Nunca durante el gobierno de Javier Milei las ventas de comercios minoristas alcanzaron los niveles de 2023, ni lo harán. Esa es la principal conclusión que todos los meses refrendan los informes de la Confederación Argetina de la Mediana Empresa. Los datos de mayo muestran una caída del 1,2%, que se acumula con la caída de 2,9% en 2025 y de 7,3% en 2024.
En todo el gobierno de Javier Milei hubo apenas cuatro meses en los que las ventas minoristas tuvieron signo positivo, en el verano de 2025. Esto fue así porque el punto de comparación fue la debacle del verano de 2024, cuando la devaluación de Luis Caputo destrozó la economía. Antes y después, todos los otros meses fueron para atrás.
En mayo, las ventas minoristas registraron una caída interanual del 1,2%, a valores constantes, según Came. Así, el comercio acumuló una retracción del 3,1% durante los primeros cinco meses del año. En la comparación intermensual con abril hubo un alza del 1,2%.
La profundidad de la malaria es de cataclismo. Las ventas, en comparación con el mayo previo a Milei, 2023, están 11,1% abajo. Es irrecuperable esa diferencia durante lo que queda del gobierno libertario.
El desglose sectorial muestra que hubo rubros con expansión interanual, como Farmacia (+8,2%). Perfumería (+2,3%) y Alimentos y bebidas (+0,2%). De manera inversa, Bazar, decoración y muebles lideró las retracciones (-8,9%), seguido por Textil e indumentaria (-5,2%).
El 45,1% de los encuestados reportó un escenario desfavorable en términos interanuales. Son cada vez más: en abril esa cifra era del 39,6%. Luego viene el 48% que indica que ahora están igual que el año pasado. Es decir, igual de mal.
Para el año que viene, el 59,4% de los comerciantes evaluó el contexto como adverso para la inyección de capital y la inversión, un 12,5% lo consideró oportuno y el 28,1% mantuvo una postura indefinida.
En su reporte, Came detalla lo que llama “reconfiguración estructural en el patrón de consumo minorista”. “Ante la sostenida contracción del poder adquisitivo, la demanda experimentó una marcada tendencia hacia rubros de primera necesidad, los cuales lograron sostener niveles transaccionales estables o positivos. En contraste, los sectores orientados a bienes no esenciales absorbieron el mayor impacto recesivo, demostrando que el ingreso disponible de los hogares se encontró focalizado casi con exclusividad en el mantenimiento de la canasta básica”.
En el reverso, los comercios hacen lo que pueden: “la tracción del volumen de ventas dependió estrictamente de la inyección de herramientas financieras, liquidaciones forzadas y eventos masivos de comercio electrónico. Esta dinámica comercial, combinada con el incremento de los costos operativos fijos y las actualizaciones tarifarias, generó una severa compresión en los márgenes de rentabilidad. Frente a un escenario de nula disposición a la inversión, las expectativas del sector proyectaron una estabilización operativa condicionada a la liquidación de inventarios y factores estacionales”.
En castellano: los que no se funden, están aguantando con lo que pueden y achicándose todos los meses.









