El partido Republicano denuncia fraude organizado por Venezuela, Cuba y China

Estados Unidos se hunde en su propia farsa mientras los contagios de Covid 19 orillan los 200 mil casos nuevos por día. El equipo de abogados del presidente Donald Trump afirma que una conspiración pagada con dinero comunista le robó la elección. Hubo una alusión a la Argentina de Macri.

La tintura de falso pelo chorrea por el rostro de Rudolph Giuliani, que desanda una serie de acusaciones de fraude de débil consistencia, pero cuya reverberancia, con el tiempo, será padecida por todas las democracias del mundo. El ex alcalde de Nueva York y abogado del presidente Donald Trump acusó ayer un fraude masivo en seis estados clave –que le dieron la victoria a Joe Biden–, como resultado del uso de máquinas de votación venelozanas y de la intromisión de dinero de ese país y de Cuba y China.

Se trata de la posición oficial del partido Republicano, o de su Comité Nacional, al menos. Según Giuliani y la abogada Sidney Powell, se cometió fraude en Georgia, Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Nevada y Arizona. George Soros y la Fundación Clinton también formaron parte de la conspiración. En palabras de Giuliani, «más que duplicamos la cantidad de votos para ganar la elección». Según Powell, «lo que estamos viendo aquí es la afluencia masiva de dinero comunista de Venezuela, Cuba y probablemente China para interferir en las elecciones de Estados Unidos. Las máquinas de votación Dominion y el software de Smartmatic fueron creados en Venezuela bajo la dirección de Hugo Chávez, para asegurarse de que nunca perdería una elección». Powell dice que tiene un testigo que, declaración jurada mediante, afirma que estuvo presente cuando Chávez explicó cómo esas máquinas funcionan para producir un fraude.

Pasaron siete años desde la muerte del líder venezolano.

El Comité Nacional Republicano tomó estas acusaciones como válidas y replicó un video de una sollozante Powell en su cuenta de Twitter. «No vamos a ser intimidados. Vamos a limpiar este desastre ya mismo. El presidente Trump ganó por mucho. Vamos a probarlo. Y vamos a reclamar a Estados Unidos de América para la gente que votó por la libertad».

También Powell aludió a Mauricio Macri y a las últimas elecciones de nuestro país, en las que se utilizó el software Smartmatic: «no hay duda de que se ha utilizado para alterar elecciones en otros países. Sabemos específicamente que Venezuela las exportó con ese propósito hacia Argentina y a otros países de Latinoamérica, para asegurarse que los líderes corruptos paguen el más alto precio para poder amañar sus elecciones». «Hemos usado máquinas venezolanas para contar nuestros votos. Si dejamos pasar esto, nos convertiremos en Venezuela», completó Giuliani. Rápidamente, Dominion y Smartmatic desmintieron toda relación con el partido Demócrata, los comunistas y el comandante fallecido.

Cabe resaltar que los abogados de Donald Trump siguen la misma lógica que el senador Esteban Bullrich –y otros dirigentes de Juntos por el Cambio– quien recientemente acusó al Frente de Todos de haber cometido fraude en 2019. Es una confesión de la propia incapacidad. Un fraude es una operación electoral muy complicada –acaso, imposible– de hacer por un partido que no se encuentra en el gobierno, fuera de que, en este caso puntual, el actual oficialismo se cansó de denunciar al macrismo por la no publicación del código que Smartmatic trajo para el proceso electoral.

Toda esta farsa pierde sus ribetes jocundos cuando se recuerda que Estados Unidos se presenta a sí misma, muchas veces con misiles de por medio, como la guía y faro mundial de la institucionalidad, la libertad y la democracia. En Tocqueville, en su aporte a la victoria contra el nazismo y en su salida triunfante de la guerra fría, la democracia Estados Unidos siempre sacó lustre de su fortaleza, pese a tener dos presidentes caídos a corchazos y un fraude electoral avalado por lawfare en el 2000. Aun así, el descrédito final de la gestión Trump con esta patética farsa montada sobre una pila de 252 mil cadáveres de coronavirus parece ser la exhibición más transparente de la decadencia.

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