Las publicaciones científicas de salud más prestigiosas del mundo se unieron en un editorial sin precedentes por la catástrofe ambiental. Con críticas a las políticas de austeridad, piden que los países más ricos se hagan cargo del daño. Aval directo al canje de deuda externa por acciones ambientales.

Ante la inminente Asamblea General de la ONU este 14 de septiembre y la Conferencia sobre el Cambio Climático de Glasgow, este 1º de noviembre, 233 publicaciones científicas dedicadas a la salud se unieron en un solo texto para reclamar a las autoridades de todo el mundo por medidas urgentes para enfrentar la crisis climática y el calentamiento global. Entre otras fuentes, apelan al último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC, en inglés) que determinó que una (catastrófica) suba de 1,5ºC en 20 años es irreversible, que es nuestra responsabilidad y que sólo medidas extremas evitarán que sea peor.

Las revistas científicas ponen el énfasis en los países más ricos como responsables del daño ambiental e interpelan a sus autoridades a que inviertan no sólo en la transición a economías limpias en sus países sino que se hagan cargo de lo mismo en los países más pobres. Entre otras propuestas, aparece el canje de deuda externa por acciones climáticas.

Entre otras, el editorial fue publicado por The Lancet, The British Medical Journal, East African Medical Journal, Chinese Science Bulletin, New England Journal of Medicine, International Nursing Review, National Medical Journal of India, Revista de Saúde Pública (Brasil) y Medical Journal of Australia. «La salud ya está siendo dañada por el incremento global de la temperatura y la destrucción del mundo natural, una situación sobre la que los profesionales de la salud han venido advirtiendo por décadas», arranca el texto. Y concluye «La mayor amenaza a la salud pública global es la falla continua de los líderes mundiales en mantener el ascenso de la temperatura por debajo de los 1,5ºC y en restaurar la naturaleza». «Llamamos a los gobiernos y líderes a actuar, haciendo de 2021 el año en que el mundo finalmente cambia de dirección», demandan.

La crisis climática es una realidad

Algunos puntos destacados del editorial:

• Ninguna suba en la temperatura es ‘segura’. En los últimos 20 años, la mortalidad por razones vinculadas al calor en personas mayores a 65 años aumento más del 50%».

Las temperaturas más altas dañan desproporcionadamente a los más vulnerables: niños, adultos mayores, minorías étnicas, comunidades pobres y aquellos que tienen problemas de salud previos.

• Las consecuencias de la crisis ambiental caen desproporcionadamente en aquellos países y comunidades que menos provocaron el problema y que menos capacidad tienen para mitigar los daños. Aun así, no hay país, no importa cuán rico sea, que pueda resguardarse del impacto. Permitir que las consecuencias caigan desproporcionadamente en los más vulnerables alimentará más conflicto, inseguridad alimentaria, desplazamientos forzados y enfermedades zoonóticas, con severas implicaciones para todos los países y las comunidades. Como sucede con la pandemia de Covid 19, somos globalmente tan fuertes como nuestro miembro más débil.

• Preocupa que la suba de la temperatura por encima de los 1,5ºC ya se vea como algo inevitable, o incluso aceptable, para los miembros más poderosos de la comunidad global.

• La acción insuficiente se traduce en que el incremento de la temperatura pueda fácilmente sobrepasar los 2°C, un resultado catastrófico para la saludad y la estabilidad ambiental.

Para que la contribución sea justa en el esfuerzo global, los compromisos de reducción deben dar cuenta de la contribución acumulada de emisiones que cada país ha hecho a lo largo de la historia, tanto como de las emisiones actuales y de la capacidad de respuesta.

• Los países más ricos deben cortar sus emisiones más rápido, logrando que las reducciones para 2030 sean mayores a las que actualmente se han propuesto y alcanzando la emisión cero par 2050.

• La estrategia actual de alentar a los mercados a cambiar tecnologías sucias por limpias no es suficiente. Los gobierno deben intervenir y rediseñar los sistemas de transporte, las ciudades, la producción y distribución de comida, los mercados para inversiones financieras, los sistemas de salud y mucho más. Se necesita coordinación global para asegurar que la prisa por acceder a tecnología más limpias no venga con el costo de más destrucción ambiental y explotación humana.

• Estos cambios no se pueden conseguir a través de un retorno a las dañinas políticas de austeridad o por medio de la continuidad de las inequidades de riqueza y poder entre los países. En particular, los países que desproporcionadamente han creado la crisis ambiental deben hacer más para sostener a los países de ingresos bajos y medios en función de construir sociedades más limpias, saludables y resilientes.

• El financiamiento debe ser a través de subsidios más que de préstamo, construyendo capacidades locales y empoderando verdaderamente las comunidades, y debe venir en conjunto con un perdón extenso de las deudas, que constriñen tanto a tantos países de ingresos bajos. Fondos adicionales deben ser reunidos para compensar las inevitables pérdidas y daños causados por la crisis ambiental.

 

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