Kemelmajer de Carlucci en el Senado: derecho a la vida vs autonomía de las mujeres

    El segundo día de exposiciones en el Senado, donde se debate el proyecto que ya tiene la media sanción de Diputados por el derecho al aborto, fue excepcional: se extendió durante ocho horas corridas.

    Si bien cada especialista tenía siete minutos para hablar, las gran cantidad de preguntas -además del intercambio de opiniones- fue demorando los tiempos.

    La última expositora fue Aída Kemelmajer de Carlucci, ex jueza de la Corte Suprema de Justicia de Mendoza y una de las juristas más destacadas del país, quien debatió con las y los senadores durante casi una hora. Una clase de Derecho, Filosofía e Historia que culminó entre aplausos, aunque no están permitidos en la sala donde se desarrolla el debate.

    Al comienzo de su alocución, la ex jueza aseguró que el dictamen no viola la Constitución, ni la Convención de los Derechos del Niño ni ningún tratado internacional. Citó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos y al Comité de los Derechos del Niño, recordando que dicho organismo ya recomendó varias veces a Argentina garantizar los abortos a las niñas y adolescentes, y que la última vez que lo hizo fue el mes pasado. Aseguró, además, que no se promueve la eugenesia.

    Pero el mayor interés por la exposición de Kemelmajer residió en que abordó uno de los ejes centrales de la cuestión que se debate: cómo se dirime en el derecho comparado el derecho a la vida desde la concepción y el derecho a la autonomía de la mujer para tomar decisiones sobre su propio cuerpo.

    Al respecto, la jurista indicó que: “En nuestro sistema constitucional, que sigue a la Convención Interamericana de Derechos Humanos, no se duda que hay vida desde la concepción, en principio. Pero, a su vez, todos sabemos que los derechos no son absolutos, porque pueden entrar en conflicto con otros derechos. Cuando entran en conflicto, esos conflictos de derechos (la Corte lo ha enseñado y también todas las Cortes constitucionales del mundo) deben resolverse por una regla que se llama ‘de la proporcionalidad’. ¿Qué significa eso? Que a cada uno de estos dos derechos yo le estoy poniendo restricciones”.

    Más adelante, ante la consulta de una senadora respecto de esta regla de proporcionalidad, explicó: “En el aborto, tratamos de mantener ese principio de proporcionalidad a través de dos criterios: el de la mayor progresividad del desarrollo y las causales. Entonces, en el primer trimestre, como el feto no tiene suficiente desarrollo le damos más peso al derecho a la autonomía de la mujer. Cuando tiene más desarrollo el feto, menor autonomía para la mujer. Esa menor autonomía no se extingue, sino que le decimos: ahora va a tener que venir con las causales”.

    “Estamos todos de acuerdo de que la vida empieza desde la concepción. Pero los derechos no son absolutos. No hay derechos absolutos, ni siquiera a la vida de una persona que usted está viendo”, explicó Kemelmajer. “Siempre nos dan en la Facultad el caso de dos náufragos, que están juntos en una tabla, pero como sólo soporta a uno, tira al otro para sobrevivir. Es un estado de necesidad. Una vida puede entrar siempre en conflicto con otra. Entonces, la vida del feto tiene una característica: no es una vida independiente, es una vida que está dependiendo de otra persona, de una persona que tiene órganos femeninos. Acá lo que nos preguntamos es qué protección le da el derecho a esa vida que no es independiente. Nuestra respuesta es: cuando una vida es dependiente de la otra, puede entrar en conflicto con esa vida de la cual depende. Esta mujer tiene dentro una vida que depende sólo de ella, entonces como ella no es un instrumento de la reproducción –las mujeres no somos instrumentos de la reproducción humana, las mujeres somos personas– esa mujer tiene, ante un feto que no ha tenido un desarrollo más extenso, mayores posibilidades de estar decidiendo si ese feto llega a un mayor desarrollo”.

    Para finaliza, la ex jueza hizo un breve repaso histórico de otras leyes que han suscitado debates similares a este sobre el derecho al aborto, como la de divorcio y matrimonio igualitario, y su relación con la Iglesia Católica. “Hay cosas que la sociedad en determinados momentos no acepta y en otros si. Con el aborto pasa algo muy extraño. El aborto en el derecho romano no era penado, empezó a serlo con la influencia de la Iglesia. No es una figura sobre la que podamos decir que responde a los cánones tradicionales del resto de los delitos. Este tema está lleno de ideología, es inútil. Hablemos sin eufemismos, y no quiero ofender a nadie, sólo estoy hablando de lo que ha sucedido en nuestro país, y en nuestro país la lucha del derecho es la lucha por la secularización. Uno de los que intervino hoy sostuvo que la expresión de nuestra Constitución cuando invoca a Dios como fuente de toda razón y justicia, quiere decir que Dios es fuente del derecho. Eso es peligrosísimo, no responde a nada en nuestra historia. Tuvimos la lucha por el matrimonio civil, por el divorcio, después fue el matrimonio igualitario, ahora es esta, y siempre hemos estado del mismo lado unos y otros, es la lucha por la secularización. Nosotros vivimos en un país laico, si nuestros antepasados hubieran creído que este era un país confesional, no venían a la Argentina, pero vinieron porque siempre hemos respetado los derechos de todos”.

     

     

     

     

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