Inventaron una tecnología que dicen que puede destruir el mundo, entonces extorsionan al sector público para que los avale, les permita cartelizarse, les dé financiamiento y, además, ataque a China y sus IA de código abierto. Cuáles son las claves para entender los anuncios de los cataclismos de las IA contados por sus propios dueños.
¿Por qué un grupito de diez tipos blancos, feos y fofos, que acumulan una riqueza inimaginable en cualquier otro momento de la historia de la humanidad, lanzan advertencias abiertas sobre los efectos apocalípticos de los productos informáticos que ellos mismos fabrican? Como nos enseñó Vito Corleone, nos están haciendo una oferta que no podemos rechazar. Están vendiéndonos protección de ellos mismos.
La oligarquía tecnológica es parte inseparable del complejo militar de Estados Unidos. Palantir, la empresa del amigo de Javier Milei, Peter Thiel, jugó un rol clave en la intervención militar y secuestro de Nicolás Maduro, en Venezuela, y es la fuente de inteligencia diaria de las acciones de terrorismo de Estado xenófobo de la policía migratoria estadounidense. Para una familia palestina, es un chiste amargo la advertencia sobre un apocalipsis futuro a manos de una inteligencia artificial. Lleva casi tres años viviendo un infierno organizado y controlado por Palantir al servicio del Ejército de Israel para su genocidio en Gaza.
Los conceptos de humanidad o democracia para estos oligarcas son, por decirlo con suavidad, muy restringidos. Su preocupación por la autonomía o la soberanía de las naciones es directamente nula. Y más allá de su desmesurado valor financiero, los recursos minerales para sostener su negocio son escasos y raros, tanto como infinita es su demanda de agua y energía. Estas son las líneas duras para ubicar por qué el 12 de septiembre salió Darío Amodei, el CEO de Anthropic, a anunciar que Terminator adviene en seis meses, con la venia casi inmediata del nazi tetón de Elon Musk.
Los últimos cuatro años de nuestra era
El camino que va de la euforia desatada en 2022 con la popularización de ChatGPT a la publicación del manifiesto del cataclismo digital, tiene en todos sus mojones una misma dirección: el del creciente dominio de la IA sobre las formas en que los humanos nos gobernamos a nosotros mismos, sea que llamemos a esas formas mercado o política. Cada avance en ese dominio tuvo por detrás la amenaza de la llegada cada vez más inminente de la famosa Singularidad (este es el texto en donde se origina el concepto), el momento en que hay un cambio cualitativo total y para siempre, cuando una IA empieza a hacer lo que quiere y contra todos.
El texto de Amodei se presenta, así, como un desinteresado llamado a evitar esa Singularidad, desacelerando el desarrollo de las IA. Qué tipo copado.
Desde marzo de 2025, Anthropic publica informes sobre “usos no alineados” de sus IA. Esto refiere a la utilización de la herramienta rompiendo los criterios o leyes internas que deberían restringir su acción. El cuarto y último informe es de septiembre de 2026, tiene 280 páginas, y repasa cientos de casos, como uno de espionaje ruso contra Ucrania, la creación de una página falsa de la policía francesa para robar datos de tarjetas de crédito, la creación de fábricas de noticias falsas en todo el mundo, la intervención con cuentas falsas en las elecciones de Malasia y otros de igual tenor. Básicamente, usado con cierta pericia, Claude es un peligro militar y político en manos de cualquier agente global. Estas acciones, y muchas otras, fueron reales y ciertas.
El 27 de agosto de 2026 más de 100 empresas de la punta tecnológica estadounidense, como OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft, Amazon, Nvidia, Oracle, Cisco e IBM, publicaron un texto titulado “Un llamamiento a la acción colectiva en defensa cibernética”. Junto con el siniestro tuit de Palantir del 18 de abril de 2026, “La República Tecnológica”, son los mojones más explícitos de los intereses de los oligarcas.
El texto del Estado Mayor Conjunto de la tecnología occidental advierte que el uso de la IA para ataques cibernéticos está a punto de volverse generalizado e incontrolable, poniendo en riesgo toda la infraestructura básica de la humanidad. ¿Cuál es la respuesta? Incorporar directamente a las empresas en la ciberdefensa de Estados Unidos. Pasarlas por completo del otro lado del mostrador o, más bien, pasar completamente la defensa al sector privado.
El Pentágono hace rato que trabaja con estas empresas. Además de Palantir, formalizó acuerdos con Google, OpenAI, Nvidia, Microsoft, AWS, SpaceX, Oracle y Reflection AI. Anthropic no aparece, pero Palantir opera con Claude. Lo que las empresas quieren imponer es su control completo sobre la ciberdefensa, para protegernos de los productos que ellas mismas fabrican.
Por su parte, Palantir enlista 22 puntos en los que directamente plantea que es inevitable el control total de las empresas tecnológicas sobre la cuestión más sensible de un Estado: su defensa. En este caso, contra China. Se trata una movida muy alentadora por parte de un tipo como Thiel, que supo expresar “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.
El texto de Amodei se inserta en esta saga, pegando un salto de escatología. Como un Juan de Patmos del siglo XXI, anuncia que en el lapso que va de seis meses a un año, un enjambre de agentes de IA operarán por su cuenta tomando el control de todo lo que se vincule a internet. Qué maravilla el castellano: escatología refiere al estudio teológico cristiano del Apocalipsis y también al uso de expresiones o temas relacionados con la caca. La parte de la caca es la de la solución que plantea Amodei: la cartelización de las empresas de IA, articuladas con el Estado yanqui. Le pide al gobierno de Estados Unidos que la habilite mediante una exención específica a la ley antimonopolio. Incluso sugiere la “participación” del Estado; esto es, ser bancado por el Estado. Y pide, además, que se bloquee la venta de chips a China, para que la “pausa” en el desarrollo de las IA sea efectiva.
Pagame protección
Buena parte de los especialistas norteamericanos en tecnología, con Cory Doctorow a la cabeza, están señalando que todo se trata de un bluff. Indican que las empresas de la punta tecnológica están inflando la mayor burbuja financiera de la que haya registro, con sistemas circulares de endeudamiento masivos, que en nada reflejan los ingresos reales de las compañías, que son mucho más bajos.
En paralelo, las IA se sostienen en aberrantes complejos como los centros de datos, galpones gigantes de computación, que detonan ambientalmente las poblaciones cercanas, generan una crisis por el consumo delirante de energía y agua en función de refrigerarse. La cantidad de chips que demandan hizo que, por ejemplo, escalara el precio de las computadoras personales y sus repuestos.
Quizás la oligarquía tecnológica esté llegando, extenuada, al límite de lo que sus empresas pueden hacer. Y al mismo tiempo quizás sea verdad –al menos, es posible– que las IA puedan desatar un desastre global. Ambas líneas son correctas.
La salida a esa doble crisis es lo que tiene el sello mafioso. Los oligarcas le están pegando una apretada corporativa a la principal potencia militar global como nunca se ha visto. Quieren que admitan su formación como cartel, quieren obtener apoyo financiero público, quieren que el gobierno opere en contra de las IA chinas para que también “desaceleren”. Por todos lados suena al pedido extorsivo de pago para obtener protección del Golem que ellos alimentan.
Abrir la caja negra de la ciencia privatizada y defender el diseño público del desarrollo técnico son líneas claves para el futuro de la humanidad. Más allá de cualquier Armageddon posible, hoy en día, ya mismo, una oligarquía no puede tener en sus manos la disolución cognitiva de nuestras mentes, que se empastan como un paté, sobre todo las más jóvenes, o la validación de los precios dinámicos, que aumentan o bajan según tu necesidad y en tu contra, cuando comprás en Mercado Libre o cuando buscás un viaje en Uber.
Cuando un cartel de empresas privadas dominan todo un sector, no estamos hablando más de empresas ni de privadas. Son un gobierno oligárquico, ajeno a la democracia. La infraestructura informática de nuestras vidas es algo demasiado importante y toca demasiadas aristas de la seguridad pública como para dejarla en manos de diez tipos blancos, feos y fofos.










