La psicología de la espontaneidad no es para analfabetos funcionales. La profecía de Andy Chango en Blender, “hay contenidos e incontinencia”, se cobra su primera víctima célebre. Para que viva papá Messi, ¿matar a Flor Peña?
Nicolás Occhiato creyó encontrar una luminosa piedra preciosa y basal para construir primero un programa y luego el canal de streaming más visto del país. Es algo así como un “constant concept” como el de Charly García, que incluso se le parece superficialmente pero significa todo lo contrario: Nadie dice nada.
Esto es: organizamos el caos creativo, la pre-producción de incontinencias del programa con títulos, decimelo en una frase sin desarrollar, y así “nadie dice nada”, antes del aire, en el relato, en las respuestas y derivaciones del asunto. Y así la escaleta del día se arma con “Momi cuenta qué anticonceptivo usa con su novio”, “Santi busca novio porque hace mil que no garcha y cree estar andropáusico”, “Flor Jazmín cuenta las manías de Nico en el baño” y “Garabal boludea a Angela y Marcos sobre cómo se puede chapar o curtir con tanta diferencia de altura”.
Vale decir, nadie dice nada que no pueda validarse desde los hábitos, el parloteo jocoso y la experiencia personal; nadie dice nada que requiera conocer en profundidad algún contenido específico; nadie dice nada que divida audiencia en términos ideológicos; nadie dice nada que amerite activar algún pensamiento complejo (y por lo tanto “antijuvenil” o “antipopular”); y nadie dice nada que requiera chequear con tres fuentes.
Ese concepto, ajustado a un programa y validado como un acierto por decenas de miles de views y retuits, se transformó en un manual de estilo del canal, una ventaja comparativa y también la principal debilidad de un culto nacional masivo, del cual Luzu era -hasta hace horas- la catedral principal. Pero el "nadie dice nada" no es un invento de Occhiato, es una adaptación ocurrente de algo que con más seriedad y sustento se denomina “psicología de la espontaneidad”, que tiene más de 100 años y se cimenta en los fundadores de la gestáltica alemana, la psicología humanista de Erich Fromm y el psiquiatra Jacob Levy Moreno.
¿Cuántos de nosotros cantamos casi de memoria el feliz cumpleaños sin saber que es una composición de fines de Siglo XIX de Mildred y Patty Hill? ¿Cuántos podemos repetir una o dos líneas de "Muchacha ojos de papel" sin haber escuchado un disco entero de Spinetta? ¿Cuántos citamos pretensiosamente a Bertolt Brecht (“Cuando vinieron a buscar a los judíos no protesté, porque yo no era judío”) sin saber que esa frase es parte de un sermón del pastor luterano alemán Martín Niemöller?
Pues bien, a no rasgarse las vestiduras: si funciona y te hace feliz y hasta millonario, no importa quién inventó qué cosa. Se puede vivir perfectamente como si el mundo se hubiese inventado el día que uno nació o tuvo una epifanía. Eso son los canales de streaming, salvo contadísimas excepciones. La alteración de los términos de la deducción filosófica cartesiana que funda la modernidad: digo, por lo tanto existo, y luego pienso (si amerita). El resultado son estas pequeñas catástrofes.
Hace poco más de un año, el vulgateador y artista contemporáneo Andy Chango fue sumado a Blender, más precisamente a la mesa de panelistas que conduce aún el ocurrentísimo Guillermo Aquino. Andy tenía todo para estar ahí: mundo, inteligencia, esgrima verbal, ocurrencia sin fin, un anecdotario desopilante que podría llenar dos o tres canales completos.
Pero a poco de arrancar, sus compañeros le preguntaron jocosa y livianamente: ¿qué te haría feliz? El lúcido ex politóxico contestó seriamente: “renunciar”. “Yo creo que hay contenidos e incontinencias, y el streaming se basa en incontinencias, en hablar boludeces todo el tiempo y a mí me está doliendo (…) estoy grande, hice discos y me gusta el arte, un placer, los amo, pero no puedo aguantar un segundo más acá”, cerró Chango, a la vez que juraba amor filial a Guille Aquino.
Así las cosas, en este orden, nadie tenía el freno de mano puesto. Falla el formato, falla el concepto fundacional, falla la estructura de filtros y controles de una empresa periodística convencional (¿adónde estaba el Director Editorial o Periodístico? ¿Lo echaron? ¿Existía?), falla no tener un manual de estilos profesional, falla Occhiato y falla Luzu, fallan los productores y productoras y finalmente falla Florencia Peña, para difuntear nada menos que al padre de Lionel Messi, fan del canal, factor inigualable de pauta, amigo de Occhiato, héroe nacional en pleno mundial.
Otro héroe nacional indudable, Charly García, tomó prestada una frase que Ringo Starr le espeta al resto de los Beatles durante la peli "Help!" (1965), para que dejen de explicar lo que se explica solo, para que se abstengan de hacer otra cosa que no sea música, que es lo que mejor les sale: “Say no more”. No digas nada más, hacé lo que mejor sabes hacer. Pero, ¿qué es lo que mejor sabe hacer el star system del straming nacional sino entretener con casi cualquier cosa? Flor Peña Flor Peña
Say no more que frases costumbristas, ocurrentes, espectaculares, acaso zarpadas, porque de lo contrario algo sale mal o muy mal y todos juegan a matar gente viva: Flor Peña a Jorge Messi y luego Beto Casella a Flor Peña al decir que “se le terminó la carrera, incluso la artística”.
Todólogos superficiales, analfabetos funcionales
La leonera chimentera, el pueblo que asiste maravillado al coliseo en donde la historia se confunde con la ficción, los leones se comen personas y los patos les tiran a las escopetas, sólo quieren saber quién vive y quién muere. Viven los Messi, malherido sobrevive Ochiatto, mueren Florencia Peña y un puñado de productores verdes y con ellos desaparece El Show del Verano. Marley es como Susana, inimputables que siempre podrán alegar tontera o trastorno disociativo.
Pero a nosotros se nos ocurre mencionar otra cadena de eventos desafortunados y culpabilidades mayores. Entre 1991 y 1995, Carlos Menem (pionero en mezclar política, periodismo y farándula) desfinanció presupuestariamente y desfondó la calidad curricular de la educación pública con las leyes de Transferencia Educativa, Federal de Educación y de Educación Superior.
Más de 30 años pasaron, y el impacto en las clases políticas sub 40 y en las audiencias juveniles es evidente. Y como nos encanta estar a la moda diremos entonces, sin un estudio sociocultural que nos permita afirmarlo con precisión cuantitativa (sin datos, pero sin dudas), que el asunto es que emisores y receptores, dirigentes y dirigidos, comparten un universo empobrecido de ocurrencias, un menú indigente de prejuicios, sofismas y supersticiones que conforman el sinsentido común dominante de esta época.
Es cierto que no se puede apostar a la espontaneidad tutti fruti con un panel de analfabetos funcionales o parciales. También que Florencia Peña no tiene consuelo. Pero la culpa originaria, esa que con tanta habilidad manipula el cristianismo, es de Menem. Y aquí nos quedamos tranquilos, sin miedo a fake alguna, porque Menem sí, aunque viva en la memoria y el proceder de neoliberales y libertarios, está efectivamente muerto.










