"Estoy pagando un Pilay", era la frase que con orgullo repitieron cientos de personas durante 20 años, con el sueño de la casa propia atrás. Sin embargo, y sistemáticamente, la empresa está incumpliendo los puntos más básicos del contrato: tiempo de entrega, localización y dimensiones de la vivienda. Qué dicen los damnificados.

No cualquiera puede entregarle a un sueño entre 500 mil y un millón de pesos al mes, todos los meses, durante 20 años. Y arriba de esos pagos, cuotas aguinaldo. Cuotas, todos los meses, que se actualizan varias veces al año, tengas o no tengas aumento salarial, al ritmo del índice de la construcción. Cuotas, que a veces hay que pagar mientras se paga el alquiler, sin retrasos, porque si llegan a pasar tres meses sin garpar se cae todo el plan y la banca se queda con todas las fichas. Para miles de clientes de Santa Fe y Rosario, son 20 años de esfuerzo, 20 años de sacrificios y 20 años de ilusiones los que Pilay está ninguneando en una operatoria que tiene todos los rasgos de ser una manganeta sistemática.

Siempre de forma oral y explícitamente sin dejar registro escrito de nada, los clientes que están contractualmente en situación de recibir en mano un departamento en la zona de bulevares reciben, en lugar de las llaves, una propuesta indecente de Pilay que puede tener tres versiones:

Recibir en el plazo de siete años (¿?) un inmueble en un área suburbana como Santomás, en Santo Tomé.

El pago en moneda y en cuotas del equivalente aproximado al 40% de la propiedad que se debía recibir (y esto como resultado de una muy buena negociación del cliente).

La oferta de un departamento con menos metros cuadrados que lo pactado, de otra constructora, con un cargo extra para el cliente que oscila entre 12 y 20 millones de pesos, taca taca.

Como era esperable, la bronca no tardó en saltar.

La confianza está rota

Desde 2017 que existe un grupo de Facebook dedicado a los “aumentos abusivos” en las cuotas del Pilay, integrado por 700 personas. En 2025, comenzaron a surgir de forma cada vez más corriente los posteos y comentarios sobre los incumplimientos contractuales de la empresa a la hora de hacer entrega de los departamentos pactados. Para 2026, florecieron grupos nuevos y redes de Whatsapp –infiltradas por la propia empresa– con cientos de damnificados. Así, la queja pasó a ser una protesta y volanteada el domingo 19 en la puerta de la Expocon, en la Estación Belgrano, un eco de las manifestaciones que se vienen dando en Rosario.

Debajo de la pérgola del bulevar, los clientes hacían catarsis. “Yo pagué por cuatro departamentos y no tengo nada. Sí tengo cuatro stents. Voy a tener que hablar con mis hijos”, reflexionaba triste un hombre mayor. Otros trataban de encontrar la palabra adecuada para ponerle nombre a la ruinosa oferta que Pilay les hacía. Todos los casos eran parecidos, pero levemente diferentes.

El arreglo ofrecido no tiene criterio común, sino que es por la cara del cliente y su capacidad de negociación. La regla, no obstante, en todos los casos, es la misma: te lo damos en siete años, en una zona semirural de Santo Tomé, o te devolvemos una miseria en plata, o tenés que poner una millonada para que te demos la vivienda de otra constructora. Siempre sólo por boca del agente comercial, nunca en un papel impreso, un correo electrónico o un mensaje de Whatsapp.

“No quiero la plata, quiero el departamento. Hice todo esto para tener algo para la jubilación”, dice Andrea Ruiz y agrega con una risa amarga “Bah, ahora ya ni sabemos si con Milei nos vamos a poder jubilar”.

Muchos están con folios y los contratos adentro, como una suerte de amuleto de la verdad. El texto es claro: la adjudicación es por sorteo, por licitación o por completar los 20 años de cuotas; hay diferentes planes de vivienda, con diferente cantidad de habitaciones; y la ubicación está bien definida, con el bulevar al norte, avenida Freyre al oeste, J.J. Paso al sur y el río al este.

“A la hora de poner abogados, tampoco los abogados te agarran el caso, porque ellos son fuertes. No podemos litigar contra ellos, no tenemos dinero para ir juicio, no somos gente que quiere ir a juicio, queremos que Pilay cumpla”, ruega Cintia Schmithalter.

El abogado Exequiel Callegari lamenta: “Confié en la empresa Pilay”. “Nosotros cumplimos, pagamos en tiempo y forma y ahora no tenemos el departamento. Queremos que se visibilice, que la Justicia se haga eco y empiece a dar lugar a los reclamos”

Los damnificados se comentan las gestiones que van haciendo, se dan fuerzas. Hablaron con concejales y diputados provinciales, hay un pedido de informes en curso en la Legislatura, presentado por el peronista Miguel Rabbia.

Más de un político les señaló que el trámite judicial es inconveniente, que Pilay es una empresa poderosa. Es verdad. Pocas empresas pertenecen tanto al núcleo del círculo rojo local. Una nota de Gustavo Castro en Letra P exhibe las entrañas del grupo. El clan Vigo está en el centro, irradiando sus tentáculos al interior de los Tribunales. También está Marcelo Vorobiof, el estafador condenado que estuvo a cargo del Ente Administrador del Puerto de Santa Fe entre 2010 y 2014. La billetera de Pilay banca campañas y candidaturas políticas y talla muy fuerte en los principales medios de toda la provincia.

“La única manera es visibilizar y que la gente sepa lo que estamos padeciendo. Nosotros cumplimos con cada punto del contrato que ellos mismos armaron, pero ellos no están cumpliendo con ningún punto que dice su propio contrato”, sintetiza Mario Chiappero, otro damnificado.

La manganeta de Pilay

Cuando la espuma comenzó a subir, sobre todo a partir de las protestas en Rosario, la empresa publicó un comunicado en el que alude a las “graves crisis económicas” del país y a la necesidad de “encontrar una manera equitativa de readaptar el contrato a las circunstancias vigentes”.

Qué grande, usan la palabra “equitativa” los tipos. El tupé.

Pilay tiene negocios inmobiliarios en Paraná, Córdoba, Rosario y Santa Fe. En el área metropolitana de las dos principales ciudades de la provincia hizo inversiones similares en los últimos años: grandes extensiones de tierra semi urbanizada o rural en las afueras del núcleo urbano. En nuestra zona, se llaman Santomás (en Santo Tomé) y Los Domingos (en Sauce Viejo). Santomás fue presentado en diciembre de 2020, son 150 hectáreas a la vera de la autopista a Rosario. Los Domingos tiene la misma extensión, se ubica entre Sauce Viejo y la autopista y fue presentado en 2022.

Más claro: Pilay compró montones de tierra suburbana y ralentizó la adquisición de terrenos en las áreas donde contractualmente tienen que estar los departamentos. Usó la plata de los propios damnificados de hoy para, en su momento, comprar la tierra barata lejana al ejido urbano. En Rosario hizo lo mismo, allá quieren mandar a sus clientes a Fisherton.

Una vez que tuvo todo en regla en esas lejanas áreas suburbanas, empezó a incumplir los contratos con sus clientes y a ofrecer, como salida, viviendas a siete años a media hora de auto o más (no hay ni bondi) de lo prometido. Sino, que se pongan con una millonada o que reciban una bicoca. Luce como una estrategia sistemática, armada con mucho tiempo.

Arriba de todo esto, Pilay sí sigue construyendo edificios en la ciudad, pero no son para los clientes de sus planes sino para venta directa o alquiler, funcionando como una inmobiliaria común.

Con ese poder que tienen, asuman la responsabilidad y el compromiso. Cumplan con la promesa: el departamento en la zona y en el momento adecuado”, dice Federico Bertoia, uno de los damnificados, y de modo simple da con el núcleo del conflicto. Cientos de personas, con la ilusión de 20 años rota y sin la vivienda prometida, de un lado, y la indiferencia de uno de los mayores poderes de la ciudad, por el otro.

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