Polo Productivo Tosco: del pueblo nace el trabajo genuino

Foto: Gabriela Carvalho

Mientras el gobierno asume que los planes sociales no implican empleo, desde la economía popular imaginan y materializan formas organizativas para generar fuentes de trabajo. En los últimos días se inauguró formalmente su ejemplo local más reciente: Tosco Polo Productivo.

«Este país está lleno de vagos», «prefieren un plan que ir a laburar», «no consigo empleada porque no les conviene tener trabajo»: es el repertorio cotidiano que suena en el supermercado, en el comentario de oyentes de radio y -más o menos solapado- en los discursos de campaña electoral. En un país donde las empresas estatales fueron privatizadas, con recortes y despidos incluidos, y donde la industria nacional oscila en los vaivenes de las políticas de turno, la idea de buscar un trabajo que permita cierta estabilidad hasta la jubilación se presenta como un horizonte bien lejano. La planta permanente es el sueño del pibe. Con menos suerte, podés ser monotributista con varios trabajos a la vez para llegar a pagar el alquiler. Más cerca de la malaria: hacer malabares para comprar lo mínimo en el kiosco del barrio donde todo aumenta sin techo, mientras escuchás en la nuca que sos un planero que no quiere trabajar, el zumbido incesante de quienes anuncian un derrame que a vos nunca te llega. Que te enseñen a pescar y no te den el pescado.

Después de perder las elecciones, el oficialismo nacional cayó en la cuenta de la importancia de salir a la calle y actuó en consecuencia. Con sloganes no se para la olla. Sin embargo, en esta etapa post primarias los anuncios del gobierno están más cerca de la patronal que de quienes sostienen la economía con un sudor que cae en saco roto. Primero, el anuncio de una ley de promoción agroindustrial hecho a la medida de los sectores más concentrados de la economía, los ruralistas del lockout de 2008. Semanas después, un anuncio encarna la premisa repetida hasta el final por los grandes diarios argentinos: “que los planes sociales se conviertan en trabajo genuino”.

La aparición de las políticas de seguridad social vinculadas al trabajo no registrado aparecen con fuerza a partir de los años 90, al mismo tiempo que la desarticulación del Estado con la venta de sus empresas, en la misma época del avance de la soja transgénica que enriquece a unos pocos, en los mismos años de la timba financiera sostenida por una parva de especuladores. Pero la gente no se quedó ahí, esperando. Fue también luego de la crisis de 2001 que las estrategias para sobrevivir se colectivizaron y aparecieron las asambleas, los comedores, las cooperativas y las fábricas recuperadas como formas activas de parar la olla.

«Convertir planes sociales en empleo»

El martes pasado, Alberto Fernández firmó el Decreto 711 para «convertir planes sociales en empleo registrado para todas las personas que se encuentran percibiendo algún tipo de asistencia». El decreto indica a los Ministerios de Desarrollo Social y de Trabajo que conviertan sus planes sociales vinculados al desempleo, trabajo precario y formación en programas de inserción al mercado laboral formal, informaron desde el Ejecutivo nacional.

La conversión se llevará adelante mediante la reducción de entre 90 y un 95% de las contribuciones patronales que contraten a personas que perciban el Potenciar Trabajo, del Ministerio de Desarrollo Social o el Programa de Inserción Laboral, del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Más allá del beneficio explícito para los privados, al asumir el gobierno el costo del pago de la seguridad social, voces de la economía popular de nuestra ciudad advierten sobre la falsa dicotomía entre «planes sociales» y trabajo.

El Polo Productivo Tosco se inauguró oficialmente el sábado 16 de octubre; funciona hace cuatro años. Foto: Gabriela Carvalho

Al día siguiente, el miércoles, el propio Fernández anunció a través de Twitter que se está trabajando en un proyecto de ley para formalizar a trabajadoras y trabajadores de la economía popular con la creación de un monotributo productivo.

Organizarse para crecer

Andrea Vassallo tiene 29 años y vive en Barranquitas. Hace un año y medio trabaja en la cuadrilla de reciclado y servicios socioambientales del Polo Productivo Tosco, ubicado en Blas Parera 9320 de nuestra ciudad. El polo es una fábrica cooperativa de la economía popular que funciona hace cuatro años, gracias a la organización de vecinas y vecinos en el marco de la organización social Nuestramérica.

El sábado pasado el polo se inauguró oficialmente, para celebrar la certificación oficial de normas IRAM por parte de vialidad provincial de los adoquines intertrabados. Es decir, la certificación técnica del producto que lo habilita a ser comercializado en todo el país. Festejaron, además, la formalización de la cooperativa.

Además de los servicios de limpieza urbana que proveen Andrea y cinco trabajadores más, también funciona en el polo un taller de fabricación de elementos de herrería industrial, otro de elaboración de bloques de cemento para la construcción y otro de adoquines intertrabados para calles y veredas. Cincuenta obreros cumplen allí su jornada laboral. Todos perciben el Potenciar Trabajo.

Andrea cuenta que, antes de llegar al polo, trabajaba en la copa de leche que su mamá Mónica montó en Pasaje Público al 4300. Se llama Todo por una sonrisa y alimenta a 150 niñas y niños de Barranquitas Oeste. Luego entró a la cuadrilla de limpieza, que presta servicios en los barrios Estanislao López, Scarafía y Juventud Unida del Norte, a través de un convenio con la Municipalidad. “Donde el Estado está ausente y el camión de basura no pasa, nosotros limpiamos y prevenimos los microbasurales”, cuenta la trabajadora.

Antes de trabajar en un empleo no reconocido como tal -el cuidado comunitario- y de entrar al empleo registrado a través del Polo Tosco, Andrea tenía trabajos informales, como cuidar chicos. Dice que llegar al polo significó tener “un trabajo digno”. Pero ese trabajo digno surgió, precisamente, de la organización colectiva de quienes el Estado simplemente cataloga como «beneficiarios».

—¿Qué opina cuando el gobierno dice que la gente que cobra planes no trabaja, o no tiene un trabajo genuino?

—Te genera bronca, porque lo de nosotros es un trabajo como cualquier otro. Pero nos falta que nos reconozcan como trabajadores.

La joven dice que el polo Tosco es «el punto de encuentro de nosotros los trabajadores, de donde salen ideas y proyectos». Andrea agrega: «Estando en el polo todos crecimos, en cuanto a la forma de pensar y a la responsabilidad. Te inyecta las ganas de progresar». Y concluye: «Sabemos que la lucha de todos los días no es fácil pero con organización podemos lograr un trabajo digno».

Salir de la precariedad

El polo productivo Tosco rompe en los hechos el imaginario acerca de los desarrollos productivos de los movimientos populares, que han sido caracterizados siempre por un alto nivel de precariedad, de marginalidad, de una producción manual y artesanal. Afirman, quienes trabajan en él, que sienta un precedente para mostrar que la economía popular puede lograr desarrollos productivos y comerciales de gran escala.

Por semana, en el Polo Tosco se fabrican 25 palet de 2000 adoquines para veredas y pavimentos. «Esa capacidad productiva se puede aumentar si se aumentan los niveles de industrialización de la planta, pero como esto es a pura autogestión, vamos de a poquito», confía a Pausa Carlos Abad, referente provincial de Nuestramérica e integrante de la mesa ejecutiva nacional de Unión de Trabajadores de la Economía Popular.

Los compañeros que trabajan en las distintas áreas productivas del polo son de los barrios populares de la ciudad y tienen entre 20 y 45 años. En la bloquera trabajan jóvenes del Centro de Día de la Red Puentes, un espacio de acompañamiento integral para pibes y pibas en situación de consumos problemáticos y de calle.

Foto: Gabriela Carvalho

Consultado sobre la propuesta del gobierno de «convertir planes sociales en trabajo genuino», Abad lamenta «que ese slogan se haya transformado en la mayor muletilla de campaña del Frente de Todos, porque encierra la premisa de que nuestras compañeras y compañeros no trabajan».

El Potenciar Trabajo se desprende de la Ley 27.345 y reconoce un salario social complementario para los trabajadores de la economía popular. «Ese salario reconoce y complementa los ingresos que el trabajador ya obtiene por el trabajo que ya realiza», enfatiza Abad. «Invito a cualquier funcionario y funcionaria de cualquier estamento del Estado que quiera venir a ver cómo se labura en la economía popular», agrega.

Para el referente, esta medida «pone de relieve que hay un análisis post electoral que fue en la dirección opuesta a lo que la mayoría esperaba». Al respecto, sostiene que «terminamos condescendiendo posiciones de centro derecha y discutiendo la pobreza, cuando lo que hay que discutir es la riqueza del país».

El entrevistado concluye con una definición: «Los compañeros y compañeras de la economía popular trabajan, solo que lo hacen sin derechos y sin reconocimiento de ningún tipo. Para nosotros se trata de convertir el trabajo sin derechos en trabajo con derechos, y no que el Estado termine financiando mano de obra barata para aumentar la rentabilidad de los empresarios».

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