Cuatro selecciones de cuatro países se enfrentan desde mañana y uno solo fue colonia de los otros tres. Aunque Scaloni se enoje, esos cruces no sólo son partidos de fútbol, también historias y notas como ésta.

Los buenos espíritus, liberales y tiernos –los neocolonialistas, en una palabra– pretendían sentirse asqueados por esa inconsecuencia; error o mala fe: nada más consecuente, entre nosotros, que un humanismo racista, puesto que el europeo no ha podido hacerse hombre sino fabricando esclavos y monstruos.
Jean Paul Sartre (Prefacio a Los Condenados de la Tierra de Frantz Fanon)

El liberalismo neocolonial fabricó millones de esclavos y monstruos decía Jean Paul Sartre, y jugadores de fútbol completamos nosotros agregando la perspectiva histórica que le faltó al francés más africano, más anticolonial de la historia de la filosofía moderna.

La cita se extrae de un material que en los 70 era de lectura obligatoria y despabilante –en épocas en donde leer y rebelarse eran tan populares como ahora tuitear y esclavizarse–, el prefacio de uno de los libros clásicos de la descolonización y de la psicopatología de la colonización: Los Condenados de la Tierra (1961), de un tal Frantz Fanon, nacido en una colonia francesa y miembro del Frente de Liberación Nacional argelino contra 100 años de dominación francesa.

Fanon escribe por despecho, como todes sabemos, Martinica es una selección asociada a la CONCACAF y afiliada a la Federación Francesa de Fútbol, pero no pertenece a la FIFA. Por eso se hizo psiquiatra y filósofo, porque jamás hubiese jugado un Mundial y porque según el seleccionador francés de 1958 (Albert Batteux) era algo patadura. El final de ese proceso no hace más que resaltar la derrota de Fanon: Francia salió tercero en Suecia 58 y su delantero Just Fontaine anotó 13 goles (imbatible al día de hoy), y Martinica sigue siendo un portaaviones francés, un territorio de ultramar de la Unión Europea en el Mar Caribe. Él escribió un libro, eso sí, pero que hoy sólo citan de memoria una patrulla de revolucionarios perdidos en los sórdidos suburbios del capitalismo global.

Lionel Scaloni nunca bosteza, siempre está atento a todos los detalles, pero a la hora de repasar estas historias saca a relucir su “no mezclen libros con goles, masacres coloniales con mundiales, la pelota no se mancha, son sólo partidos de fútbol”. Su dosis de razón tiene, ganarle 2 a 1 a los ingleses no nos devolvió Malvinas ni hizo menos gorila a Ruggeri y el 3 a 1 a Suiza no produjo la devolución inmediata de los 60 mil millones de dólares (AFIP, 2023) no declarados de argentinos y escondidos en su sistema financiero.

Así que tranquilo, técnico campeón, usted concéntrese en el planteo del miércoles porque el Diego lo está observando, nosotros nos encargamos de la nota.

El “mundo libre” no hincha por Argentina

Así como miles de millones de electores en el mundo votan a sus verdugos económicos y sociales, otros tantos son torcedores termos de cualquier país que enfrente al único representante de las colonias desunidas de América y el mundo libre que ya no es libre, es decir la Argentina.

Este atribulado enclave, en donde la única industria que funciona al 110% de su capacidad productiva es la del meme y las camisetas truchas, fue y es colonia de alguno de los tres semifinalistas europeos, España, Francia e Inglaterra y tenemos fechas conmemorativas para cada una de las gestas en las que intentamos liberarnos de sus dominios, o de cambiar de colonizador al menos. El 25 de mayo (1810) y 9 de julio (1816) refieren a la liberación del dominio español, el 20 de noviembre (1845) al rechazo de la invasión anglo-francesa y el 10 de junio (1829) y 2 de abril (1982) conmemoran los derechos soberanos y a los combatientes de Malvinas.

Hoy las islas siguen siendo una colonia británica, con pobladores implantados y una política de saqueo indetenible de recursos naturales. ¿Datos? La empresa británica Rockhpper Exploration y la israelí Navitas Petroleum perforan en tierra y mar para extraer 50 mil barriles de petróleo diarios; según la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera, flotas británicas extraen 260 mil toneladas anuales del mar circundante (un tercio de toda la pesca nacional), violando soberanía y destruyendo el ecosistema marino.

A la FIFA no le gustan estos cruces. Como no le gustó la ilustración de la Batalla de Vertiéres (1803), estampada en la camiseta de Haití para conmemorar la primera revolución americana de la historia y que ese país fue la primer nación libre de esclavos del mundo. Mandó “simplificar” la camiseta porque portaba “mensajes políticos”. Al cierre de esta nota no creemos que ni la AFA pida ni Adidas estampe el mapa político de las Malvinas en la camiseta argentina, aunque nos permitirá utilizar la casaca azul alternativa. Aquí Infantino y su comité de expertos en negocios tan millonarios como políticos cedieron, aunque esa casaca fuese un "cabulero homenaje indebido a guevarista puteador que mete goles con la mano".

De todos modos la hinchada y hasta un puñado de jugadores en su infinita ingenuidad cantarán hasta la disfonía y atronarán el Mercedes Benz Stadium de Atlanta con “por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. ¿Como silenciaría la FIFA ese incómodo verso ao vivo? ¿Cómo creen el Dibu o De Paul que vamos a recuperar las islas por un día, sino es a través de una compensación simbólica tan espectacular como doblegar a la máquina imperial liderada por Kane y Bellingham?

¿Cuál es la cualidad que nos distingue como la mejor hinchada del mundo además del número y el colorido? Pues la creatividad y la pasión, que es el ingrediente que liga como ningún otro expresiones culturales como la política, el deporte y las composiciones populares que nutren el cancionero futbolero. Como diría Galeano, el argentino sentipiensa o siente más de lo que piensa, lo que a veces es un garrón y otras produce que un ex combatiente frente al televisor cantando el himno de pie y llorando como si estuviese plantado en el cementerio de Darwin.

¿Cómo pretende Scaloni reinvindicar la argentinidad y separar lo que sólo es divisible para un europeo, que además se queda con tu tierra, tus recursos, tu Mundial, o sea que te gana en todos lados? Son todos goles de ellos sino.

Hoy sabemos que contamos con el repudio cabulero de todos, menos de los 178 millones de habitantes de Bangladesh, que nos alientan con tanta o más pasión que algunos connacionales, no por el mero culto a Maradona o Messi, sino por el profundo sentimiento anti imperialista que compartimos pese a estar a separados por 17 mil kilómetros. Y un dato no menor, los bangladesíes se independizaron de Gran Bretaña en 1947, nosotros aún no recuperamos Malvinas; y nos bancan fuerte en esa gritando goles argentinos desde 1986, que no es el año en que recuperamos las islas diplomáticamente sino en el que les hicimos dos goles históricos a los ingleses, uno de queruza y otro con la mejor gambeta de la historia. Sumados, ellos y nosotros, somos unos 225 millones de argentinómanos, más que todo Brasil, 25 veces más que portugueses, tres veces más que toda España y casi cuatro veces más que Francia. El verdadero anulo mufa en términos cuantitativos.

2026, el mundial de los afrodescendientes y los malos perdedores

Un destacado comunicador santafesino y profesor universitario además, solía provocar con la siguiente pregunta: “¿Qué hay peor que un periodista?” Y se contestaba ante el silencio expectante de la clase: “Un periodista deportivo”. Maticemos para ser justos, no todos. Pero este el caso de los comentaristas de la señal DS Sports, que habiéndose percatado de la abrumadora cantidad de jugadores de raza negra en los planteles belgas, alemanes, franceses e ingleses, concluyeron que “eso es por la inmigración desde los países africanos, chicos que buscan mejores condiciones en los países centrales de Europa”. Rápidamente puede decirse que es así, que el agua moja, pero su analfabetismo funcional les impide ver el elefante (africano) que les pasa por delante, el brutal tráfico de esclavos que los portugueses, franceses, españoles, ingleses y holandeses iniciaran a partir del Siglo XV. Congo, Angola, Ghana, Senegal, Gambia, Costa de Marfil, Mozambique y otros países del áfrica del norte.

Damos por descontado además que ninguno de estos amables colegas –que ni siquiera consideran la posibilidad de enriquecer sus marcos teóricos con Chat GPT, Claude o Perplexity– sabe tampoco que aún existen 10 países africanos que aún “aportan” divisas y recursos naturales para sostener el nivel de vida de ingleses, franceses y belgas. Si bien no existen colonias francesas en los términos de “territorios ocupados y bajo bandera”, la dependencia económica persiste y el botón de muestra es el Franco CFA, que es la moneda colonial francesa conque se le paga por recursos naturales como el oro, en países como Burkina Faso y otros 13 países africanos.

Según estadísticas de la ONU (subregistradas por cierto) el comercio mundial de esclavos produjo la muerte de entre 1,5 y 2,5 millones de hombres, mujeres y niños sólo durante las travesías marítimas, con un total de víctimas mortales estimadas en más de 30 millones de personas a lo largo de cuatro siglos. Ahí , también en la migración moderna activada por la vida miserable en las periferias racialmente discriminadas, está la clave de la coloratura afro que el periodismo deportivo detecta en el Mundial 2026.

Tampoco Mbappé parece notarlo, al posicionarse como un altísimo defensor de las izquierdas y la multiculturalidad frente al avance arrasador de las ultraderechas neofacistas y xenófobas europeas. Pero debiera saber el bueno de Kylian, cuyos padres son de origen argelino y camerunés, que todo ser cabalmente de izquierdas, también debería condenar el colonialismo salvaje que Francia (entre otros) ejecutó sobre Argelia y Camerún, entre otros países.

No tiene por qué, pero ya que se posiciona, bien podría repasar al menos el prefacio que otro francés brillante (aunque blanco y virolo), Jean Paul Sartre, le regaló al también descendiente de esclavos Frantz Fanon. O tipear Argelia + Francia + Mundial 1958 para descubrir que hubo un grupo de jugadores argelinos que habían clasificado a Francia al mundial de Suecia, en plena lucha armada del Ejército de Liberación Nacional argelino, y que se negaron a jugar con la camiseta de la potencia opresora. Renunciaron a la fama y el dinero, a un Mundial sin países africanos, para calzarse la casaca verde y blanca de la primera y única selección africana en denunciar “futbolística y políticamente” el colonialismo europeo, mezclando lo que ni a Infantino, ni a Scaloni, ni al Pollo Vignolo les gusta mezclar.

Formación de la selección de Argelia que incluye al grupo de jugadores que desertaron del mundial de Suecia. Aunque la FIFA no los reconocía como país, jugaron amistosos en todo el mundo para concientizar contra el colonialismo.

Inglaterra será historia el jueves, también la suerte que corran Francia o España, pero lo cierto es que al menos dos de ellas enfrentarán al único exponente descentrado del ethos cultural y deportivo europeo, pero nunca invasor ni amigo de lo ajeno. Con un puñado de mestizos aspiracionalmente europeos o norteamericanos que nos prestan el país para vivir como argentinos, con un presidente que admira a una inglesa que es una de las criminales de guerra más notables del siglo XX, que banalizó la guerra y el drama de Malvinas con un desdeñoso “nos tocó perder”, pero con el aliento desgarrado hasta las lágrimas de otros millones que, puede que mezclemos un par de cosas, pero que jamás confundimos el enemigo.

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