El ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, visitó Santa Fe. Opinó sobre la situación actual de América Latina, el avance de la derecha, la gestión pública y la corrupción, los desafíos de la izquierda y el poder de los medios de comunicación.

Cerca de las 11.30, el Hotel de Colón se fue llenando de diferentes figuras políticas y periodistas para presenciar la conferencia de prensa de Rafael Correa, el ex presidente de Ecuador, que ayer estuvo en Rosario. Había varias caras conocidas del kirchnerismo local. En primer lugar, por santotomesino, el concejal Rodrigo Tata Alvizo, casi de anfitrión. El diputado nacional Agustín Rossi y el diputado provincial Leandro Busatto, que se sentaron a la mesa junto a Correa, fueron articuladores de la visita del ex mandatario. Varios señalaron a Alejandro Rossi, una reaparición. Como visitantes destacados, el intendente de Resistencia, Jorge Capitanich, el ex titular del Afsca, Martín Sabbatella y hasta el actual diputado nacional por Entre Ríos, Julio Solanas, que aprovechó la ocasión para regalarle un mate a Rafael Correa tras una conferencia de prensa en la que respondió cuatro preguntas, después de una breve introducción. Por los sindicatos, Patricia Mounier y Pedro Bayúgar, de Sadop, fueron de la partida, también estuvo José Testoni de Amsafe y Pablo Jiménez de la Asociación de Prensa, entre otros.

Foto: Mauricio Centurión.
Foto: Mauricio Centurión.

El arquero de Colón Alexander Domínguez no perdió la oportunidad y, en la previa, cruzó la zona de las piletas del Hotel y se saludó con el ex presidente de su país.

Foto: Mauricio Centurión.
Foto: Mauricio Centurión.

«Soy un compañero más, ya no tengo cargo público, no soy candidato a nada», arrancó Correa ante la prensa, señalando que más que los líderes, fueron los pueblos los que construyeron la larga década de gobiernos progresistas, hoy en retirada continental. Una izquierda que Correa caracterizó como «con voluntad de poder».

«La izquierda en el gobierno fue muy exitosa. Cambió América Latina. Empezó con Hugo Chávez en el 98, ganando en Venezuela, después vino Lula en Brasil y Tabaré Vázquez con el Frente Amplio, Pepe Mujica, Evo Morales, Michelle Bachelet, Néstor, Cristina en Argentina, quien te habla en Ecuador, con una coincidencia de visiones, de aspiraciones, de sueños. Casi irrepetible. Fue un verdadero cambio de época. Y los avances fueron históricos: 92 millones de personas salieron de la pobreza. Pero en los últimos años 20 millones han vuelto a la pobreza. Desde el 2014 vemos una nueva derecha, la restauración conservadora, que ya superó el aturdimiento de décadas de derrotas, articulada nacional e internacionalmente, con la complicidad de la prensa burguesa, con discurso de lo viejo pero remozado, confundiendo a la gente. En 2014 cambió el ciclo económico, se derrumbaron los precios de las materias primas y le echan la culpa a las políticas de izquierda. Y saltan estos casos de corrupción y ‘todos somos corruptos’. En base de esto, machacando día a día, hay mucha gente que desmoralizó. Y le quitan la fe a la gente, le quitan el autoestima. Le hacen perder la fe en la política. Nos inmovilizan. Ese resurgimiento de la derecha es a un alto costo. Niegan lo innegable, los avances, y vuelven al pasado en las políticas económicas, sociales, que han fracasado, que han llevado al desastre a nuestra América en los 90, con el Consenso de Washington. Se fundamentan en el inevitable desgaste del poder. No somos la izquierda del 3%, somos la izquierda con vocación de poder. Ejercimos el poder, exitosamente. Yo estuve 10 años, gané 14 elecciones. Pero en 10 años vas a tener problemas económicos, vas a encontrar un caso de corrupción».

Foto: Mauricio Centurión.
Foto: Mauricio Centurión.

Sucesivamente, Correa volvió sobre esos cuatro tópicos: cómo fueron los gobiernos progresistas, cuáles son las características de la nueva derecha, cuál es el rol de los medios y la Justicia y cómo se utilizó la lucha contra la corrupción.

Puntualmente sobre el gobierno de Mauricio Macri, señaló que «Obviamente, estoy en contra ideológicamente. Pero el pueblo argentino votó, la derecha ganó democráticamente. Entre comillas, ¿no? Por la participación de los medios de comunicación. Sin desmerecer a ningún partido de derecha argentino, el que ganó las elecciones fue Clarín. Alguien de la izquierda que no ha entendido eso, que el adversario de los movimientos progresistas es la prensa burguesa, guardiana del status quo,  no ha entendido nada. Es un problema grave, porque es un poder inmenso sin contrapoder. De todos modos, ganaron de manera democrática; lo de Brasil fue un golpe. Y nadie dijo nada. Lo de Ecuador es impresentable, porque es una ruptura democrática. La gente votó por un proyecto político y se está aplicando el proyecto político perdedor, con la complicidad de los medios de comunicación. Yo no creo en el neoliberalismo, ya vimos lo que causó en los 90. No sólo fue una crisis económica, fue una crisis social donde se exacerbaron diferencias, desigualdades, fue hasta una crisis de ideas, pasivamente recibimos las ideas del Consenso de Washington».

Correa entiende que respecto de la corrupción se dan varios fenómenos al mismo tiempo. En primer lugar, hay una doble vara de los medios, en la que salen perdiendo los gobiernos de izquierda. En segundo lugar, hay una doble vara judicial, Correa utilizó el término «lawfare» para referirse a la acción de la justicia con fines políticos. Y, en tercer lugar, hay un error de concepción respecto de la relación entre corrupción y gestión pública: «Los gobiernos honestos no son aquellos que no tienen casos de corrupción. El que diga eso es un mentiroso o un parapsicólogo, que lee la mente de los corruptos. El gobierno honesto es el que no tolera la corrupción. Si ve un caso, con todo el rigor de la ley lo enfrenta y lo condena. Han politizado la lucha anticorrupción», diferenció.

«Son tiempos duros, pero tampoco son tiempos terribles, como las dictaduras de los 70», dijo Correa sobre la actualidad. «Ya no necesitan botas militares, es suficiente con ciertos medios de comunicación. Ya no se requiere desapariciones y torturas, es suficiente un poder judicial sometido al poder de turno para no dejarte tranquilo», sentenció.

Hacia adelante

En octubre de 2018 son las elecciones en Brasil, una encrucijada de nivel continental. «Estuve hace dos días con Lula. Es impresionante», expresó Correa. «Él puede irse a la cárcel, hay una audiencia y puede ir a prisión. Pero tiene una energía y un optimismo impresionante, está lleno de energía. Dice que tiene 72 años, pero que se siente de 30. Lula dijo ‘Si me mandan a la cárcel, voy a ser un héroe. Si me matan, voy a ser un mártir. Y si me dejan libre, voy a ser presidente’. Lula barre en las elecciones presidenciales en Brasil, por eso lo quieren meter preso», cerró con aplausos.

Foto: Mauricio Centurión.
Foto: Mauricio Centurión.

Desde Pausa, preguntamos a Correa por cómo los movimientos y organizaciones sociales que dieron fundamento al proceso progresista pasado pueden hoy enfrentar a los gobiernos de la nueva derecha.

«Si no se neutraliza a los medios de comunicación y que se dediquen a su función de informar sin un descarado rol político con falta de ética periodística, va a ser muy difícil para los progresistas llegar al poder, porque tenemos una campaña de desinformación total. Y tenemos un poder sin contrapoder, eso no es democrático. ¿Cuál es el contrapoder del poder mediático? Hay leyes para regular al mercado y a los poderes religiosos. Pero cuando haces una ley, como en Argentina o Ecuador, para regular al poder mediático, con todo el derecho de la sociedad, es un atentado a la libertad de prensa. En el marco Constitucional, con respeto a la libertad de prensa y expresión, tenemos que hacer que esta empresas, con fines de lucro, que se dedican a la comunicación, cumplan con su función y respeten el derecho de los ciudadanos a informarse. Que no manipulen. Eso no es ético, no debería ser legal. Sin embargo, tienen unos mecanismos de defensa impresionante. Si criticas a los medios de comunicación estás contra la libertad de prensa. Es tan absurdo como decir que si se critica al presidente se está criticando a la democracia. Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la libertad del dueño de la imprenta. Entre las respuestas está democratizar la propiedad de los medios de comunicación”

«Otro punto que la izquierda es víctima de su propio éxito», sorprendió Correa. «La desigualdad disminuyó, hubo muchísimo avances sociales, estabilidad política. Pero, por ejemplo, en Brasil el Partido de los Trabajadores sacó 38 millones de personas de la pobreza. ¿Dónde estuvieron para defender a Dilma en el golpe de Estado? Es un mea culpa que tenemos que hacer, la falta de conciencia política, que no hemos generado. Pero habría que preguntarse si no estamos luchando contra la propia naturaleza humana. Salís de la pobreza, ya tus intereses no coinciden con los de los pobres y la izquierda siguen hablando de los pobres. Y ya se empiezan a escuchar los cantos de sirena de la derecha que ofrecen vivir como un neoyorkino. Como si eso fuera posible. Y a muchos le da el síndrome de Doña Florinda: superás la pobreza, estás un poco mejor que el resto y se creen superiores al resto y le empiezan a llamar chusma y a engreír a sus malcriados hijos Quicos. Y empiezan a maltratar al pobre obrero Ramón y a votar por la gente de bien, el capitalista corbatudo Señor Barriga. En términos técnicos es la prosperidad objetiva y la pobreza subjetiva. Objetivamente están mucho mejor que antes, subjetivamente aspiran a tanto, por los medios de comunicación, las series gringas, los cantos de sirena de la derecha, que se sienten más pobres».

«Sí creo que la izquierda requiere una nueva lectura de la realidad», reconoció. «Nuestro discurso siempre fue a favor de los pobres. Pero no nos engañemos. La nueva clase media no tiene los mismos objetivos que los pobres. Incluso, son excluyentes. Y también, la clase obrera. En países como Ecuador la mitad de la fuerza laboral no es asalariada. Está en el campo, en trabajo autónomo. Necesitan otro discurso. Cuando hablás de salarios, estabilidad laboral y seguridad social, estás hablando sólo del 50% de la fuerza laboral».

Foto: Mauricio Centurión.
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