«La chica que me mataron en Santa Fe, en el Hospital Iturraspe»

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Ana María Acevedo.

En el debate por el aborto legal hoy dio su testimonio Norma Cuevas, la madre de Ana María Acevedo, la joven que murió porque médicos de la salud pública la obligaron a no tratarse su cáncer para tener a su hijo, impidiendo un aborto terapéutico. El hijo murió a las 24 horas de ser extraído por cesárea y ella falleció 14 días después.

«Cuando a ella le quisieron hacer la quimio se enteró que tenía quince días de embarazo», dijo hoy Norma Cuevas ante los representantes del pueblo reunidos en el Congreso, en el marco de la quinta jornada de exposiciones en el debate por la interrupción legal del embarazo.  «Ella tenía tres hijitos para criar, y los hijos la estaban esperando. Dejaron el embarazo, a los seis meses le sacaron la criatura, duró 24 horas y a ella a los 14 días falleció. Desde que le hicieron la cesárea a que falleció no hubo ningún doctor que a ella la atendiera. La abandonaron directamente de todo».

«No le dieron oportunidad a la vida de ella para que estuviera con sus hijas», sentenció Cuevas. «Yo lo que pido es que hagan justicia con mi hija y se haga el aborto, para que a ninguna otra mujer le pase lo que le pasó a mi hija. Y que no sufra como sufrió  mi hija y yo, y los hijos de ella que están sufriendo. Que los curas no se metan en la vida de las personas. A mi me trataron de asesina, que yo quise matar una criatura. No era una criatura. Yo quise evitar un embarazo», explicó.

«Yo lo que quiero es que den una oportunidad a las mujeres para vivir», le pidió a los legisladores la mujer, oriunda de Vera, como Ana María y la familia que dejó.

Ana María Acevedo tenía 19 años y ya era madre de tres hijos cuando concurrió al Samco de Vera por un malestar dental. El 9 de mayo de 2006 comenzó su peregrinar en busca de salud, que culminaría con su muerte. Ese día le extrajeron una muela y la enviaron a su casa, pero el dolor no cesó.

Tras sucesivos ingresos al nosocomio y una sistemática indiferencia ante su padecimiento, en octubre le detectaron una tumoración maxilar que tenía, justamente, cinco meses de evolución. Ante la falta de respuestas en su ciudad de residencia, sus padres la trajeron al Hospital Cullen, donde el 13 de noviembre de 2006 se le practicó la resección del tumor, que resultó ser maligno (rabdomiosarcoma alveolar).

Fue derivada al Iturraspe, ya que era indispensable que posteriormente a la intervención recibiera rayos o quimioterapia. El  14 de diciembre la joven llegó a ese nosocomio con estudios que confirmaban gravidez. Por ello, el jefe del Servicio de Oncología de ese nosocomio le informó que se haría un “ateneo” para discutir su caso. Si bien el radioterapeuta Jorge Venanzi reconoció que la paciente requería de las prácticas que eran su especialidad, sentenció: “las mismas no se pueden realizar” debido a sus efectos negativos para el feto; “el embarazo es una contraindicación para la realización de radioterapia”.

El 13 de febrero de 2007 volvió con la cara deformada y un indescriptible dolor. Por falta de aquél tratamiento, el cáncer se estaba expandiendo. Dos días después, el médico del Cullen que le había extirpado el tumor inicialmente, Alejandro Marozzi, indicó que la enfermedad era ya inoperable y volvió a sugerir radioterapia.

A esa altura, Cuevas y su marido Aroldo Acevedo empezaron a pedir la interrupción del embarazo. El Dr. Blajman les respondió “que tenían que esperar porque iban a hacer una reunión con los doctores de la panza y de la cara, más un cura y un juez”. Entremedio, el matrimonio se entrevistó con el director del Iturraspe, Andrés Ellena, quien les indicó que sólo con una orden judicial podría hacerse un aborto, porque de lo contrario era “un crimen” e irían “todos presos”.

El 27 de febrero de 2007 se constituyó el Comité de Bioética del Iturraspe para analizar el caso, aunque con buena parte de los intervinientes en el seguimiento de Ana María ausentes: estaban en gozo de licencia. Las conclusiones no sorprendieron: se instó a realizar tratamiento sólo paliativo del dolor (no rayos ni quimioterapia), y a esperar a la semana 24 de gravidez para inducir el parto. Sobre la posibilidad de un aborto terapéutico, la respuesta (emanada por el Dr. Blajman) fue contundente: “por convicciones, cuestiones religiosas y culturales, en este hospital y en Santa Fe, NO”.

Con este resultado, la joven fue dada de alta al día siguiente. El 13 de marzo de 2007 regresó y el Dr. Venanzi  reiteró su negativa a ocuparse de ella (“una vez finalizado el embarazo se evaluará la posibilidad de radioterapia paliativa”). El 17 de abril fue trasladada en ambulancia a esta capital desde Vera. Diez días después se le efectuó una cesárea de urgencia. Con 22 semanas de gestación, dio a luz una nena de 495 gramos, que falleció tras 17 horas de vida, el 27 de abril de 2007. La joven se encontraba en estado pre-mortem, es decir, “con marcada insuficiencia respiratoria y falla en los órganos”. Tres días después se le inició el tratamiento de quimioterapia, pero ello debió interrumpirse para trasladarla a cuidados intensivos. Allí, Ana María agonizó hasta el 17 de mayo de 2007, cuando, con solamente 20 años, murió.

En octubre de 2015, El fiscal de Estado, Pablo Saccone, recibió a la familia de Ana María Acevedo, para firmar un convenio de indemnización por su fallecimiento, ocurrido el 17 de mayo de 2007 en el Hospital Iturraspe. La rúbrica implica que la Provincia se hizo cargo, mediante una compensación económica, del accionar de los médicos y autoridades del nosocomio, que se negaron a practicarle a la paciente un aborto terapéutico, y paralelamente a brindarle el tratamiento que necesitaba para combatir un cáncer maxilar.

La curia y la culpa

«Se iban a la cama donde estaba mi hija los curas a verla a mi hija», dijo Norma Cuevas. Y apuntó a «Aldo Martínez, el cura que está en radio Amanecer de Reconquista», que la trató «de asesina, de que yo quise matar a una criatura». «Ahora cayó preso porque violaba a las criaturas con otro cura», refrescó en la memoria.

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