Federico Pita: “En el 12 de octubre, la plaza de Mayo va a estar vacía”

Federico Pita
Federico Pita en El Birri. Foto: Milagros Casablanca, Nicolás Carfagnini y Matías Medici.

Federico Pita es fundador de la organización Diáspora Africana de la Argentina, edita el suplemento Negrx en Página/12 y trabaja como investigador y docente tanto en Clacso como en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo. En diálogo con Pausa, repasó algunas claves sobre la actualidad y la historia del racismo en nuestro país.

“En el 12 de octubre, que es el inicio de uno de los más grandes genocidios de la humanidad, el genocidio indígena y la trata esclavista, decretada por 123 países del planeta en marzo de este año como el crimen más grave de la historia de la de la humanidad, la plaza en mi ciudad, la plaza de Mayo, va a estar vacía. Va a ser un fin de semana turístico. Y el progresismo bien intencionado dijo que en vez de festejar el Día de la Raza había que festejar el Día de la Diversidad Cultural. Es como si yo dijese que el 24 de marzo hay que celebrar el Día de la de la Pluralidad Ideológica, porque nos enfrentamos porque pensábamos distintos. Sería un delirante si digo eso. Acá se celebró la diversidad cultural en el día del genocidio. ¿Y qué pasó? La derecha que sacó esa pavada y vuelve a celebrar la raza”.

Federico Pita habla muy rápido, intercalando sus observaciones con conceptos propios de su formación –es politólogo egresado de la UBA– de su trayectoria intelectual y de su experiencia como activista afroargentino. Pasó por Santa Fe en el marco de su “Gira Antirracista”, presentando el libro que compiló, “Antirracismo. Pensamiento y praxis en clave afrolatinoamericana”, tanto en el Solar de las Artes, de Sadop, como en el Centro Cultural y Social El Birri.

–¿Qué sentís cuando te dicen que en Argentina no hay racismo? Siempre se usa como ejemplo que acá la gente se saluda diciéndose “Qué hacés negrito” o que somos un “crisol de razas”…

–En la Argentina se dice que no hay que no hay racismo porque es parte del diseño de las elites, de los padres fundadores, construir una idea de que Argentina es el país más blanco de América Latina a partir de lo que la generación del 37, con Sarmiento y Alberdi en la cabeza, planteó como el gran modelo civilizatorio para lo que iba a ser Argentina, que era un modelo construido sobre la metáfora de un desierto, o sea, un territorio extenso y vacío, lo cual era falso. Esa metáfora del desierto es la que incentiva las “Campañas del Desierto”, que van de Rosas a Roca. Lejos de ser compra masiva de semillas para plantar árboles en un desierto era comprar armas para matar gente y apropiar tierras y, una vez esas tierras apropiadas, llenarla de lo mejor de la especie humana que en ese momento eran considerados europeos. Por eso en el artículo 25 de la Constitución dice el gobierno federal fomentará la inmigración europea. Dice la Constitución que los europeos son mejor que el resto del planeta. En 1949 con Perón o en 1994 acá en Santa Fe, ese artículo no se sacó. Entonces, el espíritu de la Argentina, como proyecto político pensado por las elites del poder, es un proyecto racista, construido con un racismo más sofisticado que otras latitudes, ¿no? En Estados Unidos, el segregacionismo planteaba que lo negro existía, que eran iguales ante la ley, pero tenían que estar separados. Sarmiento vio y dijo, “No, no, no hay que hacer eso, hay que borrar las diferencias raciales en términos estadísticos y plantear que acá todos somos más o menos iguales y que eso ya está se supera por decreto”. Todo el lenguaje y la estructura racista está oculto, invisibilizado, entonces nos permite imaginar que el racismo no existe o que decir “Negro” puede ser de cariño, ¿no?, cuando todos sabemos que a nadie le dicen “Blanco” de cariño, no existe, o sea, eso lo das vuelta y te das cuenta que no funciona.

–A la vez es también una palabra que se solía utilizar para este denominar a personas descendientes de pueblos originarios o como una marca de clase, los “negros de mierda”

–Es que es que “negro de mierda” no es originario o afrodescendiente, es sinónimo de no blanco. Sarmiento dice “Civilización o barbarie” y plantea que la civilización es Europa, todo el resto es barbarie, es brutalidad, es animalidad y la síntesis de eso es blanco y negro. Esa es la lógica del racismo como fenómeno estructural, como fenómeno abstracto. Lo blanco es superior porque necesariamente lo negro es inferior y la connotación es racista, independientemente de cómo las personas lo utilizan en sus intimidades. Nosotros estamos hablando del racismo como un fenómeno político, que tiene que ver con estructuras de poder. No es un fenómeno de abajo hacia arriba. Son estructuras de poder insertas en el sistema que van permeando y condicionan la conducta de los individuos que se mueven dentro. Ahora, en los espacios íntimos se puede llegar a decir “Negro” o “Gorda” de cariño, eso forma parte de los vínculos afectivos, pero en términos estructurales, a la primera emergencia de tensión social y política, algo que rápidamente te permite identificar alguien como un otro inferior es “Negro de mierda”, No es verde de mierda, violeta de mierda, amarillo de mierda, no es una pared una paleta cromática infinita…

–También hay formas de racismo fuera de Occidente, el racismo al interior de los diferentes grupos sociales de la India, el racismo en China…

–Es que lo blanco y lo negro no habla del color de piel de la gente, ¿no? Lo blanco es sinónimo de europeo y lo negro es sinónimo de no europeo, no europeo es el 89% restante de la población mundial. Lo no blanco incluye todas las conductas no civilizatorias. En las Américas y el Caribe el color de piel es un factor determinante en términos de lo visible, pero en la Shoá en Europa, si vos te quedas con la variable cromática, sería blanco matando blanco, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, los judíos son caracterizados como una raza inferior, por más que tenga la piel blanca, que en términos de un racismo biologicista, amenazaban la pureza de la de la raza aria. Siempre aparece un elemento que amenaza la blanquitud. Esa es la lógica del racismo. Lo blanco como categoría, independientemente del color de piel, aunque la demarcación fenotípica implica la posibilidad de vida o muerte. En América Latina la policía mata gente oscura, las estadísticas son abrumadoras.

–Yendo a esa intersección, cuando decís la policía mata gente de piel oscura, también coincide con que es gente pobre.

–Es que la gente pobre tiene la piel oscura. La América Latina de la que somos herederos de los Reyes Católicos de España, la estructura que heredamos es la de la colonia española, donde lo negro era caracterizado por lo africano, que era no humano, por eso eran esclavizados, los indígenas podían ser evangelizados, entonces eran unos humanos inferiores y eran servidumbre, y los blancos o los europeos eran los que tenían posibilidad de ser civilizados, porque eran católicos, cristianos, entonces podían ser de pequeños propietarios a gran latifundista. Esa estructura está intacta, eso se llama sociedad de castas, que es el origen de lo que hoy llamamos, desde mediados del siglo XIX a la actualidad, clases sociales. La idea de la clase y la raza son inseparables, hay una imbricación absoluta. Si vos vas a los barrios populares de cualquier lugar de América Latina, Argentina y Santa Fe, la gente va a ser más oscura y en la zona privilegiada la gente va a tener la piel más clarita en términos en términos generales, ¿por qué? Esa es la línea de color de la que hablaba, por ejemplo, William Du Bois, un pensador afroestadounidense, que en Argentina existe. Entonces, clase y raza es la misma variable.

Antirracismo argento

–Vos recién traes a la colación a Du Bois, ¿qué linaje de pensamiento antirracista vos encontrás dentro de la historia argentina? ¿Hubo un pensamiento antirracista?

–Esa genealogía se viene construyendo, pero sí, tenés a Bernardo Monteagudo, un negro tucumano, probablemente la pluma más radical del proceso revolucionario, no sólo en Argentina, en toda Sudamérica, formado en Chuquisaca. Uno no puede imaginar la radicalidad de su pensamiento y acción por fuera de su negritud, de los condicionantes raciales de su época. Gabino Ezeiza, un hombre muy vinculado a la comunidad afroporteña, a su prensa, a su círculo de debate político intelectual, que participó en la Unión Cívica Radical, que ha escrito en la prensa negra de Buenos Aires bajo el seudónimo de Liberato, Horacio Mendizábal, uno de los intelectuales afroporteños de mediados del siglo XIX, que explícitamente denunciaba el racismo, era un opositor muy fuerte a Sarmiento y a su racismo biologicista. Hay una generación antirracista fuerte en la Argentina que dialoga con el resto de la negritud continental. Más acá, en el siglo XX, hay figuras explícitamente antirracistas, antirracistas en la praxis. El negro Ramón Carrillo, un negro santiagueño, que era negro, lo ha dicho un montón de veces, era amigo de Josephine Baker… No basaba su acción política desde el activismo negro, pero sin embargo, es un tipo que conoce el chagas no por eso se lo contaron, ¿no? Y crea 234 hospitales. Contame qué otro ministro hizo 234 hospitales en la historia. Después, activismo antirracista puro y duro, Enrique Nadal, el fundador del Comité Argentino Latinoamericano contra el Apartheid...

Federico Pita
Federico Pita en El Birri. Foto: Milagros Casablanca, Nicolás Carfagnini y Matías Medici

–Recién mencionabas a Carrillo, ¿Qué reflexión te merece el uso de “cabecitas negras” en el discurso de Eva Perón?

–Hay como una doble tensión. Hay como tres grandes grupos, lo racista, lo no racista y lo antirracista, Lo racista es este discurso excluyente, estigmatizante, deshumanizante, que lo encontras en Sarmiento, en Alberdi, en Bullrich, aquellos que piensan que los negros y la mayoría sobramos. Después tenés como un núcleo duro, la respuesta más más extendida frente a eso que es una acción no racista, que condena el racismo pero no necesariamente cuestiona las estructuras que lo sostienen. En verdad, al “cabecita negra” lo usa el antiperonismo, y lo toma el peronismo, lo apropia y lo subvierte con la idea del orgullo. Sarmiento como presidente, cuando hace el primer censo, borra las categorías raciales y las reemplaza por el color de piel en el registro censal y crea la categoría “Trigueño”. Decir “Negro” te permite rastrear tu agencia histórica para llegar a las pirámides de Egipto, decir “Indio”, independientemente de que esté mal dicho, te permite rastrear tus orígenes guaraníes, aztecas, mayas, incas, hasta la pirámide de Chichén Itzá. Simplemente tener la piel más oscura que el resto, del color del trigo, hace una bolsa de gatos donde rompe esa conexión política, filosófica, que te permite la identidad. No se ha logrado revertir eso, porque aquellos que de alguna manera han cuestionado en la superficie el racismo, lo que han hecho es creado categorías simplemente para contestar a nivel del color de piel. Han tocado la epidermis del racismo. Entonces, el orgullo el trigueño o de lo moreno y lo morocho de principios de siglo XX, el orgullo cabecita negra, descamisado, después va a ser lo villero en la década de 60 a 70, ahora han inventado lo marrón, que son todas categorías que permiten apenas orillar o inspeccionar las orillas del orgullo, pero que no van a la cuestión de raíz. O sea, el orgullo villero: ¿quién puede estar orgulloso de la precariedad de no tener asfalto y agua corriente? ¡No existe! Y es una identidad que se borra de un plumazo. ¿Por qué? Porque cuando te pusieron asfalto y cloaca en tu barrio, dejaste ese villero. Entonces, te van a decir, “No, pero en verdad entendemos lo villero como los solidario”. Los solidario existe antes que la villa y, en todo caso, el origen de esa resistencia sistemática está en la idea de lo negro. Lo negro sigue encontrándonos a todos como categoría política que nos permite identificar la mano que oprime, que es lo blanco, no la gente con el color de piel blanco, lo blanco no se reduce a eso. Los antirracistas no solo reconocen la existencia del racismo, sino que entienden que es un fenómeno estructural. No puede haber un mundo sin racismo si no se mudan las estructuras.

¿Qué hacer con el racismo?

“A los blancos nunca les gustó trabajar porque el trabajo físico siempre fue algo en términos sociales degradante. Esta idea de que sólo hay una clase de hombres, los que trabajan, es salgo propio de mediados del siglo XX, que ahora está más en crisis que nunca porque todos sabemos que las computadoras van a reemplazar miles de trabajos. Entra en crisis ese ese relato en un mundo donde se vende la fuerza de trabajo en el empleo administrativo o se vende la fuerza de trabajo pedaleando para llevar delivery. Ahí hay una línea de color, o sea, los blancos son administrativos, los trabajadores racializados pedalean en bicicleta, eso opera en todo en todo momento. ¿Los indios, los negros y los sindicalistas articulan? No, no todo lo que deberíamos articular. ¿Por qué? Porque la conciencia antirracista no es clara en todos estos colectivos. Unos luchan por los derechos en el mundo del trabajo, otros por el derecho a la tierra, y los negros solo el antirracismo. Bueno, hay una imbricación: la raza y la clase son fenómenos inseparables. Todos estos espacios deberían ser anticapitalistas y antirracistas y todos sabemos que no funciona de esa manera. No hay una forma más humana de este sistema. Sabemos que no funciona. Sabemos que no alcanza y no porque no haya momentos en el péndulo en que la gente come más de corrido o menos de corrido. El asunto es que cuando se descajeta un poquito, los que vuelven a no comer, a no tener trabajo, los que la policía mata, los que van presos, siempre son los mismos. ¿Desde cuándo? Desde la campaña del desierto de Rosas hasta acá. Ciertas estructuras no es que hay que ajustarlas para que funcionen mejor. No, es que las estructuras ya funcionan bien. O sea, las cárceles están hechas para meter al negro en raya. Yo recorro cárceles, son todos morochos. Entonces, o los morocho tienen una tendencia al crimen que no tiene la gente clarita o hay gato encerrado”.

–¿Cómo traducís la perspectiva antirracista que términos de políticas públicas?

–Es desafiante porque subvierte una lógica. Contestando como politólogo, esto parte de un buen de un buen diagnóstico. Nosotros partimos de la base de una perspectiva liberal del derecho, donde pensamos que, como somos todos iguales ante la ley, no hay ninguna no hay ninguna diferencia. Está complicado. Lo racial no aparece de forma explícita, se sigue pensando en un sujeto universal. El destinatario de la política es una persona de carácter universal, en el mejor en el mejor de los casos alguien a quien se le vulneran los derechos por su por su situación de clase. Lo primero que tenemos que hacer es agudizar el análisis, entender que esto si está sostenido durante generaciones debe haber algo más. Y después en la ejecución, a partir de vos asumís que el racismo es un fenómeno estructural y condicionante del derrotero biográfico de tu destinatario de la política pública, tenés que tener una política igual de agresiva de reparación. ¿Qué quiere decir? Si el Estado invirtió millones de pesos en rifles y en balas para matar gente, no alcanza con que se le devuelva la tierra. Vas a tener que invertir para recuperar todo lo que se retrocedió. Y ahí la discusión es la del presupuesto. ¿Alcanza con la instancia del reconocimiento? Vamos a hacer el día de tal cosa, el día de tal otra y la partida presupuestaria es insuficiente. Supongamos que acepto por un momento que la torta que la torta es finita, que la única la torta para repartir es la que hay. El único propósito del racismo es la deshumanización de las mayorías para explotarlas, no tiene otro propósito. Entonces, está claro quiénes se quedaron con el excedente, quiénes tienen que pagar esas reparaciones. Y en el fondo es una discusión de estructura, de poder, de recursos, de reparación. La moderación entre el racismo furibundo de los sectores concentrados del poder y la complicidad de la blanquitud bien intencionada, de izquierda o derecha, no alcanza. Si nosotros realmente entendemos que estas situaciones de desigualdad que existen son estructurales, no solo hay que evaluar y aceptar ese diagnóstico, sino que a la hora de la inversión pública tiene que haber partidas presupuestarias que permitan revertir la desigualdad.

–¿Qué te pasa cuando te encontraste con gente de izquierda este profundamente racista?

–Y la izquierda y el peronismo, el campo popular amplio, generalmente lo que tiene, con sus matices, es una subestimación del fenómeno básico, lo entienden como una cortina de humo, identitarismo bobo que no permite entender que la gran lucha es de clase. Entonces, la solución de los problemas de las mayorías está en manos de la minoría blanca sin importar a qué intelectual político le recen. Y el mensaje que hay es que la política no es de la mayoría, la política no les corresponde a los negros y si la política no le corresponde a los negros no le corresponde al pueblo. ¿Cómo es que Argentina es el único país del planeta con un presidente anarcocapitalista? ¿Cómo llegamos a esta situación? No hubo fraude en Argentina. Ganó en elecciones limpias. No cabe ninguna duda, siguiendo todas las reglas del juego, con una vicepresidenta que es hija de un genocida que reivindica el Falcon verde. ¿Cómo llegamos a esta situación? Hace mucho que en los barrios populares del 50 al 60% no vota, ¿por qué? Porque los negros dejaron creer en la democracia. ¿Por qué? Porque todos los gobiernos de todos los colores invierten en más policía, en más cárcel. El antirracismo, me atrevo humildemente a decir, es una perspectiva que nos va a permitir ampliar la mirada y el diagnóstico y entender que, si realmente el anhelo es un mundo de igualdad, de libertad o de justicia social, hay que revisar las prácticas racistas para poder entender que ese proyecto colectivo y de mayoría se pueda se puede cumplir.

Federico Pita

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