¿Fenómeno Barrial?: ahora le tocó a Trump perder las elecciones

Los demócratas se quedaron con el control de ambas cámaras del Congreso en una elección que castigó la gestión de Donald Trump. El resultado abre interrogantes sobre el respaldo financiero y político a sus aliados en América Latina, entre ellos Javier Milei.

No alcanzó con prometer U$D5000 a cada votante. Las elecciones de medio término en Estados Unidos dejaron un resultado contundente: el Partido Demócrata recuperó el control de la Cámara de Representantes y del Senado, en una derrota que representa un fuerte revés para Donald Trump durante la segunda mitad de su mandato. El oficialismo perdió bancas incluso en estados que habían respaldado al republicano en las presidenciales de 2024, mientras el malestar por el costo de vida, la inflación, los aranceles y la guerra contra Irán se convirtió en uno de los principales factores del voto opositor.

Con 367 de los 435 escaños de la Cámara de Representantes contabilizados, los demócratas sumaban 228 bancas frente a 139 republicanas. En el Senado, con 33 de las 35 contiendas definidas, se imponían por 54 a 44. Las cifras son provisorias y pueden modificarse levemente a medida que avance el escrutinio, sin embargo la tendencia ya es irreversible.

Con una mayoría opositora en el Congreso, Trump deberá enfrentar un escenario político más complejo. Los demócratas tendrán capacidad para bloquear iniciativas legislativas, condicionar el presupuesto, frenar nombramientos y abrir investigaciones sobre la administración republicana. La nueva composición también limitará las posibilidades del presidente de avanzar sin negociar con la oposición durante los dos años que restan de su mandato.

El propio Trump reconoció el resultado con una reacción que dejó entrever su sorpresa. “Estoy un poco sorprendido. Pensé que lo haríamos mejor”, admitió en una entrevista con Fox News. Sin embargo, intentó despegarse del resultado al sostener que no había estado en las boletas, pese a que durante la campaña había convocado a votar por los candidatos republicanos como una forma de respaldar su gestión.

La derrota también abre una nueva etapa dentro del Partido Republicano, con la carrera hacia las presidenciales de 2028 en el horizonte. Trump, que ya no podrá buscar una nueva reelección, pierde parte de su capacidad para ordenar la agenda política y mantener cohesionada a su fuerza en el Congreso.

Pero no se agota en el Congreso: en distintos estados también eligieron nuevas autoridades del ejecutivo. Por ahora, hay varios datos interesantes: el republicano Byron Donalds es el nuevo mandatario de Florida; la demócrata Kathy Hochul consigue la reelección en Nueva York; Gina Hinojosa, también demócrata, se convierte en la primera gobernadora latina de Texas; y el otro demócrata, JB Pritzker, gana la reelección a de Illinois con el 70% de los votos.

Qué puede cambiar para América Latina

El resultado electoral excede las fronteras estadounidenses. Durante su segundo mandato, Trump impulsó una política exterior que combinó presión comercial, endurecimiento migratorio, cooperación en seguridad y respaldo a gobiernos ideológicamente afines. Una mayoría demócrata en el Congreso podría introducir nuevos controles sobre esas decisiones, aunque no implica una modificación automática de las facultades presidenciales.

La principal capacidad de condicionamiento estará en el presupuesto, las investigaciones legislativas y la aprobación de determinadas iniciativas. En materia de política comercial y de seguridad, el Congreso podrá aumentar la supervisión de la Casa Blanca y dificultar la continuidad de algunas medidas. Sin embargo, Trump conserva atribuciones ejecutivas que le permiten actuar sin autorización legislativa en distintos ámbitos.

Para los gobiernos latinoamericanos que apostaron por una relación estrecha con Washington, el escenario abre interrogantes. La derrota republicana podría afectar la asistencia financiera, la cooperación militar, las negociaciones comerciales y la presión diplomática. Pero el resultado no supone necesariamente que los aliados regionales abandonen su vínculo con Trump: el Ejecutivo estadounidense seguirá en funciones y conservará herramientas para sostener su política exterior.

La incógnita para Milei: el respaldo financiero de Trump

En Argentina, el resultado de las legislativas estadounidenses se sigue de cerca por la relación política entre Javier Milei y Donald Trump. El alineamiento entre ambos gobiernos tuvo expresiones concretas en el respaldo financiero de Washington y en las negociaciones comerciales bilaterales. Por eso, una derrota republicana abre interrogantes sobre la continuidad de esa asistencia, en particular si el Gobierno argentino vuelve a necesitar apoyo externo.

La principal preocupación pasa por la posibilidad de que un Congreso controlado por los demócratas reduzca la capacidad de la administración Trump para instrumentar nuevas ayudas del Tesoro estadounidense. El antecedente del apoyo financiero de 2025, que incluyó una línea de swap por 20.000 millones de dólares y una operación de 872 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro, vuelve especialmente relevante la discusión sobre el margen de maniobra de Washington.

La relación entre ambos presidentes tampoco se explica exclusivamente por una coincidencia económica. Mientras Milei promueve una agenda de apertura comercial y reducción de la intervención estatal, Trump sostiene una política arancelaria proteccionista. La alianza se apoya también en la afinidad ideológica y en intereses geopolíticos compartidos.

 

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