Según el informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, las ventas minoristas de julio de 2026 fueron las más bajas de todo el gobierno de Javier Milei, en términos reales. En ese mes, la merma interanual fue de 3,8%, y se acumula con las caídas de 2% en 2025 y 15,7% en 2024.
El comercio minorista está viviendo su peor año de la era Milei. Los registros de Came todos los meses son miserables. Particularmente, en julio de 2026 se registra el peor nivel de ventas de toda la serie. En comparación con julio de 2025, las ventas minoristas registraron un descenso interanual del 3,8%. Respecto al mes anterior, junio de 2026, también hubo una contracción del 2,1%. En los primeros siete meses del año, se acumuló un retroceso del 2,7%. El año ya está perdido.
Apenas el 7,4% de los comerciantes cree que su situación mejoró respecto del año pasado. El 48,1% de los comerciantes consultados sostuvo que su nivel de actividad se mantuvo estable con relación al mismo período del año anterior, mientras que el 44,5% considera que empeoró.
Los datos referentes a las ilusiones vacías de contenido muestran que un 42,4% estima un escenario futuro más favorable, pero a la hora de los bifes, el 61,5% de los locales juzgó que la coyuntura resulta desfavorable para concretar nuevas inversiones. Sólo un 14% cree que es un buen momento para arriesgarse e invertir.
Todos los sectores cayeron, menos Ferretería. Los mayores descensos se concentraron en Textil e indumentaria (-5,6%), Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles (-5,5%) y Alimentos y bebidas (-5,4%).
El panorama que describe Came es desolador: "La pérdida persistente de capacidad adquisitiva, agravada por la incidencia de los costos de las tarifas de servicios durante el invierno sobre el presupuesto familiar, derivó en una demanda defensiva y fragmentada. En este escenario, el consumo se acotó a la adquisición de bienes indispensables de la canasta básica, fármacos recetados e insumos de reposición inmediata, postergando de manera sistemática las decisiones de compra en bienes durables, indumentaria, amoblamiento y productos de mayor valor unitario".
Y agregan "la concreción de operaciones se mantuvo condicionada por el uso de promociones bancarias, billeteras digitales y descuentos por pago al contado, ante la saturación de los márgenes crediticios de los consumidores. En paralelo, los comercios enfrentaron una compresión de sus márgenes de rentabilidad producto de las constantes alzas en los costos de reposición, el encarecimiento logístico y la presión de la competencia informal e importada".










