Estudiaba Ingeniería Química en la UNL, militaba en la Juventud Universitaria Peronista y fue secuestrado en Córdoba en 1977. Su identidad fue la primera en ser confirmada por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
Se confirmó la identidad del primero de los doce cuerpos identificados genéticamente por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en los predios del Ejército cercanos al Centro Clandestino de Detención La Perla, en Córdoba. Se trata de Mario Nívoli, secuestrado en Córdoba en 1977, ex estudiante de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral y militante de la Juventud Universitaria Peronista.
Nacido en Ucacha, en el centro sur de Córdoba, "Tito" Nívoli trabajaba de técnico electricista y fue secuestrado frente a su familia en su casa en barrio General Paz, en la capital cordobesa, en la madrugada del 14 de febrero de 1977. Tenía 28 años, un hijo de 2 y una bebé, María Soledad, de apenas 4 meses.
49 años después, su cuerpo pudo ser identificado gracias al trabajo del EAAF en la zona conocida como Loma del Torito, perteneciente a la Guarnición Militar de La Calera, donde hubo centenares de detenidos-desaparecidos. Su hija María Soledad destacó el alivio que sintió tras la noticia y expresó: "Mi papá dejó de ser desaparecido".
Las excavaciones, en las que también participó el Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba, se desarrollaron en una zona de diez hectáreas donde, por testimonios, fotografías y relevamientos aéreos, se había determinado alta probabilidad de que hubieran existido fosas comunes para las víctimas de La Perla.
Durante 68 días, maquinarias pesadas y manos especializadas movieron toneladas de tierra en esa zona serrana en busca de restos humanos. Los hallaron: numerosos fragmentos que luego pasaron por un proceso de datación, clasificación y análisis genético, en procura de establecer las identidades de personas que hace casi cinco décadas habrían sido enterradas clandestinamente en ese sitio.
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"Sentí una paz que nunca había sentido"
En diálogo con Cadena 3, su hija María Soledad Nívoli contó que lo primero que sintió fue "un llanto explosivo": “Sentí alivio. Una paz que nunca había sentido. Y una certeza que apareció en mi cabeza: ya no soy más una hija de desaparecidos. Mi papá dejó de ser desaparecido. Ahora soy huérfana de padre. Mi papá está muerto. Quiero decirles a quienes secuestraron y mataron a mi papá que ya no pueden seguir cometiendo ese crimen. Lo siguieron cometiendo durante todos estos años al mantenerlo desaparecido”.
Además, en declaraciones a la radio local FM Vox de Ucacha, el pueblo del que era oriundo Nívoli, María Soledad expresó la emoción que sintió al poder decirle a su hijo "que habíamos encontrado los restos de su abuelo".
"La realidad es que en 49 años no se había movido demasiado la expectativa de hallazgo, pero nunca dejamos de esperar", prosiguió: "Cuando comenzaron los trabajos en La Perla la esperanza se renovó porque se le dio otro sentido. Como querellantes sentíamos que teníamos que estar ahí, preguntar y estar al tanto".
La historia de La Perla
La Perla operó como centro de tortura y muerte desde el golpe de Estado de marzo de 1976 hasta fines de 1978 y aunque las estimaciones son muy variables, la Justicia federal considera que como mínimo pasaron por ahí 600 personas y como máximo, unas 2.500. Fue altísima la letalidad de ese centro, uno de los más grandes y más brutales del país.
El expediente judicial de la causa que ahora da con los restos de desaparecidos se inició en 1998, por una presentación del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, de la abogada María Elba Martínez y del periodista Horacio Verbitsky, quienes denunciaron enterramientos clandestinos en La Perla y pidieron la búsqueda de los restos. En abril pasado, 26 familias de desaparecidos se constituyeron como querellantes en la causa que ahora tiene un avance sustancial.










