Foto: Gisela Curioni

Una vez más el movimiento de mujeres muestra su masividad en las calles, allí donde se forjan las grandes conquistas populares. Bajo el abrasador verano porteño, miles y miles de personas aguardan la votación histórica por el aborto legal en los alrededores del Congreso de la Nación. 

Verde. Todo es verde en las calles de la vigilia, a la espera de que el Senado de la Nación de sanción definitiva a la legalización del aborto. La plaza del Congreso, dividida para dejar lugar a los sectores a favor y en contra de la ley, se vio nuevamente, como en 2018, desbalanceada.

La Avenida Rivadavia ya desde el arranque de la sesión, cuando el reloj marcaba las 16 y el calor hacía el ambiente muy pesado, se volvió intransitable. Las agrupaciones del movimiento de mujeres, partidos políticos, gremios, sindicatos, movimientos sociales, coparon todo.

Entre la música, las parrillas humeantes, las conservadoras con comida veggie y bebidas frescas que duraban frescas lo que dura un suspiro, en el lado verde de la plaza el clima era de fiesta, de «hoy si sale».

Los límites de la pandemia, a diferencia de lo que pasó durante la votación en Diputados cuando la convocatoria fue menor, quedaron desfigurados. Poco protocolo cuando miles y miles de personas transitan las mismas calles y el calor exige bajar los barbijos cada tanto para respirar.

Entre los bombos y trompetas, los cánticos que se corrían como pólvora a lo largo de Callao, las pantallas gigantes dispuestas a los largo de las cuadras trasmitían lo que pasaba dentro del Congreso. Aplausos y abucheos acompañaron cada intervención. La apertura de Durango fue el inicio de las celebraciones y el divague de Mera el de los silbidos.

Del otro lado de la plaza, «la mayoría celeste» estaba lejos de ser mayoritaría. Aunque hacían bastante ruido desde el escenario, en la calle no había más de tres o cuatro cuadras de gente, bastante espaciada y hasta con lugar para arrodillarse a rezar con comodidad.

El feto gigante de cartapesta tenía un lugar central en el ritual de la plaza celeste. A diferencia de 2018, el muñeco fue pintado de rojo, simulando tener sangre. Porque todo puede ser un poco más creepy.

Curas, monjas, pastores, rabinos, recibían los saludos y reverencias de los asistentes; mientras un grupo de jóvenes tocaba la guitarra y cantaba, entre llantos y rezos. Fe, Dios, vida, son las palabras que más se ven en los carteles y pancartas. Además de grandes afiches con supuestas fotos de bebés despedazados. Si, un poco más creepy.

La noche promete ser larga, pero ya no será la larga noche. Las y los indecisos comienzan a definirse y asoma en el horizonte un nuevo derecho conquistado por y para las mujeres y personas gestantes de nuestro país.

La voz de la calle, el grito de lucha, parece estar llegando finalmente a la acartonada y siempre tenue Cámara de Senadores. Tantos años de lucha no fueron en vano. Las pibas que ya no van a volver tendrán, quizás, un poco de justicia cuando todo termine y finalmente sea ley.

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