Reclaman vacunas para las mujeres que enfrentaron la pandemia en los comedores comunitarios

Desde La Poderosa Santa Fe reclaman que se vacunen a las cocineras comunitarias, especialmente a las que forman parte de la población de riesgo, por llevar adelante una tarea esencial durante la pandemia: dar comida a quien lo necesita.

«El trabajo comunitario es esencial. Las cocineras comunitarias somos esenciales, y exigimos vacunas para seguir sosteniendo nuestros comedores», señalan desde La Poderosa Santa Fe en un comunicado que transmite el reclamo de vacunación para las trabajadoras que durante toda la pandemia no pararon de trabajar cocinando y sirviendo comida en los cerca de 300 comedores y merenderos que hay en la ciudad de Santa Fe y en los 850 que están en toda la provincia.

«En el marco de la pandemia de COVID-19, desde el feminismo villero seguimos exigiendo salarios y vacunas para las cocineras comunitarias esenciales, y especialmente para aquellas que tienen comorbilidades y que forman parte de la población de riesgo. En la Argentina, once millones de personas comen en los más de 12 mil comedores y merenderos que existen en todo el país. ¿Quién cocina para todas esas personas?», se preguntan desde La Poderosa, para responder: «Somos principalmente las mujeres y las disidencias las que estamos en la línea de fuego, apaciguando con nuestro trabajo el hambre en los barrios empobrecidos».

En un marco de pobreza aguda que ronda al 40% de los habitantes de todo el país, la tarea de los comedores para aliviar un poco la malaria es fundamental. «El trabajo que hacemos es esencial, y no podemos parar: si nos quedamos en casa, un montón de personas se quedan sin un plato de comida para llevarle a sus familias», dicen desde La Poderosa.

En nuestra ciudad, la organización sostiene el Comedor Ester Ursini, en barrio Chalet, donde 20 personas, en turnos rotativos, cocinan 2000 raciones mensuales: «De esas 20 personas, casi todas mujeres, ocho cocineras comunitarias esenciales tienen comorbilidades, lo que las vuelve parte de la población de riesgo; y aún así, todos los días esas compañeras le ponen el pecho y revuelven las ollas, preparan las viandas y hacen malabares para que la mercadería rinda más y alcance para cubrir todas las raciones que el barrio necesita».

 

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