo.. habia otro….los jefes de la pequeña manada ,donde algunos un poco más pasivos se des-integraban.rozaban algún mejor valor pero alli eran UNO…total.. descontrol en el aula..y ante mi sugerencia de trabajar y hacer la practica artística y didáctica del día…me respondian..NO !!no lo haré!! total me la llevo a diciembre y listo!!y cdo los enviaba a hablar con coordinador..se le hablaba y vuelta a hacer lo mismo…a que no saben cual fue el desenlace??me despidieron a mi por no manejar la disciplina!!!Niñatos bien de City Bell donde los padres creen educar desde lo privado y cuotas altisimas cuando se olvidaron que con dinero o sin dinero…TODO EMPIEZA POR CASA Y CON EL EJEMPLO!!

    • Amanda, creo que esa es la clave: ejemplo de la casa ( familia) y presencia de padres.
      Ninguna institución ( colegio, estado, club, ONG) reemplaza esa presencia amorosa que da confianza, seguridad en sí mismo y capacita para enfrentar lo que uno no quiere que sea.
      El ESI? Si, claro ayuda y enseña, pero no forma…
      El autor de la nota, Ramiro, cuenta y explica qué le ocurrió, pero en ningún momento dice qué o cómo conversó con su familia sus sentimientos o el
      miedo que sentia o el por qué de su alejamiento de tal o cual actividad. es más, ni siquiera se enteraron…
      En mi humilde opinión lo único que protege a la persona es una buena, confiada y comprensiva contención de su entorno familiar que no consiente, aplaude y estimula actitudes que van contra la buena convivencia. Y “vivir-con significa respeto, solidaridad, empatía, amor lo contrario de brutalidad, egoísmo, capricho y soberbia

  5. Excelente. Pasé mi adolescencia en el Liceo Militar Gral. San Martín. Cualquier parecido es mas que coincidencia.

  6. Si las personas pensaran(mos) en otras cosas, y no tanto en nuestro propio culo (o pija/o CONCHA), sería también mucho más cercano otro mundo posible.
    No profeso la fe absoluta en el feminismo como doctrina y práctica de salvación. Creo sí, que es un aporte (más) al que muchas otras perspectivas pueden brindar para leer, interpretar e intentar transformar nuestra realidad.
    Apuesto mucho más a la(s) experiencia(s) artística(s ), ya sea desde la práctica o desde la «contemplación»; experiencias muchísimo más trascendentes, abarcativas y (des)totalizadoras.

  7. «El problema, como leí en las redes de una amiga, no es el deporte sino el patriarcado y la oligarquía». Nada menos. La educación sexual integral, con suerte y en el mediano-largo plazo, podrá morigerar progresivamente algunos aspectos asociados al machismo, la homofobia, o la misoginia por qué no la androfobia y otras fobias que vagaban por ahí… precaver y preparar para evitar vínculos nocivos o violentos y fortalecer conductas de cuidado de sí y de los otros, aceptación, tolerancia, autocontrol, etc. Evitar heridas, traumas y tristezas en las biografías, como las reseñadas. No es poca cosa. Ahora toda esta misión emancipatoria, casi salvífica o mesiánica, la ESI como palanca que va a demoler el patriarcado, el capitalismo, la oligarquía, «…en todas las esferas de la práctica humana», me parece redondamente ideológica e ingenua. Un enfoque pedagógico – curricular puede muchas cosas, es sabido que no pude todo. Y la institución escolar menos. Saludos!

  8. Coincido, yo me fui cambiando 7 veces de escuela, cada una peor que otra menos la única donde la pase bien que fue la estatal de mi barrio, pero mis viejos querían que encajara en un estilo de vida social que a mi me chocó siempre y de prepo me metían en privados o clubes tilingos donde obviamente no encajaba un pibe leyendo columba y que le chupaba un huevo tener unas nike importadas (acá aun no estaba nike). Recién por tercer año de secundario cuando logre cierta independencia y logre entrar en un colegio nocturno de rejunte de vagos a los que no les importaba nada logre disfrutar de la camaradería y las salidas en grupo. Hasta termine de barman en varios boliches siendo menor de edad. debo aclarar que el pase a un nocturno fue porque le partí una silla a uno porque querían «malterarme» como bienvenida. Luego de eso hubo un tiempo prudencial de la nada pero llego la del cowboy de patio de recreo, todos querían medir fuerzas a ver si podían bajarme. Ya adulto mi ex familia política siempre cuestiono mi masculinidad por no saber de electricidad, mecánica, o cosas que tiene que saber un macho, no importaba si era director de marketing de una empresa internacional y que pudiera darme el lujo de llevarme a mi ex a floripa en cualquier momento de cualquier fin de semana. Pero a veces ocurre que alguien busca un altercado conmigo, de la nada quizá porque voy contento por la calle y buscan roña, y como no doy bola te dice «puto» «no te la bancas» y yo pensando… que? no me banco que? pelearme con un desconocido por nada en la calle es de puto? que tenes en la cabeza? caca?

  9. Muy buen y valiente testimonio
    De todos modos y para cualquiera mi pregunta es: esta crimen en particular tiene algún vínculo directo con el patriarcado o la opresión de cualquier tipo sobre la mujer? Soy feminista y obviamente acompaño todo lo dicho en la nota, pero me parece que este crimen es más de tinte clasista y social, de reafirmación de poder pero social, odio de clase y hasta incluso racial. Veo más eso que otro enfoque que me parece que no está tan relacionado. Si lo de la humillación, componente clave para quien tiene poder y lo quiere reafirmar a la fuerza.

    • Tal como expresa el autor de la nota, el patriarcado no se trata solamente de opresión sobre la mujer. Se trata de oprimir y violentar a todes los que caen fuera del estereotipo de macho, ya sean mujeres, otros hombres no tan «machotes» y otres. El feminismo denuncia al patriarcado, por eso hace que no solo las mujeres se vean representadas, sino también hombres que como el autor, sufrieron a manos de los hombres «normales» .

  10. Creo que se refiere a que el feminismo es el que usualmente visibiliza no sólo la violencia de género, si no también la racial y la de clase. Seguramente, a través del feminismo él pudo entenderlo. Al menos yo interpreté así.

  11. No siempre el más fuerte de un grupo es el cabecilla o líder como se piensa. En mi pasaje por el Liceo Militar ví todo eso y lo interesante fue que me convertí en «defensor de pobres» como entonces se los llamaba a quienes no soportaban ver como humillaban a los considerados » boca», a aquellos que eran tomados de punto para todo tipo de humillaciónes posibles. Era flaco y no muy alto, no reunía por decir así las características próprias de un paladín justiciero, pero me daba rabia ver maltratar a un compañero y saltaba en su defensa. Creo que no se metían conmigo por considerarme medio loquito, de esos que no tienen reparo en compensar su falta de cuerpo esbéltico con todo aquello que estuviera a mi mano para salir em defensa.
    Había un personaje nefasto, un tal Pascual, bajito, feo como la peste, flaco, bruto como el arado, el típico canchero con «derecho a humillar». Lo interesante era que solo se reunía con aquellos que sus físicos le dariam lo que la naturaleza no le proveyó, pero era el incitador, ese tipo de cobardes que escogían a sus víctimas para luego, rodeado de roperos, pudiera ser el que asestaría el tiro de gracia al » boca».
    Pasaron vários años y en un colegio volví a encontrármelo. Me vió y se mandó a guardar porque le mandé una mirada de esas que te dicen…» te conozco, rata de puerto».
    No pasó mucho tiempo y …de nuevo! Otra vez el cobarde reuniéndose con quienes podrían protegerlo y reiniciar su bajo trabajo.
    Obviamente no le sirvió por mucho. Es bien diferente un colégio común de un Liceo Militar, si bien están los bravos no siempre se metem a medir fuerzas, solo si fuese una causa justa y ahí » Pascualito» …perdió! Se fué del Colégio , porque lo rajaron por bruto e ignorante, no por cobarde con «derecho a humillar». Ahí solo fue «un gato mojado».
    Son «nenitos bian» carentes de afecto, acomplejados , de mentes retorcidas clamando venganza por no ser elegidos por el creador para no necesitar de otros para poder descargar la rabia de su inmunda vida. Los cobardes de siempre, los capaces de odiar hasta a sus próprios padres por haberlos traído al mundo a sufrir. Los peores.

  12. En mi caso me pasó en un equipo de rugby, al cual fui de los 9 a los 15 años. Nunca fui un buen deportista ni realmente me interesaba el deporte. Hasta hoy en día, a mis 40 años, puedo decir que mi televisor nunca se posa en los canales de deporte.
    Después de convencer a mi padre de dejar rugby (al cual me enviaba obligado, porque él la pasó bien cuando era chico y porque la razón por la cual era humillado era mi culpa, porque no sabía hacer amigos o comportarme de forma «normal») pensé que no volvería a pasar por otra situación de ese tipo, pero debo decir que me equivoqué y en demasía.
    En dos trabajos distintos me pasó de que me maltrataran por ser el nuevo, porque el lugar me lo tenía que ganar. No era suficiente haber estudiado o mejorado en tu trabajo. Si sos el nuevo la tenes que hacer de abajo.
    No me refiero a tener que ser el que va a comprar las facturas para la oficina o al que le toca hacer el café.
    Me refiero a que no te dejen participar de una conversación, que cuando armaban un pedido «se olvidaban» de tu comida o lisa y llanamente agreciones verbales constantes.
    Sinceramente creí que eso era una etapa que se daba en la infancia, no que iba a seguir encontrando a estas personas en diferentes ámbitos de mi vida adulta.
    Y siempre estan quienes lo justifican, quienes te dicen cosas como «bueno, pero qué esperabas? Si actuas/te vestís/hablás tan raro es obvio que te van a tratar de boludo».
    Hasta un psicólogo llegó a sorpenderse porque no entiendo esa actitud de humillar al nuevo! Así que imagínense qué tan arraigado esta en la sociedad este comportamiento si hasta quienes intentan ayudarnos a superar nuestros problemas lo ven como algo normal!

  13. Entiendo todo lo que dice este hombre.. puedo casi sentir lo que sintió… yo crecí como mujer, y es lo que soy, a nosotras nos pasan otras cosas, como celulitis en las piernas por ejemplo..o no tener los ojos claros como la » linda » de la clase,.. o no tener plata como el resto de mis compañeros porque mis padres ,ambos empleados honestos. quisieron mandarme al mejor colegio, sin darse cuenta que sería la » pobre » de la clase…. pero bien… como todos superé mi adolescencia… y dejé de ser el Patito feo, luego de adelgazar y corregir con cirugía mi nariz.y seguir estudiando en medios más democráticos. … Todo bien. o todo mal según se analice…. ahora, qué mierda tiene que ver el cristianismo con tanto sufrimiento es lo que no entiendo… por qué el cristianismo es el daño colateral en todos los reclamos. Es más, la mayoría de mis compañeros de clase no eran cristianos… eran judíos, pero eso tampoco importa… Sin embargo siempre fue el cristianismo el que me ayudó a no sucumbir en la depresión total, no fue la causa de mis problemas adolescentes, fue mi salvación….. pero está ahora de MODA responsabilizar a la Iglesia de todos los males de la tierra… y eso es FALSO.., jodido y estúpido….

  14. Gracias Ramiro por tu testimonio. Siento un deseo enorme de correr a abrazar a ese pequeño de 12 años que padeció semejante dolor. Celebró que lo hayas podido “sobreponer”. sin dudas los adultos debemos hacernos cargo y ayudar a nuestros hijos educarlos y exigir la ESI sin excusas.

  15. Gracias Ramiro por «procesarlo» dentro tuyo, decidir escribirlo, tomando coraje de expresar sobre tu experiencia. Alguna red social donde seguirte? Gracias!

  16. Testimonios valientes como el tuyo son los que cambian la conciencia y hacen urgente la educación sexual integral en todos los ámbitos. Gracias

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