Con Messi otra vez al mando y un equipo que se agranda en los segundos tiempos, Argentina volvió a meterse en una final del mundo. Una crónica futbolera y con la emoción a flor de piel sobre lo que provoca esta Selección y esta camiseta.
¿Cómo puede ser que Messi nos siga sorprendiendo?
Un pibe que sigue llorando con nosotros, abrazado a sus compañeros y a su entrenador, observando a los suyos celebrando el nuevo pasaje al último partido del certamen. No hay historia más fructífera ni grupo más porfiado. Maravilloso cúmulo de talento, confianza y humanidad. De la cancha para toda la vida. Son ejemplo, aunque muchos no lo sepan apreciar y otros tantos se lo reclamen. Son nuestros, como las Malvinas, aunque el presidente de este país sea fan de Margaret Thatcher. Mucho más que un partido, aunque nos engañamos diciendo lo contrario. Ya es tarde. La historia no se puede tapar y vive en nuestro cuerpo y en las canciones que nos hacen saltar y revolear lo más profundo de esta argentinidad. Quizá algún día el Senado y el Congreso puedan llegar a ser los mejores del mundo. Por ahora nos abrazamos a la inolvidable Selección de fútbol mayor.
La Scaloneta de los segundos tiempos o del último cuarto. Metiendo jugadores ofensivos, bastión de confianza plena, movilidad adentro y afuera, y un puñado de canciones que empujan y nos identifican. Saltamos y aplaudimos esta hermosa sensación de ser hinchas de la celeste y blanca. A la posesión le agregamos templanza y contragolpe y un poderoso juego aéreo, tan determinante como eficaz.
"Nos cambió la carrera a muchos y la vida a todos", dice Julián Álvarez del DT de Pujato. Un entrenador lógico y desbordado de emoción. Nunca una decisión fuera de lugar. Siempre inteligente y últimamente cargado de valentía para poner toda la carne al asador. El flaco de las lágrimas que son meme y sticker. El de la seriedad incrédula y la sonrisa pícara. El del labio inferior y ese pequeño movimiento que nos tensiona a propios y ajenos. El de los abrazos eternos y la simpleza en cada decisión.
"Seguir siguiendo al corazón... seguir creciendo y esquivando las rutinas... seguir soñando en un rincón", dice nuestra Sole en una hermosa canción. La música de toda la vida la pone Messi en cada video que nuestro teléfono replica. Puede llevar diferentes ritmos o estilos musicales y representarnos en cualquier país del mundo. Este Mundial aprendí que cada partido tiene momentos diferentes y retos que afrontar, pero siempre hay un instante Messi. Un poco más corto, a veces, y un segundo tiempo completo y majestuoso como el de ayer. Rodeado de jugadores de Premier League, más jóvenes y fuertes, atosigando sus últimos intentos por estirar este reinado insuperable.
Un capitán letal y avasallante, parecido al que deslumbró a cualquiera hace más de 20 años. Un líder emocionante, para contagiar y atraer las miradas, para aguantar y recibir los golpes, para desbordar los límites y tejer los puentes. Para llevarnos a la tercera final en los últimos cuatro Mundiales. ¿Cuántos más? ¡Todo lo que se pueda soñar!









