Desde la plaza del Soldado a una esquina de la plaza de Mayo, donde se intersectan Casa Gris y Tribunales, el movimiento de inundados se manifestó una vez más, a 15 años de la catástrofe evitable del Salado. Fuertes mensajes tras la muerte del ex intendente Marcelo Álvarez y reclamos al gobierno y, sobre todo, la Justicia.

El sofocón previo a la tormenta –que nunca llegó a desatarse– vació el centro santafesino. Los domingos el centro suele ser desolador, la temperatura y los presagios de las nubes lo volvieron un desierto. Algunas gotas cayeron con sol cerca de las 17.00, mientras en la plaza del Soldado las batucadas de las primeras organizaciones presentes ensayaban sin parar, como el sudor de los instrumentistas.

Pasaron 15 años de la inundación del Salado, el tiempo no hace mella para que cada 29 de abril se renueven los reclamos y los manifestantes, enrolados bajo diferentes banderas. Como diría Graciela García casi al final del acto «Nuestro ser, nuestra esencia es política. Aunque entre todos nosotros tengamos ideas diferentes de partidos políticos, pero el ser nuestro es político. Salimos para eso, porque la política nos llevó a esto».

Parecía que la columna iba a ser bastante floja. La convocatoria era a las 17.00, cerca de las 17.30 cayeron los integrantes de La Poderosa Santa Fe, que antes estaban en la Carpa Negra. Todos de rojo, muchos más que en otras manifestaciones: una de las principales activistas de La Poderosa en Santa Fe es María Claudia Albornoz, también referente del movimiento de inundados. Como sucedió con la presencia de Beatriz Sarlo en la marcha contra el 2×1 a los genocidas, la participación de Nacho Levy, de La Poderosa de Buenos Aires, generaba comentarios entre los lugareños. Levy gritaba con la voz en cuello, tiene una boca verdaderamente grande.

Ana Salgado, Jorge Castro, Milagros Demiryi, Albornoz, Rubén Sala circulaban por la plaza mientras pasaban los minutos y los redoblantes seguían fabricando transpiración. La Corriente Clasista y Combativa estaba demorada, se había concentrado en la plaza San Martín (la de los Bomberos). Cuando llegó con su voluminosa asistencia, pasadas las 18.00, se armó rápidamente la columna para avanzar por San Gerónimo, con el cartel de «Todos somos inundados» al frente.

Entre otras organizaciones, estaba el MEDH Santa Fe, Partido Obrero, Proyecto Revuelta, el Movimiento Evita, Patria Grande, La Dignidad, CTEP, Barrio 88, Movimiento Azurduy, el PC FJC, Juanito Laguna, el Frente Social y Popular, El Birri, el MST, el MTL. Cuadras más adelante esperaban delante de la Casa Gris los integrantes de la Marcha de las Antorchas y, también, Otilia Acuña, Madre de Plaza de Mayo y, también, inundada de barrio Santa Rosa de Lima. No hubo banderas gremiales –no se han apropiado del 29 de abril, pese al importante rol que cumplieron en 2003, sea en los campos de refugiados o en la elaboración de las listas de personas desaparecidas– pero sí estaban presentes figuras de Adul, Amsafe y Sadop.


Las marchas del 29 son una papa demasiado caliente para el sector político. No obstante, dieron el presente los concejales Leandro González y Franco Ponce de León, el diputado provincial Paco Garibaldi, los funcionarios de la provincia Mariano Cuvertino y Gabriela Bruno. Destacable, pero muy escaso. No olvida la plaza de los 29 de abril que alguna vez participaron Hermes Binner y Mario Barletta, en los inicios de sus gestiones en la provincia y la ciudad, apoyándose en los hombros de las demandas de los inundados.

La marcha por San Jerónimo fue rápida, casi al trote. A las 18.40 ya entró a la plaza de Mayo. Tres cuadras de personas caminaron bajo gotas intermitentes y calor, en la despoblada zona comercial. Casi que la seguridad policial en las bocacalles no tenía sentido siquiera formal: no andan ni los autos.

El agite retumbó con fuerza. Las percusiones de cada agrupación querían sobresalir como en competencia, hubo fervor. Los cantos del 29 de abril son únicos, muy santafesinos: está el Salado, Reutemann, Álvarez, el oeste. Rimar con «Gutiérrez» no es fácil, menos con «Falistocco». Otra vez se escuchó el descriptivo neologismo «inundadores». La novedad de la protesta, desde La Poderosa se versaba sobre «Les inundades».

Para Casa Gris y Tribunales

«Acá está el pueblo, el pueblo inundado», bramó Albornoz para recibir a los manifestantes desde el escenario del acto. «5.475 días esperando justicia», se especificó por los parlantes. La lectura del documento comenzó a las 18.50, mientras el viento, las gotas fuertes y las nubes espesas apuraban las palabras pero, también, refrescaban a la concurrencia y, de cierto modo, la enfervorizaban. No suele pasar en las movilizaciones, pero el acto fue atendido con concentración. «No es fácil luchar en Santa Fe», confesó Albornoz al micrófono. La asistencia le quitó la razón.

Es que no poco ha pasado en estos días. La reciente muerte del ex intendente Marcelo Álvarez, uno de los tres imputados en la causa judicial que ya lleva 15 años, fue uno de los ejes del discurso. La impunidad y la connivencia de la Justicia, el otro. El análisis de las acciones del poder político, las obras que todavía no alcanzan ante la naturaleza y su quietud ante las dilaciones de la toga, otro. El peso del poder económico en la destrucción del medio ambiente y en la profundización de las desigualdades, el oeste inundado es el oeste pobre, fue otro de los temas centrales.

«El que mandamos a mentir se murió y no dijo nada»: el documento imaginó un diálogo en el que Juan Carlos Mercier, ministro de Hacienda en 2003 y en la dictadura, le decía esa frase a Reutemann. Y allí se introdujo de frente la cuestión de los medios de comunicación y cómo tratan a la inundación, a los inundados y a los inundadores. «Qué ironía y qué farsa la de algunos medios radiales santafesinos. Cualquier inundador que muere pasa a ser una víctima», lanzaron. «Se dice que fue una víctima de la política porque aquella mañana lo mandaron engañado a decir que los barrios del oeste no se iban a inundar. Los engañados fuimos nosotros por el intendente Marcelo Álvarez, en la mañana del 29 de abril y por el gobernador Reutemann, cuando pidió por esa misma radio local, a la seis de la tarde, mediante el Decreto 962, que los santafesinos permanezcan en sus casas luego de la jornada laboral. Preguntémosle qué pasó con los vecinos del Centenario, villa del Centenario, barrio Chalet y San Lorenzo, que murieron ahogados dentro de sus viviendas en la mayor desolación de la oscuridad y el abandono estatal».

Y fueron a fondo: «No falta mucho para que desde esa radio se ponga en duda la cifra de cuantos fueron los muertos o los inundados en aquel 29 de abril, como se hace sistemáticamente con las cifras de los desaparecidos en Argentina durante la dictadura militar genocida».

«Inundados de hoy, inundados de ayer, inundados por venir» es lema que se renovó en este 29. También, el pedido de destitución de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, cuya responsabilidad –y contubernio con los inundadores– ya es insoslayable.

Un extra: se calculó cuánto dinero costó mantener la Corte durante los 15 años en que la causa inundación no llegó a sentencia: «280 millones de pesos para estos zánganos. Sumemos además a los casi 20 jueces, 24 fiscales y  diez camaristas de la causa. La impunidad le gana por goleada a la justicia».

El documento completo se puede descargar aquí.

Tras el documento tomó el micrófono Graciela García de la Marcha de las Antorchas, antes de realizar su ronda por Tribunales, para clamarle al deshabitado edificio por algún fantasma de justicia. Primero, se dio lectura de los nombres de todas las víctimas de la inundación de 2003 y de la de 2007, y se dio a conocer la identificación de una nueva víctima de la catástrofe que protagonizaron directamente Martín Balbarrey, como intendente, y Jorge Obeid, como gobernador.

«Toda la provincia necesita saber que la justicia está ejercida por tránsfugas, por tipos que negocian con el poder, que reciben sobres por arriba, por abajo y por los costados, y por eso se esconden tras esa casa»: Graciela García siempre toma la palabra sin red. El grito de la Marcha las Antorchas marca que el acto se va terminando. «Justicia en todo y para todos» es el lema de la Marcha. Y con la referencia al grito comenzó su discurso:

Llegó la tormenta

Los micrófonos estaban dando patadas eléctricas desde hacía rato. Otilia Acuña quiso decir lo suyo y se lo tuvieron que acercar. «La única lucha que se pierde es la que se abandona», repitió. La Marcha de las Antorchas rodeaba la puerta de Tribunales. Como cierre se esperaba la música de La Minga, Itatí Barrionuevo y Jeremías Chauque. Pero la tormenta dijo basta y sólo permitió que la murga Mucho Ovario hiciese su debut con una canción especial para la ocasión.

Pibas y pibes. Los niños del 2003 ya llegaron con lo suyo a la plaza del 29 de abril. Y dejaron esta canción.

 

Cobertura en redes: Ezequiel Nieva y Gonzalo Andrés.
Foto de portada: Mauricio Centurión.

 

 

 

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